La ciencia que estudia y define las variedades de la vid se llama ampelografía y su marcado progreso de los últimos años permitió identificar mejor a las uvas cultivadas en la Argentina.
Las primeras uvas introducidas al país por los misioneros en los siglos XV y XVI fueron las uvas comunes, hoy denominadas criollas. Más tarde, esencialmente en el siglo XIX, con la introducción de uvas finas desde Europa, se produjo una mezcla en las plantaciones, ya que los productores no le daban demasiada importancia a las características de cada uva.
Así, las uvas procedentes de Francia, como el Malbec, el Cabernet sauvignon, el Tannat y el Merlot, en muchos casos se mezclaron, y la gente las denominaba simplemente como "uva francesa", algo aún comprobable cuando se habla con viñateros en Mendoza o en Salta.
La gran familia de la vid tiene muchas ramificaciones, pero la rama "Vitis vinífera" es la principal, porque produce casi el ciento por ciento del vino en el mundo. Existen alrededor de 5.000 tipos de cepajes y unos 40.000 nombres para mencionarlos.
Comparando los datos sobre uvas de Alta Calidad Enológica -que son las que producen los vinos finos de calidad- surgidos del censo de 1990 con los del último, realizado entre el 2000 y el 2001 por el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), se comprueba que en diez años se plantaron (o injertaron) 33.000 hectáreas nuevas, lo que hace que de las 201.000 hectáreas plantadas actualmente en la Argentina , casi 86.000 (un 43%) sean de uva fina, con un fuerte crecimiento de los viñedos de uva tinta (74% del total). El resto de las hectáreas corresponde a uva común.
A continuación se dan las superficies de los principales clases de uva cosechadas en el país |