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El Ajuar del Gaucho

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
Lo formaban elementos heredados de la vestimenta contemporánea y otros que elaboraron en respuesta a la exigencias del medio donde se movían. Sus ropajes son descriptos ya por viajeros del siglo XVIII y, entre ellos, se destacan las:
 

Botas de Potro tubo de cuero ancho extraído de las extremidades posteriores de burros, potros, terneros, vacas, yeguas y, a veces, de puma o yaguareté. Dejaban descubierto medio pie. Se trata de una herencia cultural europea y con especial desarrollo en España en las provincias de León, Asturias y Galicia. Desapareció junto con el verdadero gaucho. A las botas ataron espuelas.

Espuelas que aquí recibieron el nombre de chilenas, nazarenas o lloronas, según su característica. Su origen se remonta a la caballería alemana de los Habsburgo; adoptadas por la caballería española, llegaron a los dominios americanos. La escuela alemana usaba espuelas con discos o ruedas con puntas en forma de estrellas.

Calzoncillos Cribados otra herencia española; fabricados de algodón o de lino, llegaban a media pierna y terminaban en un fleco, aunque a veces tenían una faja bordada en el extremo. A los costados (hasta case medio muslo) llevaban botones, aunque el gaucho siempre los usó abiertos, dejando asomar el calzón. El calzón, de uso común a todos los niveles sociales (el del gaucho era de paño ordinario) era en general de color rojo o azul.

Chiripá su uso se extendió entre los gauchos hacia fines del siglo XVIII. Lo habían utilizado primero los jesuitas para vestir a los indios de sus reducciones y era una pieza de hilo de algodón, de forma rectangular y con flecos en tres de sus lados. La parte sin flecos la envolvían alrededor de la cintura, cubrían con las otras puntas los muslos y las pasaban bajo las piernas.

Chaleco cubrían el torso con camisa de algodón o lino, cuya terminación variaba según fuera la condición económica del gaucho. Sobre la camisa iban el chaleco, corto, sin mangas y de tela más liviana en la espalda, y la chaqueta, casaca corta de paño con cuello y pequeñas solapas.

Poncho prenda común a toda la América mestiza, era de lana pura o combinada con algodón. El que se usaba en las pampas era de fabricación rústica, en general tejido por los mismos indios. Fue manta en las noches y capa para protegerse del frío y la lluvia en sus largos vagabundeos a caballo.

Sombreros sus formas y texturas fueron muy variadas aunque, en general, en la Banda Oriental los gauchos usaron uno redondo de anchas alas planas; en Buenos Aires, un sombrerito de copa elevada y alas cortas, colocado ladeado sobre un pañuelo blanco, anudado en triángulo holgado bajo el mentón. También, en ambas márgenes del Plata, usaban un bonete rojo, o gorro frigio, adornado de cintas tricolores en su extremo.

Cintos herencia europea, eran de cuero y muy anchos. De ellos colgaba el cuchillo y llegaban a estar cubiertos de monedas, que era el único capital del gaucho. Perforaban las monedas en el centro y por allí las sujetaban al cuero. Solían tener bolsiIlos con dos o tres pequeñas hebillas al frente. Las rastras cubiertas de moneda, vistosas pero muy pesadas, fueron exageradas versiones posteriores de esos cintos.

Cuchillo fue el más valioso implemento. El que adoptó el gaucho era de herencia de la infantería flamenca, también venida con los españoles. Fue arma de ataque y defensa, instrumento en las faenas con el ganado (castrar, matar, charquear, carnear, cuerear), para tusar el caballo o para desvasarlo (recortarle los vasos). También para trabajar el cuero, hacer tientos y ojales. Además, para comer, cortar ramas, palos y estacas y trabajar la madera en general. Eran de varios tipos: el facón, en realidad una daga, de doble filo de 30 cm o más de largo; el caronero, un facón de grandes dimensiones -hasta 80 cm de hoja- que por su tamaño llevaba el gaucho en el recado; el verijero, cuchillo de hoja pequeña, servía para los menesteres en los que el facón resultaba incómodo de manejar; el cuchillo, que reemplazó al facón a mediados del siglo pasado, de 25 cm de hoja y que se llevaba atravesado a los riñones con el mango junto al codo derecho.

Boleadoras otro implemento básico, herencia cultural de las tribus indias que las usaban para cazar ñandúes, gamos y, más adelante, caballos y vacunos. Las había de dos tipos: la llamada bola perdida, que era de una sola piedra, y la de dos o tres bolas atadas a extremos de una lonja de cúero. La de dos era la " ñanducera ", La de tres bolas es un invento gaucho, a la que llamaron "tres marías". Una de las bolas, mucho más pequeña que las otras dos, quedaba en la mano hasta el momento del lanzamiento; las otras dos eran de peso similar, aunque nunca idéntico, para que al girar se separasen bien. Las hubo de piedra, metal, madera dura y hasta de cuerno relleno de plomo. Las forraban en cuero. La Ilevaban alrededor de la cintura o en bandolera y su manejo no era sencillo ni fácil; en sus recuerdos de viaje, Darwin menciona la embarazosa exporiencia de haber boleado su propio caballo ante la diversión de los gauchos que observaban. Su eficacia era enorme; desde una distancia de 40 m era difícil que un gaucho no voltease un potro arisco. El mismo Grl. José María Paz fue capturado por el santafesino Estanislao López, al ser boleado su caballo por una partida de gauchos.

Lazo completaba el equipo del gaucho esta larga tira de cuero crudo, torcida o trenzada en redondo, de 2, 3 y hasta 8 tientos. Siendo que en todas sus variantes se utiliza en las tres Américas, es posible inferir que fue una adaptación de los españoles a los requerimientos ambientales del Nuevo Mundo. Medía entre 17 y 20 m y Ilevaba una presilla en un extremo, por la cual se sujetabá a la cincha, y en el otro extremo, más grueso, una argolla de hierro de 6 a 8 cm de diámetro. Con ella se formaba la lazada corrediza y, además, por su propio peso facilitaba el vuelo o tiro del lazo. Fue una eficaz y silenciosa arma de caza.

   
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