Turismo rural en Argentina
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El Caballo Criollo
 
 
 
Según el Dr. Emilio Solanet, los equinos que poblaron el territorio llegaron por tres vías. La primera es aquella que se refiere al desembarco de Colón en América en 1492, y desde las islas de Santo Domingo y Haití pasaron a México, Perú y el Altiplano boliviano. La segunda, con el desembarco de Alvar Núñez Cabeza de Vaca en las costas del Brasil en 1541, de allí a Asunción del Paraguay y más tarde al Río de la Plata. La tercera y más importante, pero la más reducida en cantidad de animales, se produjo en 1535 en nuestras costas, cuando llegó el Adelantado don Pedro de Mendoza. Los tres contingentes eran de raza andaluza, considerada una de las mejores de Europa, por prevalecer en ella la sangre de los caballos berberiscos introducidos por los moros en España. Eran rústicos, de poca alzada y enorme resistencia. Debido al prolongado sitio de los indios querandíes, los habitantes del poblado de Santa María de Buenos Aires comienzan a comer sus caballos. Más tarde, los españoles abandonan el fuerte y sueltan al resto de los caballos en la llanura, donde se reproducirán extraordinariamente. Cuando llega Garay, en 1580, hay aproximadamente unos 12.000. Se los llamó baguales y eran potros salvajes, reacios a la captura y la domesticación.

Más de 2 siglos después comienza el ingreso de otras razas. El Grl. Beresford abandonó su caballo después de las invasiones inglesas de 1805; era un purasangre inglés de carrera, que fue vendido en subasta, y el comprador lo cruzó con yeguas criollas, dando comienzo a la mestización del cabaIlo criollo. Luego se realizarán cruzas con padrillos Shire, Bay, Cleveland, Clydesdale y razas pesadas y de silla. Para rescatar el caballo criollo en la pureza de la raza perdida entre tanta mestización, Emilio Solanet seleccionó, a principios de este siglo, 16 animales de entre una de las mejores tropillas del cacique Juan Shaqmatr. Compró tres yeguas originarias del lago Fontana, trajo varias yeguas de Loncoluán y otras del lago Munster, todo en la región cordillerana del Neuquén.

De la provincia de Buenos Aires seleccionó animales que cruzó con 40 yeguarizos del arreo efectuado en el sur. Fue de esta manera que obtuvo en su cabaña El Cardal la auténtica raza criolla. En 1918 publicó el modelo estándar para la raza criolla, que fue aprobado por más del 80% de los criadores, y la Sociedad Rural abrió el Registro Genealógico para la raza argentina.

El caballo criollo es de cuerpo grande y fuerte, más largo que alto; es el tipo de caballo musculoso, ágil y rápido de movimiento, de carácter activo. El pelo más característico de la raza criolla es el gateado, un bayo leonado. La dureza del entorno provoca muchas veces una similitud entre el color de ciertos animales y el medio ambiente que los rodea. Las pampas arenosas caracterizan al gateado, asimilado a los colores del aguará y el guanaco para poder confundirse con los colores de las arenas, pajonales y pastos duros, y poder defenderse los potrillos de la voracidad de los perros cimarrones y del puma. Muchos potrillos criollos puros de pedigree y pelo gateado, al nacer se convierten al año de vida en bayos tostados, rosillos en parte o la totalidad del cuerpo.

   
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