Luego de este espectáculo que nos regaló la madre naturaleza e Isolina -por supuesto-, compramos en el restaurante de la reserva la vianda que oficiaría de almuerzo cuando llegáramos a la cascada. En el restaurante además de los clásicos sandwiches de jamón y queso, se puede adquirir tartas de verdura, pizzetas o emparedados de milanesas. Para beber, una botellita de agua mineral o una gaseosa de 500 c.c. son suficientes para toda la jornada.
De allí nos fuimos por un senderito hacia el Arroyo El Molino donde comenzamos el trekking .
A esta caminata se la denomina técnica, porque además de las extremidades inferiores se utilizan las superiores en algunos sectores del circuito, y su grado de dificultad es del tipo tres, porque demanda un esfuerzo mayor al habitual. Sin embargo, no posee límite de edad, siempre que la persona que lo efectúe posea un buen estado físico.
Desde los 1150 m .s.n.m. ascendemos hasta los 1480 en un total de 6 km atravesando el faldeo serrano o piedemonte, por las orillas del arroyo.
Los guías nos explican sobre la flora y fauna que se cruza en el camino. Hay que tener cuidado con las "cortaderas" o "colas de zorro", una especie de pastizal que posee sobre las láminas de sus hojas una sierra que nos corta si la rozamos.
Entre los árboles, cautivan nuestra atención ejemplares de molles de beber, un tipo de árbol que posee una madera muy dura y que da un fruto similar al de una lenteja. Se lo utiliza para hacer una bebida de alta graduación alcohólica llamada aloja.
El trekking se complica. Mientras ascendemos, tenemos que demostrar nuestra habilidad y equilibrio para no caer en las aguas del arroyo mientras saltamos entre las rocas. Luego nos topamos con unas piedras de considerable altura que debemos escalar. Lo importante en estos casos es concentrarse en cada movimiento y pisar donde nos indican los guías para tener una escalada exitosa.
"Vamos que falta poco" dice el guia, mientras se escucha el "murmullo" de la cascada que está cayendo.
Unos pocos metros más y el esfuerzo arroja su recompensa. El Salto del Tabaquillo cae estrepitosamente sobre una hoya de diez metros de diámetro. A su alrededor se encuentran algunas especies de "tabaquillos", arbustos color canela en cuyas cortezas poseen láminas similares a la hoja de tabaco.
Las tomas fotográficas se apoderan de la escena para luego realizar el pic-nic a la vera de la cascada. Luego de descansar nuestros sentidos en el maravilloso entorno natural nos disponemos a regresar. El objetivo está cumplido.
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