El área protegida abarca unas 150.000 hectáreas de la Pampa de Achala. Se puede acceder a las 30.000 que forman parte del Parque Nacional por la Ruta Provincial Nº 34, más conocida como la Ruta de las Altas Cumbres. El punto de partida del sendero se encuentra, misterioso, en mitad de camino entre Villa Carlos Paz y Mina Clavero. El mismo se denomina Paraje La Pampilla... Allí deberán abandonarse los vehículos para transitar solo a pie los 22 km que nos separan con un paisaje majestuoso y paradisíaco.
Posiblemente los datos técnicos enfríen las sensaciones de una experiencia única. Para que no ocurra esto aclararemos simplemente algunas cuestiones que el visitante deberá tener en cuenta para disfrutar de su estadía en el Parque
Debido a su reciente creación, el parque no cuenta con servicios para el acampante. Enhorabuena! Habrá que cargar con la comida, el calentador (prohibidísimo prender fuego), bidones para el abastecimiento de agua, bolsa de dormir, carpa y el espíritu fresco para la experiencia. La cercanía del Río Condorito y algunos arroyos afluentes aseguran la supervivencia.
El clima es templado frío, las temperaturas oscilan, según la época del año, entre 8 y -15ºC . Las lluvias ocurren entre abril y octubre y las nevadas se aseguran durante todo el invierno y principios de la primavera. Se tendrán en cuenta éstos datos al momento de acampar ya que los centros civilizados están muy lejos.
La diversidad biológica está asegurada. Es preciso agudizar la vista para no perder rastro a las maravillosas especies que se presentan, audaces, ante el caminante. La contemplación natural es un deleite: en pampas y quebradas, con ríos que moldean caprichosas formas rocosas, los molles, cocos, orco-quebrachos, tabaquillos añejos, romerillos y maitenes aprovisionan de limpio oxígeno. El Cóndor, dueño absoluto del lugar, es custodiado por zorros colorados, cuises, loicas, hurones, teros, carpinteros, truchas y magníficos ejemplares que sustentan ésta heterogénea área natural, interesante mezcla de biomas (Bosque Chaqueño Serrano, Matorral Serrano o Romerillal, Pastizales y Bosquecillos de Altura, éste último con impresionante suavidad de pasto dorado).
Es un paseo para todos. Desde el ingreso al Parque la señalización es impecable y muy útil. De esta manera se aprecia cada rincón con absoluta seguridad. Inclusive los peligros están advertidos: zonas resbaladizas y pendientes pronunciadas, o bien zonas donde suelen pasear los pumas o cruzarse las Yarará Natas. La cartelería indica qué hacer y a dónde recurrir en caso de inconvenientes.
Llegar a la Quebrada es un espectáculo a parte. La misma se puede disfrutar desde dos balcones, el norte y el sur. Los mismo están separados 1500 metros por una quebrada, la del Río Condorito, de 800 metros de profundidad. Las moles rocosas que ofician de centinelas, antigua propiedad de los Comechingones, albergan nidos de cóndores y desde allí los mismos nos regalan su imponente vuelo. Según la época del año se podrá divisar a padres enseñando a volar a los más pequeños o, en zonas especiales, verlos disfrutar de un renovador baño. Nuevamente la excelente señalización servirá de explicación: cómo reconocer al cóndor y no confundirlo con un jote. Verdaderas lecciones de biología con material de estudio de lujo.
El Balcón Norte, cercano a la segunda área de acampe, la Pampa Pajosa , es un lugar de privilegio. En días despejados se pueden apreciar las numerosas cascadas del Condorito y divisar, casi en el horizonte, el Embalse Los Molinos.
El Balcón Sur, al cual se accede por un prolijo y fascinante sendero que obliga a conocer las cristalinas aguas del río protagonista de esta quebrada, es un peñón sublime. Desde allí el asombro será dueño de las mil formas del río en la profundidad, de renovados vuelos de aves y de la alegría de divisar Carlos Paz, villa bulliciosa y lejana.
Los intrépidos podrán seguir el cuidado sendero y sus pasos los acercarán a la Seccional Condorito , puesto ubicado a 2060 msnm.
Córdoba regala naturaleza y el Parque Nacional Quebrada del Condorito la envuelve de regalo. No hay fibra íntima personal que no se movilice ante la experiencia de recorrer esas latitudes. Estarán asegurados la aventura, la emoción, los perfumes, los colores y la vida, allí, inmensa, sólo para ser admirada. |