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Trekking al glaciar Piedras Blancas
Trekking al glaciar Piedras Blancas
















Trekking al glaciar Piedras Blancas
















Trekking al glaciar Piedras Blancas
















Trekking al glaciar Piedras Blancas
 

A escasos quince kilómetros de El Chaltén, es el punto de partida y llegada para caminantes y escaladores que buscan descubrir y explorar estas latitudes.

 

La primera mañana en el Chaltén había empezado bien, con un clima templado, poco ventoso y despejado. El Fitz Roy se veía magnífico y con él todo su agreste entorno que cobija el pequeño pueblo.

Emprendimos la caminata cerca de las tres de la tarde, por el bosquecito que rodea la casa, a orillas del río.

El viento que empezaba a soplar desparramaba el aroma dulzón de las flores amarillas de la paramela, muy parecido a la canela.

A medida que el sendero se introduce entre las lengas, divisamos el cerro Madsen, más allá la laguna de los Tres, el cerro Eléctrico y, a lo lejos, el valle del río homónimo.

Sólo se escucha el ruido de los árboles muertos, ahuecados por una isoca que ataca a los ejemplares más viejos y que las ráfagas hace caer sobres sobre los demás. Cada tanto se cruzaban volando algún chal o bem-bem. La atmósfera parecía encantada.

En estos rincones solía establecer uno de sus campamentos base el padre salesiano Alberto María de Agostini. Pensar que recorría estos inclementes valles y montañas envuelto en su sotana, con su cámara y escritos. nada parecido a los complejos equipos de los alpinistas que llegan hoy a El Chaltén.

Una hora a paso firme y ya estábamos en el glaciar Piedras Blancas, encallado entre las montañas. Con Ignacio nos sentamos a observar sus antojadizos accidentes y a disfrutar de la paz del bosque, hasta que nos corrió la lluvia. El Pilar nos recibió con el hogar prendido y unos reconfortantes mates en la cocina. Después de un reconfortante baño, alemanes, canadienses, norteamericanos y otros viajeros esperábamos la noche en torno al fuego, intercambiando nuestras experiencias e historias, que la naturaleza de El Chaltén empezaba a escribir.

 

Hacia Piedra del Fraile

 

Me habían dicho que cerca de las cuatro de la madrugada podía ver cómo amanecía sobre el Fitz Roy. No fue demasiado esfuerzo despertarme, pero lo mejor es que podía verlo desde mi ventana y, después de presenciar este bello acontecimiento, me costó volver a dormir.

Fue así que a las ocho de la mañana ya estaba lista para el trekking , que habíamos acordado la noche anterior con Ignacio y con una familia norteamericana. Tomé un sustancioso desayuno para ganar energías y alisté la mochila con la cámara y una vianda que había preparado Alicia. Mientras esperaba que todos estuviésemos listos, me entretuve leyendo Atrapados en el hielo , el libro de Carolina Alexander que cuenta la expedición de Sir Ernest Shackleton al Polo Sur. Sin dudas, estas lejanas tierras están marcadas por los hombres que se atrevieron a grandes empresas.

Recordé nuevamente al padre de Agostini, cuántas veces habrá desandado el camino que esa mañana íbamos a hacer. Salimos y surcamos el río Blanco, bordeando el cerro Polo hasta pasar al lado del cerro Eléctrico. Pasamos por un bosque de lengas, escuchando el rumor del río Eléctrico acompañándonos. Después de dos horas a paso firme por un recorrido que no presentaba pendientes, llegamos al campamento de Piedra del Fraile. Elegimos un reparo para almorzar a la sombra de los árboles y descansar un poco. Como todos nos sentíamos bien, decidimos seguir un poco más. La idea era seguir hasta el glaciar Pollone, pero cuando reanudamos el trekking , el viento y la lluvia decidieron por nosotros.

Una increíble vista de la cara norte del Fitz Roy, completamente despejada, nos dejó observar las distintas agujas, entre ellas la Guillaumet. Pero a medida que avanzábamos, comprobamos por qué la zona recibe el nombre de "el ventilador". A duras penas pudimos llegar hasta el lago Eléctrico para divisar a lo lejos el glaciar Marconi.

Sanos y salvos, pero empapados de pies a cabeza, volvimos por el bosque donde encontramos varios pájaros carpinteros que anidaban en los huecos de las lengas. Por suerte, sabíamos que a la vuelta nos esperaba otra vez la calidez de El Pilar.

 

Sugerencias

 

Lleve buen calzado de trekking, abrigo impermeable, protector solar y cámara de fotos. Si no puede quedarse a dormir en El Pilar, el restaurante bien vale la ida hasta allá.

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