Tango en Argentina
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El lenguaje

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
El lenguaje en las letras de tango
 

Según Daniel Vidart, hay tres tipos de lenguaje empleados en la creación de las letras de tango: el popular, el culto y el lunfardo.
El lenguaje popular es el que se usó en las primeras letras de corte orillero; este lenguaje tiene una inventiva particular, muy gráfico y alusivo; metafórico e irónico; y siempre novedoso porque el orillero es un incansable renovador de su pintoresco léxico.
Vidart asume que los lingüistas llaman lenguaje culto al que usan los estratos superiores de la sociedad, con lo cual debería hablarse de lenguaje de las élites.

Desde ese significado equívoco, "el lenguaje 'culto' no es cosa frecuente en las letras del tango. Pasada la etapa ingenua de los perigundines y superado el ciclo lunfardesco del cabaret, el tango se convierte en el amplio receptáculo de la inspiración popular. El lenguaje, pese a ciertas recaídas herméticas se aclara; los temas se multiplican". El tango es ahora un comodín que expresa las alegrías, las tristezas, las inquietudes, las chabacanerías y los prejuicios del pueblo. Las letras cantan a todas las instancias de la vida; las masas aparecen en ellas, junto con una ética, una estética, una sociología y una metafísica populares.

 
Villoldo, el precursor
 
Autor de una gran cantidad de títulos, es considerado el primer letrista profesional del género. En sus sencillas y alegres letras, que datan de los primeros años del siglo, confluyen tres fuentes: la zarzuelera, la campera y la prostibularia adecentada. Las letras reflejan el espíritu del compadrito alardeador, no exentas de una cierta dosis de crítica social, muestran algunos aspectos de la vida cotidiana en ese tiempo. Entre ellas se encuentran "Cuidado con los cincuenta" "El Porteñito", " La Morocha ", "El Torito".
 
Discépolo, el revolucionario
 
Con sus letras Enrique Santos Discépolo provocó una verdadera ruptura de los patrones existentes en el tango hasta ese momento, le dio un sentido filosófico, una modalidad nueva con la creación del género grotesco, que lo ponen por encima de los primitivos y sencillos temas que inspiran a sus letristas. Gran observador de la realidad, Discépolo muestra una visión desesperanzada y escéptica de los destinos del hombre, siendo su óptica fiel reflejo de la Argentina de ese momento, dado el golpe militar de 1930, la crisis económica y la miseria. Sus letras, totalmente vigentes en la actualidad, supieron sintetizar frustraciones, dolores y tristezas de los argentinos. ("Chorra", "Cambalache", "Yira Yira", "Malevaje", "Qué vachaché").
 
Manzi el Poeta
 

Los años cuarenta marcan un renovado auge de los grandes letristas, poetas urbanos que exploran las vicisitudes del amor y los conflictos de una sociedad en rápido cambio. Homero Manzi introduce las vanguardias renovadoras del lenguaje poético, sobre todo las concepciones de García Lorca y Neruda, logrando un equilibrio entre lo conocido y lo nuevo. Algunas de sus creaciones son: "Malena", "Barrio de tango", "Che bandoneón".
Homero Expósito ("Tristeza de la calle Corrientes", "Margot", "Naranjo en flor") acentúa las transformaciones de Manzi.
Enrique Cadícamo es un poeta fundamental para el tango, el más prolífico ("Pompas de jabón", "Los Mareados", "Nostalgias", "Por las calles de la vida", "Garúa").
Cátulo Castillo es el poeta de la nostalgia, de la elegía y del paisaje perdidos ("Caserón de tejas", "Café de los Angelitos", "Patio de la Morocha ", "El último café").
Los poetas que han puesto su pluma al servicio del tango han sufrido a veces el desprecio de cierta crítica, sobre todo antes de los años 60, cuando la intelectualidad argentina comienza a valorar sus esfuerzos por romper con los moldes de una poesía convencional. Son estos poetas quienes toman las fuentes de la cultura popular y ahondan en la búsqueda de una identidad cultural, a la que rescatan por diversas razones, entre ellas, por encontrar en el tango el medio de trasformación verbal, la ruptura con la lengua, o simplemente por la necesidad de hablar desde la propia experiencia, rehuyendo a la actitud europeísta de los intelectuales argentinos, reinante hasta ese momento.

 

El Lunfardo
 

Si bien hay distintas posturas en cuanto a la elección de los términos pertenecientes al lunfardo, la mayoría coincide en que esta jerga es un repertorio de términos traídos por la inmigración durante la segunda mitad del siglo pasado y hasta el estallido de la primera gran guerra.
Tradicionalmente, el lunfardo suele ser considerado como una lengua argótica inventada por seres marginales. Según esta teoría, era originalmente un lenguaje en código entre los delincuentes, para poder comunicarse entre sí por entre las rejas de la cárcel.
En realidad, el lunfardo nace en los barrios pobres, debido a la convivencia forzada entre inmigrantes y nativos.
Lo correcto sería hablar de letras lunfardescas, escritas por autores que conocen muy bien el lenguaje y el ambiente, pero que sin embargo no pertenecen a él.

La estructura del lunfardo se nutre de la sustitución de sustantivos, verbos, adjetivos e interjecciones castellanas por términos, a los que se les cambia el significado, provenientes de la germanía, del caló, del italiano y sus dialectos, del francés, del portugués, del inglés, de las lenguas indígenas y hasta de palabras hispánicas a las que se les da un sentido que nada tiene que ver con el original.
Un elemento auxiliar del lunfardo es el vares, o sea la pronunciación de las palabras cambiando el orden de las sílabas: tango es gotán, bacán es camba, viejo es jovie, cabeza es zabeca y así sucesivamente.

Obviamente, este "idioma" carece de reglas fijas, nutriéndose de un enorme dinamismo.

En los primeros tiempos, cuando el tango comienza a convertirse en canción, las letras que acompañan la música son obscenas y sus títulos dejan lugar a pocas dudas: "Dos sin sacarla", "Qué polvo con tanto viento", "Con qué tropieza que no dentra", "Siete pulgadas"... o incluso "El Choclo" que aunque literalmente significa mazorca de maíz, en sentido figurado y vulgar, equivale al castellano "chocho" o "coño".

Más tarde, con la llegada de los primeros letristas cultos, el tango abandona su ámbito original y se ve obligado a disimular la procacidad de sus primeras canciones. Sin embargo, el lunfardo resucita rápidamente, pero ahora en manos de compositores ajenos al mundo delictivo que lo había engendrado. Las letras de Celedonio Flores reflejan los problemas del pueblo y la moral del suburbio, utilizando el lunfardo que habla la gente ("Corrientes y Esmeralda", " La Mariposa ", "Mano a mano", "Muchacho").

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