Tango en Argentina
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El comienzo
Lo de Hansen en 1895

 

 

 

El choclo

 

 

 

 

 

 

Carlos Gardel

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Nació en ambas márgenes del río de la Plata. Se gestó en el período desde 1850 a 1880, configurándose con la paulatina adquisición de cuatro medios expresivos: música instrumental, canción, danza y arte interpretativo. De origen y evolución diferentes, los cuatro llevarán el título de tango.

 

Hacia el final del período colonial, la calle «del Pecado», luego llamada Aroma, pequeña cortada del barrio de Montserrat, fue polo de atracción para quienes buscaban diversión " non sancta-junto a la bebida y el baile, amparados en la oscuridad de la noche. La callecita dejó de existir hace mucho tiempo -sobre ese lugar se levanta hoy la torre del edificio de Acción Social-, pero fue el primer sitio de bailes y mala vida en la antigua ciudad de la Trinidad y Puerto de Santa María de los Buenos Aires.

 

Allí también se bailó por primera vez el fandango, pecaminosa danza de extramuros, favorita de negros y mulatos. Su prohibición les obligó a bailarla en sitios ocultos hasta bien entrado el siglo XIX. Después fue el candombe , bailado con contorsiones y ritmo desenfrenados al compás del tambor. Estas danzas y su rítmica son el primer y más lejano aporte en la gestación del tango. La habanera, danza cubana llegada a mitad de siglo, aportó la languidez que aún faltaba. Otros ritmos y danzas en boga en la época -cuadrilla, milonga, vals, polca, tango andaluz-hicieron también su aporte.

 

El tango zarzuelero , con influencias madrileñas, lo cantó toda la ciudad (por ejemplo La Morocha , de Angel Villoldo, primer compositor que se ha conocido) se extingue hacia 1910: no era todavía el estilo adecuado. El vigor y el aliento de lo creativo nacieron con el tango arrabalero , el que se baila en el arrabal.

 

Los cuerpos pegados de esos bailarines nunca hubieran sido aceptados por una sociedad porteña que se escandalizaba hasta con el paso de mazurca. El corte apareció como continuación de las numerosas figuras que aportaron otras danzas, pero ahora con la pareja fuertemente abrazada. Algunos pasos quedaron institucionalizados: la quebrada, la tijera, la sentada, la refilada, el voleo.

 

Fue seguramente en los Corrales Viejos -hoy Parque de los Patricios- en los años 1880, en cancha de tierra apisonada, donde se bailó por primera vez, ya con nombre propio, el tango. En burdeles, rancherías y boliches se fueron gestando anónimamente el compás y la danza. Entre ese momento y fines de siglo se ajustó y afianzó, preparándose para su presentación en sociedad. Condenado por la Iglesia , en algún momento lo pro­hibió la policía de la ciudad por incitar al escándalo.

 

Se dice que el escritor Ricardo Güiraldes fue quien bailó el tango por primera vez en París, en 1910. A partir de 1912, la danza se desbordó en los salones de todas las capitales europeas, en tanto que en Buenos Aires sus «pésimos» antecedentes hacían aún dudar a la sociedad porteña en aceptarlo, aunque los hijos varones de esa misma sociedad ya hacía tiempo que, por frecuentar esos lugares, lo conocían muy bien, como Jorge Newbery, Marcelo T. de Alvear y Vicente Madero, entre otros. Hicieron su aparición bailarines profesionales que dieron celebridad a sitios como Lo de Hansen, en Av. Sarmiento esquina Figueroa Alcorta. Allí los visitantes aplaudían los cortes de José Bianquest, el famoso Cachafaz.

 

El primer tango que se conoce es Dame la Lata , de 1886, de autor anónimo. También El Talar, de Prudencio Aragón, de 1895, y El Entrerriano, de Rosendo Mendizábal, de 1897. El Choclo, de Villoldo, se estrenó en 1903. Se hicieron conocidos como compositores de tango Roberto Firpo, Eduardo Arolas y Agustín Bardi. Al principio no tenían letra; los tangos nuevos se estrenaban en , bailes populares o en locales de mala fama y se interpretaban en tríos de violín, flauta y guitarra.

 

El Bandoneon

 

Recién hacia 1910 se incorporó definitivamente el bandoneón. Inventado en Alemania en 1835 por Heinrich Band y comercializado luego bajo el nombre de Band-Union -de allí su desfiguración local-, comenzó a llegar al río de la Plata hacia 1870, sin manual de instrucciones ni maestros competentes para interpretarlo.

Se encontró con un tango incipiente, y como se lo consideró «cosa 'e gringos», fueron los bandoneonistas quienes se acercaron al tango, para así formar parte del núcleo instrumental de los conjuntos del tango primitivo, ése del compás del dos por cuatro, alegre y de ejecución rápida.

En el Armenonville, lujoso cabaret de la época, situado en la actual plaza Grand Bourg (Palermo Chico), hacía sus presentaciones hacia 1915 el dúo Gardel-Razzano.

 

Gardel y el Tango Canción

 

En aquella memorable actuación de 1917 cuando Carlos Gardel interpretó "Mi noche triste", con letra de Pascual Contursi y música de Samuel Castriota , surgieron dos fenómenos que cambiarían para siempre la historia del tango: apareció el nombre que habría de convertirse en mito y sinónimo del tango en todo el mundo y junto con él nació la modalidad de letras argumentadas en el tango, a la que se llamo tango-canción. Dentro de este estilo, en esos años se llegó a un punto muy importante con la creación de "Milonguita" tango con música de Enrique Delfino y letra de Samuel Linning .

Gracias a este nuevo modo de composición cambió la estructura literaria de lo que hasta ese momento se cantaba como tango, los versos adquirieron tanta importancia como la música, ganando un tono dramático, nostálgico y un matiz sentimental, al mostrar que el "guapo" se lamenta, sufre y también llora por amor. El tango con canto tiene versos que le otorgan un argumento muy breve, y el letrista debe ajustarse para desarrollar y culminar su trama, a los pocos minutos que dura la composición.

Desde el éxito de "Mi noche triste", Gardel fue incrementando su repertorio de tangos y dejando de lado las canciones criollas que venía interpretando hasta ese momento. "El Morocho del Abasto" supo destacarse por su talento dúctil de intérprete, su gran memoria musical y su impecable línea de canto. El "Zorzal Criollo", cantor, actor y compositor, trabajó en cine, varietés, revistas y radio; compuso música de tangos como: "Mi Buenos Aires querido", "Mano a mano", "Volvió una noche", "Sus ojos se cerraron","Tomo y obligo" y no sólo triunfó en Argentina, sino que también llevó al tango por el mundo, con gran suceso, hasta que en una de sus giras por Latinoamérica sufrió el accidente aéreo que le costó la vida en 1935. A partir de ese momento nació el mito de Gardel, quien "cada día canta mejor".

 

Era la primera gran etapa del tango-canción, -que destacaba al letrista y al cantante-, iniciada cuando los primeros intérpretes casi anónimos amenizaban su repertorio con otros ritmos.

Abrió este estilo en 1917 Pascual Contursi con Mi Noche Triste, que primero se conoció como Lita, el primer tango que grabara Carlos Gardel. Esta etapa se cerró al morir Gardel en un accidente aéreo ocurrido en Medellín, Colombia, el miércoles 24 de junio de 19 35. De esa época datan las letras con fuerte presencia del lunfardo, el argot porteño, lenguaje de los bajos fondos, fuertemente influido por la enorme afluencia de inmigrantes que hablaban otras lenguas, de vocabulario hermético e inicialmente usado por los delincuentes en las cárceles o en sus asociaciones ilícitas.

De 1920 en adelante, todos los grandes intérpretes adquirieron fama internacional. El tango ganó en calidad musical e interpretativa; aparecieron las grandes orquestas, como las de Juan Carlos Cobián y la de Julio de Caro, popularizadas por la naciente radio, que las emitía en vivo. La de Francisco Canaro llegó con gran éxito a Paris en 1925.

 

En la década de 1930, los letristas adquirieron vuelo poético y drama, reflejando la deteriorada situación social de esos años. Enrique Cadicamo y Enrique Santos Discépolo -autor de Cambalache- ilustran mejor que nadie este momento. Azucena Maizani llevó el tango-canción a toda América Latina, abriendo paso al enorme éxito que fue Libertad Lamarque. Otra cantante de nota fue Sofia Bozán.

 

Muerto Gardel, Hugo del Carril, Agustín Magaldi e Ignacio Corsini fueron considerados como sus sucesores.

 

Las orquestas

 

Las orquestas de Osvaldo Fresedo, Horacio Salgan y Carlos Di Sarli continuaban por esos años desarrollando el tango instrumental, tradición que mantuvo en nivel de excelencia la orquesta de Osvaldo Pugliese. Otras orquestas de renombre fueron las de Miguel Caló, Enrique Francini y Armando Pontier, Alfredo Gobbi, Leopoldo y Domingo Federico, Atilio Stampone. Como solistas de orquestas o en dúos y cuartetos destacaron el eximio violinista Elvino Vardaro, y como bandoneonistas, Pedro Maffia, Pedro Laurenz y Ciriaco Ortiz, entre otros.

Hacia fines de los años 20, el tango comenzó a compartir espacio en el gusto del público con las recién llegadas danzas del hemisferio norte, el charleston y luego el foxtrot. Pero conoció una nueva gran popularización con la orquesta de Juan D'Arienzo, quien con su ritmo rápido hizo bailar a toda una generación hasta mediados de los años 50.

Algunos consideran que, al terminar esa década, el tango murió como expresión popular. Pero solamente ha cambiado. En los años 40 y 50 los poetas Homero Manzi, Homero Espósito y Cátulo Castillo pusieron letras a tangos que los cantores Edmundo Rivero, Florentino, Alberto Marino, Angel Vargas, Jorge Vidal, Charlo, Héctor Mauré y Julio Sosa popularizarían más tarde. Eran letras de gran contenido emotivo, que permitían al intérprete personalísimas creaciones.

 

La vanguardia

 

Llegó entonces el momento de la introspección. La música que componía e interpretaba en su bandoneón Aníbal Troilo hizo que oír tango se convirtiera en un culto, el que en los años 60 y 70 se extendió a otros intérpretes, con Astor Piazzola en primera línea. Discípulo de Troilo, gran innovador como compositor e intérprete, adquirió pronto fama internacional.

Horacio Ferrer , Chico Novarro y Eladia Blázquez son algunos de los creadores de mayor calidad y éxito de la actualidad, aunque ala tentación de escribir letras de tangos o milongas no se sustrajo ni siquiera Jorge Luis Borges.

Al cumplir 100 años, el tango sigue vivo. Tanto en los, sofisticados centros nocturnos, concurridos por el turismo internacional, como en los modestos locales de barrio donde las parejas siguen moviéndose a su compás, esta música y este baile han quedado ya como la expresión más auténtica del espíritu de la ciudad de Buenos Aires

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