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Historia
Ciudad de Santiago del Estero

 

 

 

Foto nocturna de Santiago del Estero

 

 

 

Fuente en plaza libertad en Santiago del Estero

 

 

 

Plaza santiagueña

 

 

Muinicipalidad de Río Hondo

 

 

 

Plaza principal de Santiago del Estero

 

 

 

Edificación colonial en Santiago del Estero
 

La región hoy conocida como Santiago del Estero era habitada por numerosas tribus. Unas eran sedentarias, radicadas en forma permanente en el suelo; y otras eran nómades, que vivían de la caza, la pesca y el pillaje. Sobre la base del testimonio de los primeros cronistas, los diaguitas ocupaban la región oeste de la provincia, lo que en la actualidad serían los Departamentos de Río Hondo, Guasayán, Choya y Jiménez. Por sus costumbres se asemejaban a los juríes, sin embargo, eran menos propensos a combatir a sus vecinos. Pertenecían al área andina y su cultura era la más desarrollada de la región. Los lules, tribus chaqueñas, ocuparon la zona donde se encuentran los Departamentos de Pellegrini, Jiménez, Río Hondo y parte de Alberdi, Copo y Figueroa. Eran nómades y muy belicosos, vivían de la caza, de la pesca y del robo.

Los sanavirones, ocuparon el sudoeste de la provincia: los departamentos de Ojo de Agua, Quebracho, Atamisqui y parte de Loreto, Mitre y Avellaneda. Limitaban con el dominio de los comechingones, habitantes de las sierras cordobesas. Mientras que los indamás ocupaban el sudeste de la provincia, todo o parte de lo que hoy comprende los Departamentos de Rivadavia, Mitre y Aguirre, extendiéndose también hasta la frontera con los comechingones. Los salavines, se cree fueron una parcialidad de los sanavirones, y su centro probablemente se ubicó en el Departamento de Salavina. Las correrías de las tribus chaqueñas, nómades y cazadoras que poblaron el Chaco Santiagueño, son atestiguadas por las localidades del Departamento de Matará. En este complejo grupo de indígenas se destacan los vilelas, tobas, tonocotés, chulupíes que se extendieron del Salado al norte, muchas veces rebasando el río. Asimismo, los guaycurúes y avipones, que pertenecían a la cultura guaranítica, ocuparon en sus correrías el lado oriental de la provincia. Penetraron en todo o en parte de su extensión en los actuales Departamentos de Copo, Alberdi, Moreno, Matará, General Taboada, Belgrano, Aguirre, Mitre, Quebrachos y Rivadavia. En torno al siglo X, en la región, conocida como la Mesopotamia Santiagueña, se desarrollaron algunas culturas agroalfareras relativamente avanzadas: Averías, Mercedes y Sunchituyoj. Los aborígenes habitaban en pueblos rodeados por chacras con animales domésticos y cultivos de maíz. Sobre estas comunidades se produjo una fuerte penetración jesuita, en particular en los alrededores de Matará. Esta fue una de las poblaciones jesuíticas más importantes de esa llanura boscosa por su posición estratégica contra la lucha de los indígenas del Chaco, que solían no solo atacar a los conquistadores sino también a los agricultores sedentarios que ocupaban las márgenes del río Salado y del río Dulce.

A mediado del siglo XVI se encontraron en el territorio las dos corrientes que penetraron el NOA, por un lado Núñez de Prado, proveniente de Perú y la expedición de Francisco de Aguirre, proveniente de Chile. Núñez de Prado fue comisionado desde el Perú para establecer un asentamiento en la región comprendida entre los ríos hoy llamados Dulces y Salado, así es como fundó la ciudad de El Barco. En 1553, el capitán Francisco de Aguirre arribó a la ciudad y, con el argumento de preservar el asentamiento de las inundaciones, lo trasladó a unas diez cuadras más al norte, cambiándole el nombre por el de Santiago del Estero del Nuevo Maestrazgo. Ninguno de los dos asentamientos fueron emplazados en sitios seguros contra la inundación. A consecuencia de ello, años más tarde la ciudad debió ser desplazada más hacia el oeste. Por medio de una Real Cédula, en 1563, convirtió a las provincias de Tucumán, Juríes, Diaguitas y Comechingones en gobernaciones con dependencia de Lima. Aguirre fue reemplazado por Juan Pérez de Zurita, quien intentó en vano la fundación de Londres, Cañete y Córdoba de Calchaquí. Debido a ello Santiago continuó siendo el único asentamiento estable, y cobro más peso con el regreso de Aguirre como representante del Perú. Con el propósito de abrir un camino a Asunción, Aguirre exploró las tierras del Salado y el Bermejo. Tras llegar al Paraná, regresó por el camino del río Tercero y recorrió la región de los Comechingones. Intentó fundar un poblado entre la región comprendida por los ríos Primero y Segundo, pero sus hombres se amotinaron y lo regresaron nuevamente a Perú.

Mientras que en el siglo XVII la gobernación de Tucumán, a la que pertenecía Santiago, abarcaba un territorio de 700.000 km2, Santiago no se desarrollaba ni se expandía al mismo ritmo. En 1699, la sede del Obispado se trasladó a Córdoba y, en 1701, Juan de Zamudio mudó a Salta el gobierno civil. En el siglo XVIII los caminos que unían Santiago con Santa Fe y con Córdoba se volvieron intransitables debido a los continuos ataques de los mocovíes, abipones y tobas, incursionando hasta el río Dulce. Ello produjo el corte de la comunicación con el Perú. Al crearse el Virreinato del Río de la Plata en 1776, la gobernación del Tucumán pasó a formar parte de una nueva estructura y, en 1782, se despojó a Santiago del Estero de todo rango jurisdicional y la subordinó a Salta. Al producirse la Revolución de Mayo, Santiago se adhiere a la lucha en favor de la causa, lo que trajo aparejado el despoblamiento y la reanudación de los ataques de los indígenas. En 1814, la Intendencia de Salta es dividida en dos provincias y pasa a formar parte de la de Tucumán. La sociedad santiagueña se dividió entre autonomistas y partidarios del gobernador tucumano Aráoz. Tras inclinarse la balanza a favor de la autonomía, el gobernador Aráoz intenta recuperar a Santiago por la fuerza pero es derrotado.

Aunque en 1856 dicta su propia Constitución y se establece su territorio, fuera de la región comprendida entre los ríos Dulce y Salado, la provincia estaba prácticamente sin colonizar. El general Antonio Taboada exploró el río Salado, para asegurar la navegación por su curso. En 1858 se celebró el tratado de límites con Tucumán y además se organizó la seguridad para reestablecer la rutas de Santa Fe a Córdoba y Santiago. En 1862, para contener las incursiones de los aborígenes chaqueños se reforzaron las guardiciones de los fortines Unión, Taco-Punco y Beltrán. Años más tarde, el general Taboada penetró con los fortines sobre el río Salado hasta Quimsa Cruz y Doña Lorenza, y sobre el Dulce hasta Cañada y Paso de Beltrán. Con este avance incorporó una vasta zona apta para el pastoreo y la agricultura. Cuando el Chaco fue controlado y organizado como territorio nacional, cesaron las preocupaciones con el indio y la necesidad de la presencia militar. El arribo del ferrocarril rompió el esquema del poblamiento en los alrededores de las aguadas y zona de riego y lo sustituyó por un asentamiento lineal, consagrado a la explotación forestal.
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