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Cultura

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

De acuerdo al último censo de 1991 la población total de habitantes es de 671.998, correspondiendo al 2% del total de la población de la Argentina. Compuesto por el mismo porcentaje de mujeres y varones. El descenso en la natalidad y la fecundidad, junto con las migraciones, explican la caída del crecimiento demográfico de la provincia. El índice de analfabetismo es de 8,6%, superando ampliamente la media del país de 3,7%. La población santiagueña está integrada por diversas etnias. Las principales son originarias de España e Italia, aunque en proporción casi equivalente se encuentran las del Medio Oriente: sirios y libaneses. La religión predominante es la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, a través de la cual el elemento indígena e hispánico entraron en contacto tanto en la música, como en sus historias y leyendas. Los grupos sirios-libanés en su tierra de origen pertenecían a la rama de cristianos maronites, huyeron del acoso musulmán del imperio otomano y se afincaron en estas tierras. Gran parte de este grupo se convirtió al catolicismo.

En los inicios de la conquista española se invadieron los pueblos de la zona con el propósito de civilizarlos y evangelizarlos. Para la catequización, los misioneros jesuitas se valieron del quechua, lengua que aún se habla en la provincia. Fue el Concilio de Trento quien lo estableció y decidió que serían cuatro las lenguas indígenas utilizadas: el natuhual, el quechua, el guaraní y el aymara. A la región de Tucumán le correspondió el quechua. En zonas como Santiago del Estero, al conjunto de lenguas indígenas locales se superpusieron dos lenguas extranjeras: el castellano y el quechua. Con el transcurso de los años, estos dos idiomas se han aunado al punto tal que en la actualidad se puede hallar una lengua quechua-santiagueña, la única región del territorio nacional donde la lengua de los incas permanece todavía viva.

Con respecto a la literatura el género predominante, en los inicios en América, era la crónica. La obra más antigua, que data de 1548 y escrita en Perú, es la de don Pedro González de Prado, crónica que describía algunos aspectos de la zona de Santiago del Estero, que aún no había sido fundada. En cuanto al género poético el principal referente fue Mateo Rojas de Oquendo en 1585, autor del poema "Fátima", serie de sátiras y sonetos. Durante estos siglos, la literatura no fue productiva en gran medida, reduciéndose a los géneros científico y epistolar. A partir del siglo XIX, la poesía y la narrativa breve empiezan a tomar vigor. En poesía se destaca Amancio Alcorta, y en narrativa, Pablo Lascano, con su novela Juallo. A comienzos de siglo, el gran exponente fue Ricardo Rojas (1892-1957), con su obra "La Victoria del hombre y otros cantos". Hacia 1925 hay un movimiento muy importante llamado "La Brasa", encabezado por Bernardo Canal Feijoo y seguido de grandes figuras de la literatura santiagueña como Blanca Irurzun, Clementina Quenel, Manuel Gómez Carrillo, Orestes Di Lullo y otros.

Un nombre muy resonante fue el de Homero Manzi, autor de letras de tango y poesías, como "Sur". En el ámbito de la investigación literaria se destaca Domingo Bravo, célebre en América por sus estudios de la lengua quichua y editor del primer diccionario bilingüe de ese idioma. Otro escritor muy importante fue Horacio Rava, una de sus obras más destacadas es "Amor recuperado". Entre otros nombres están Jorge Washington Avalos, con su novela costumbrista Shunko y Dalmiro Coronel Lugones. En las últimas décadas se ha dado un nucleamiento literario, la fundación "jardinalia", con figuras como Alfonso Nasif, Felipe Rojas, Dante Fiorentino y Soledad Lombardi.

La cultura santiagueña demuestra su mayor vitalidad en la anónima producción de su pueblo : coplas, zambas, vidalas, bailecitos, gatos y especialmente chacareras. Esta última no tiene historia, en general los especialistas en música coinciden en adscribirla al grupo de las llamadas "danzas picarescas", provenientes de una antigua familia de bailes europeos que, al finalizar la época colonial, se desplazaron desde el Perú a todas partes, excepto Brasil. Los precursores en la difusión del folclore santiagueño más allá del ámbito regional fueron Andrés Chazarreta y Manuel Gómez Carrillo. Otro gran representante del folclore fue Julio Argentino Geréz con su chacarera más notable "Añoranzas". A nivel internacional se destacan los hermanos Avalos, importantes autores y cantantes, sus obras más conocidas son Nostalgias santiagueñas y Zamba de mi pago; Don Sixto Palavecino, sus obras son expresadas en quichua y castellano; Los Sin Nombres; Los Manseros Santiagueños y los Carabajal. Con el tiempo, el folclore ha evolucionado y en estos últimos años hay una nueva generación musical talentosa, entre cuyos nombres se encuentran Peteco Carabajal, Juan Saavedra y Jacinto Piedra, cuyas composiciones, innovadoras en todo sentido, se escuchan en todas las latitudes. Estos músicos se integraron a intérpretes de la talla de Mercedes Sosa, Tarragó Ros y León Gieco, entre otros.

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