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Historia de Rosario
Puente Rosario- Victoria

 

 

 

 

 

 

 

Vista aerea de Rosario

 

 

 

 

 

 

 

Monumento a la Bandera

 

 

 

 

 

 

 

Plaza España

 

 

 

 

 

 

 

Parque Independencia

 

 

 

 

 

 

 

Vista aerea de Rosario
 

En sus comienzos era un caserío que creció poco a poco alrededor de una capilla (Virgen del Rosario) levantada por Domingo Gómez Recio en una lonja que, desde 1689, pertenecía a su suegro, el capitán Luis Romero de Pineda.

El primer proceso de consolidación urbana fue obra del capitán Santiago Montenegro, quien se afincó en un lugar de la lonja de Gómez Recio. Por allí pasaba el camino Real, que unía Buenos Aires con Asunción del Paraguay. Montenegro realizó las primeras subdivisiones y ventas de tierras sobre dicho camino, coincidente con la actual calle Buenos Aires. Donó el terreno de la capilla y, en 1746, comenzó a construir un nuevo templo. Delimitó la plaza y trazó la actual calle Córdoba.

 
Siglo XVIII y comienzos del siglo XIX
 
La villa adelantó muy poco, según el primer historiador de Rosario, Pedro Tuella, quien en 1802 estimó su población en sólo 80 familias. La Revolución de Mayo no tuvo gran influencia en el desarrollo ciudadano, aunque significó un avance estratégico-militar, ya que en 1811 se debió construir una batería, dirigida por José de la Peña, para frenar las invasiones españolas por el río Paraná. Al año siguiente, , en el mismo sitio, se erigió la batería Libertad, lugar donde el general Manuel Belgrano hizo flamear nuestra bandera nacional por primera vez.
 
Las Guerras Civiles
 

Se iniciaron en 1815 y provocaron serios daños al pequeño poblado. El caudillo uruguayo José Gervasio Artigas y sus tropas ocuparon la provincia y el poblado de la Capilla del Rosario. Sin embargo, fue desalojada en poco tiempo y el territorio volvió a quedar subordinado a las autoridades de Buenos Aires. Al año siguiente la maniobra se repitió dos veces. El peor momento se produjo a fines de 1818, cuando ocupó el poblado el coronel Juan Ramón Balcarce al mando de un ejército porteño. En enero de 1819, tras ser atacado por las fuerzas . santafesinas al mando del brigadier Estanislao López, Balcarce se retiró luego de prender fuego al caserío. Con esta acción se inició un perlado de profundas diferencias, como lo manifiesta un escrito del general Mitre: Este fuego de paja en cendió odios interprovinciales que han durado más de medio siglo.

El fin de las guerras civiles y la consolidación del gobierno provincial del brigadier Estanislao López, Patriarca de la Federación, marcaron el comienzo de tiempos mejores para Rosario, a pesar de la negativa oficial de considerarla ciudad, como pretendían sus habitantes: sólo se la declaró Ilustre y fiel Villa , en 1823.

 
Las décadas de 1850 a 1870
 

Este período marcó hitos en el progreso rosarino. En 1852, por fin, Rosario fue declarada ciudad y, tras decretarse el Reglamento de la Libre Navegación de los Ríos, se la habilitó como puerto de la Confederación Argentina, con Aduana propia. - En esa época también comenzaron a llegar contingentes de inmigrantes. Por esos días las calles eran conocidas por el apellido del vecino principal, hasta que, en 1853, se les dieron nombres y se levantó el primer plano urbano, realizado por el arquitecto estadounidense Timoteo Guillón.

En la década de 1860 se comenzaron a empedrar las calles, a alumbrar con gas y a tender los rieles del ferrocarril hasta la ciudad de Córdoba. En 1867 se inició la puja por declarar a Rosario capital de la República, iniciativa que fue vetada por el entonces Presidente Domingo F. Sarmiento, pese a haber sido aprobada previamente por el Congreso de la Nación. Hacia 1870 la ciudad contaba con 25.000 habitantes.

Esta Zona experimentó un fuerte flujo inmigra-torio que recaló mayoritariamente en Rosario. Los recién llegados se dedicaron a desarrollar la actividad comercial y a iniciar la industrial, que al principio fue subsidiaria de la producción agrícola. Se crearon molinos harineros -cuyos productos en muchos casos llegaron a exportarse-, fábricas de fideos y panaderías, entre otras. El aumento del poder adquisitivo de la población posibilitó el desarrollo de otras ramas industriales que, en su mayoría, ocupaban materia prima importada.

La sustancial fuerza motriz instalada, compuesta por maquinaria a vapor, daba fe de su enorme capacidad industrial, en particular la metalúrgica. Esta formaría la base del desarrollo que se produjo en el presente siglo. En 1890 ya existían 160 fábricas y talleres, con una potencia de entre 10 y 25 hp cada uno. Al poco tiempo, ella aumentaría hasta 60 hp. Entre estas industrias estaban las primeras fábricas argentinas de campanillas eléctricas, máquinas de coser, cocinas económicas, motores a vapor de hasta 8 hp y la fábrica La Industrial, que producía municiones y caños de plomo para gas y agua corriente.

 
Postrimerías del siglo XIX
 

Durante las dos últimas décadas de ese siglo, Rosario vivió un rápido desarrollo urbano que la convirtió, al llegar el año 1900, en la segunda ciudad de la República, con casi 110.000 habitantes. En un tramo de dos cuadras de San Martin existía una pequeña city, con siete bancos, agencias de seguros y sucursales de las más importantes casas bancarias del mundo.

El progreso económico y el crisol de razas que originó el aluvión inmigratorio quedaron plasma-dos con claridad en los ricos y variados estilos arquitectónicos que se advierten en la ciudad. Se construyó desde el chalet inglés, sobrio y sencillo, hasta el coqueto, rodeado de jardines o bosques; desde la casa con azotea, de barro cocido, hasta la de mármol, con zaguanes y salas artísticamente decoradas; desde el amplio y vasto edificio de columnas, regio y severo, hasta el palacio de varias plantas y numerosos cuerpos, con grandes escalinatas de mármol. Este eclecticismo, absorbido de buen grado por los habitantes de fines del siglo pasado y comienzos del actual, es uno de los rasgos más distintivos de la ciudad.
 
El siglo XX
 

El progreso parecía no tener fin. Se construían edificios más altos, comercios más modernos, se mejoró el transporte y las guerras aumentaron la demanda de embarques de cereales. A partir de 1930 se amplió el radio urbano a causa de la inmigración proveniente de las provincias vecinas, lo que dio un nuevo impulso a la industria y al comercio. Sin embargo, a fines de la década de 1960, se inició una etapa de desaceleración del progreso que había convertido a Rosario en menos de un siglo en una ciudad de más de un millón de habitantes.

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