El altiplano se caracteriza por las bruscas oscilaciones térmicas y las escasas precipitaciones, que pocas veces superan los 200mm anuales. A estas condiciones se debe la desolación de esta región, poblada tan solo de manojos del pasto puneño que sirve de alimento a los guanacos, las llamas y las vicuñas. Un marcado contraste se observa en los valles, las quebradas y las sierras subandinas con un clima más benigno, respondiendo a un clima tropical serrano. La capital salteña constituye un ejemplo de ello con promedios estivales que superan los 20° C y medias invernales inferiores a los 14° C. En verano las máximas acostumbran a superar los 38° C, así como en invierno la temperatura desciende a varios grados bajo cero.