Se cree que los representantes de esta familia son los peces más antiguos entre los caracoidos vivientes. Su cuerpo es comprimido, subcilíndrico y muy alargado. No tienen aleta adiposa ni caudal redondeada: la dorsal está siempre delante de la anal. Su cabeza es muy fuerte y ósea, su boca es grande y armada con dientes caniniformes, presentes incluso en el paladar.
Hoplias malabaricus responde a una gran cantidad de nombres comunes: tararira, taralila, tarango y tarucha en Argentina; en Uruguay se le dice tararira o tornasol; en Brasil tareira, robato, trañira; en Colombia calabrote, dentón, guabina, mocho, perraloca, perro.
Pez de buen porte, llega a superar los 60 cm de largo. Su color castaño grisáceo en la parte dorsal, se aclara hacia el vientre. Sus flancos además presentan entre cuatro y seis manchas en forma de "V" acostada con el vértice orientado hacia la cabeza.
Frecuenta usualmente aguas tranquilas y poco profundas. En época de reproducción busca zonas de no más de 30 cm de profundidad, entre juncales u otras plantas. Allí con las aletas construye un nido que consiste en un hoyo de 15 cm de hondura por 30 cm de diámetro. Cuando está terminado, la pareja se aparea y desova en él. Luego el macho continúa allí, moviendo las aletas, para oxigenar el agua que cubre los embriones. Las tarariras son carnívoras con una dieta basada fundamentalmente en otros peces: pejerreyes, sabalitos, dientudos, mojarras, chanchitas, viejas de agua, etc. Su técnica de caza consiste en permanecer totalmente inmóvil, acechando a su presa; cuando esta o pasa a su alcance, se lanza a gran velocidad para no dar tiempo a la huida.
Habita las cuencas del Bermejo, el Pilcomayo, el Río Dulce, el Río Cuarto, el sistema del Iberá, el Paraná medio e inferior, el Uruguay medio e inferior, el Río de la Plata , la cuenca del Salado (en la prov. de Bs. As.), y lagunas de la zona norte de la prov. de Bs. As.
Su captura en la modalidad spining es por demás atractiva. Pertenece al grupo de los caracínidos. Se caracteriza por ser un pez cubierto de escamas, con la cabeza desprovista de ellas.
De hábitos sedentarios, este pez es uno de los más deportivos y anhelados por los aficionados. Su contextura física, de cuerpo casi cilíndrico, le permite desarrollar una inusitada velocidad de ataque sobre su presa. Su dentadura prominente, enmarcada en una boca grande y robusta, le garantiza un dominio soberano sobre toda el área de su territorio. No obstante su aparente ferocidad, la tararira ejerce este dominio, fundamentalmente, para proteger a sus crías. Ello le ha ganado el mote de madre ejemplar entre todos sus congéneres.
En nuestro país existen dos especies claramente distintas: la tararira común y la tararira ñata. Ambas se asemejan en la agresividad que manifiestan naturalmente hacia todo cuanto se les acerca y, además, por sus características físicas generales. Sin embargo difieren en algunos rasgos: la tararira común presenta cuerpo fusiforme ( casi cilíndrico) y alargado.
La tararira ñata, por su parte presenta un cuerpo más redondeado y su boca no es tan alargada. La boca de ambas presenta dientes caninos, afilados y muy fuertes.
Rompen las lineas con facilidad. Para evitar que esto suceda, se utilizan leaders o cables de acero forrado en plástico, en el final de los aparejos. Su color es generalmente, gris oscuro o pardo en la región dorsal. En los laterales del cuerpo presenta manchas de tono más oscuro, sin contornos definidos, que resultan tornasolados o cambian de color de acuerdo con el medio en que se encuentre el pez ( verdoso o pardo). La aleta dorsal de la tararira está desplazada hacia atrás respecto del eje medio del cuerpo; posee dos aletas pectorales sin rayos de espinas, una aleta anal y dos aletas ventrales. No tiene aletas adiposas y su aleta caudal o cola presenta los extremos redondeados. Para su pesca se utilizan diferentes tipos de carnada, entre las que citamos: lombrices, carne, corazón, cebo. |