Hay un lema un tanto polémico: "Corrientes es la patria del dorado". No podemos compartirlo, pero sí justificarlo. No será el único lugar del país donde se puede capturar ese milagro de oro-bronce, capaz de combatir hasta la última boqueada cuando se lo captura con medios deportivos y regalar la vista de quien lo pesque, por largo rato, con el calor pocas veces igualado de sus escamas, así como su forma esbelta y a la vez recia como pocas siluetas de peces. Pero fue la cuna de su pesca deportiva.
Digamos que el dorado fue el alimento milenario de las tribus nómades, totalmente salvajes que habitaron las grandes cuencas fluviales e incluso siguieron, con su nomadismo básico, los desplazamientos de los cardúmenes y durante siglos basaron su evolución en el mantenimiento de contacto con esa gran masa de alimento que se desplazaba según temperaturas, estaciones y estados gonadales a través de miles de kilómetros.
Desaparecidos los indígenas y ocupados los centros poblados en el quehacer negativo de las luchas intestinas, recién a fines del siglo pasado aparece en todo su esplendor el dorádo. Y lo hace en Corrientes. Más aún, en Paso de la Patria , para ser más exactos. A fines del siglo un grupo de ingleses afincados en Buenos Aires, la mayoría con cargos en los ferrocarriles, tuvo conocimiento de ese bravo pez que atacaba, en ciertas épocas, todo aquello que se moviera y estuviera en relación con el tamaño de sus fauces.
El dorado de más de 20 kg . se conoció en Paso de la Patria (cabe la aclaración porque era común pescar dorados en la avenida Costarera de Buenos Aires). Con el discurrir de las décadas y el aporte de las técnicas los equipos fueron alivianándose y la pesca misma adquirió notable jerarquía.
Hay muchos sitios similares, pero como Paso de la Patria y sus alrededores creemos que hay muy pocos (si los hay). En un radio de no más de 50 km . de ancho y pedregoso río encontramos, en un mismo día, tres o cuatro modalidades de pesca, todas diferentes, todas emocionantes. Digamos que se lo captura con pasadas lentas de los veriles y "piedras" que han sido ya bautizadas, algunas dos veces, por los habitués y las revistas especializadas. En épocas de afluencia especial (agosto-septiembre) es permanente la "ronda" de lanchas. El dorado puede ser capturado más de una vez en el día. Siempre ofrecerá una lucha distinta a la del anterior. Asegurado el éxito, los guías actuales, con suma prudencia, sugieren otras emociones. |
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