Así es que contratando un instructor (que los hay muchos y muy buenos) cualquiera que sólo cuente con coraje y buen estado físico puede emprender la incomparable sensación de volar. La expedición comienza con el ascenso en vehículo al Cerro Piltriquitrón hasta llegar a la plataforma que usan los parapentistas para lanzarse al espacio. Ya en la plataforma los pilotos comienzan a desplegar sus velas y armar todo su equipo esperando el viento que infle la vela y permita despegar. Los vuelos de bautismo son biplaza, es decir que el instructor acompaña al novel aventurero, y cuando los aprendices comienzan a volar solos lo hacen a una altura media de 20 ó 30 metros y guiados de abajo por el instructor a través de un handy. Imposible describir la paz absoluta que se siente allí arriba, donde el silencio, el placer y la ansiada libertad son una misma cosa. |