Turismo en Neuquen , Argentina
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Historia
Julio A. Roca

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Neuquén, en lengua araucana, significa altivo y poderoso. Sus primitivos pobladores, Pehuenches, Mapuches y tehuelches, dueños de estas tierras por siglos, otorgan legitimidad al nombre. Los pehuenches, de la familia de los huarpes, eran cazadores y recolectores del fruto del pehuen y ocupaban las laderas orientales de la cordillera andina. Los mapuches habitantes de los faldeos occidentales de la cordillera eran cultivadores sedentarios y los tehuelches, pertenecientes a la familia de los pampas, eran cazadores de guanacos.
A pesar de la diversidad cultural de los pueblos que habitaron la región, todos eran pueblos cazadores y recolectores. Para la obtención de alimentos, estos grupos recurrieron a una división de trabajo simple basada en el sexo de sus miembros. Los hombres se dedicaban a la caza que involucraba la captura de grandes animales, actividad que llevaban a cabo en grupos, a fin de suplir con una acción coordinada las deficiencias de las armas utilizadas. Las mujeres se ocupaban de la caza menor y de la recolección de vegetales y moluscos que constituían la base de alimentación cotidiana. Las creencias de estos grupos, se basaba en que su cultura y su medio ambiente, creados por un Dios se mantenían en un equilibrio que no debía ser alterado. Todo lo que ocurría en el cielo o en la tierra podía explicarse apelando a lo sobrenatural. Dedicaban mucho tiempo a la práctica de ceremonias religiosas. La figura del hechicero se relacionaba con individuos dotados de poderes para comunicarse con el mundo de los espíritus e interceder ante la enfermedad y la muerte. El hechicero era requerido también por sus poderes de adivinación para pronosticar el clima, la cacería o el hallazgo de objetos perdidos.
Los pehuenches primitivos, estaban organizados en familias, bajo la autoridad de su jefe, contando con autonomía económica. Su principal actividad como recolectores, era la cosecha del piñón a fines del verano. La recolección era realizada en forma comunitaria, sin dañar las ramas del pehuén. Los frutos eran almacenados en silos cavados bajo la tierra y protegidos por piedras y tierra, sobre los que se hacía correr agua para conservar los frutos frescos.
Los pehuenches sentían un profundo respeto y amor por la tierra, la consideraban la madre que los cobijaba y les daba los medios de subsistencia. Personificaban los elementos de la naturaleza, para cruzar un río pedían permiso a su espíritu y arrojaban pequeñas ofrendas, antes de recolectar piñones, pedían permiso al árbol.
Los grupos que habitaban el norte de la provincia obtenían sal de Truquico, lugar que consideraban propio. Los grupos que habitaban el centro o sur de la provincia obtenían la sal por trueque o robo. La ocupación territorial de cada grupo estaba basada en la supervivencia. Existía la noción de propiedad comunitaria con límites bien definidos. Cualquier intromisión daba lugar a la defensa utilizando la violencia.
Los grupos cazadores que habitaban el sur de la provincia, entre el río Traful y el lago Nahuel Huapi, utilizando instrumental como hachas trabajadas en una o dos caras, cuchillos de filo retocado, puntas de limbo triangular y base recta o cóncava y raederas, obtenían la base de su alimentación en la caza del guanaco, que complementaban con otras presas y con la recolección de vegetales Estos grupos se trasladaban siguiendo los ciclos estacionales de caza, en verano hacia la cordillera, en invierno hacia los valles.
Cuando los españoles llegaron, los grupos primitivamente cazadores y recolectores habían incorporado nuevos rasgos culturales propios y de otros grupos. Los huarpes, cazaban guanacos, zorros, ñandúes, liebres, perdices y otras aves utilizando técnicas similares a la de otros pueblos y además, pescaban. El principal aporte de este grupo fue la rudimentaria agricultura, en la cual utilizaban técnicas de riego a través de acequias, y cultivaban maíz, poroto y zapallo. Recolectaban además vainas de algarrobo que luego canjeaban por bebidas o alimentos. Los huarpes eran sedentarios. Tenían bien desarrolladas las técnicas del hilado, tejido y cestería.
Los puelches eran nómades, y se dedicaban principalmente a la caza, aprovechando en forma integral las piezas obtenidas, toldos de cuero para la vivienda, pieles para vestimenta, grasa para untarse el cuerpo para la caza y para conservar el calor corporal. Manejaban con destreza el arco y la flecha.
Los araucanos, llamados así por los conquistadores, habitaban el lado chileno. Los aborígenes de la parcialidad llamada huilliches, habrían sido los primeros en pasar al Neuquén, pasando así su lengua que fue araucanizando progresivamente toda el área indígena del sur argentino. El proceso de araucanización se materializó con la migración de personas y con el intercambio de bienes, fundamentalmente a partir de la introducción de ganado, sal y productos de caza desde Chile. Los llamados Aucas, grupos cordilleranos araucanizados, realizaban expediciones participando del comercio del ganado, sin radicarse del lado oriental de la cordillera. Luego, se produjo la introducción de elementos como tejidos, platería, alfarería, objetos que se obtendrían por canje, imitando más tarde su fabricación. La intensidad del contacto llevaría más tarde a la progresiva adopción de la lengua mapuche, que terminó siendo la lengua utilizada en los contactos con los españoles y con los misioneros. Se fueron extendiendo los elementos culturales más profundos como las creencias religiosas, las tradiciones y los nombres propios. Recién a principio del siglo XIX se puede constatar la radicación de grupos originarios de la Araucania en el Neuquén y en la pampa central. Las migraciones se caracterizaron por una creciente competencia por la tierra y sus recursos y por el poder, lucha no exenta de choques violentos.

 
La lucha por el Desierto
 

Con la promulgación de la Constitución Nacional en el año 1853, el país se organizó institucionalmente, consolidándose el orden institucional con las presidencias de Mitre, Sarmiento, Avellaneda y Roca. Luego de la pacificación del territorio nacional con la unión de Buenos Aires con la Confederación, la república comprendía dos grandes zonas aún no colonizadas y en poder del indio: la Chaqueña y la Patagónica. Entre los años 1876 y 1877, Francisco Pascacio Moreno, un joven expedicionario, logra arribar a la gran hoya, lago Nahuel Huapi, con el permiso del poderoso cacique Shaihueque, rey de las Manzanas. Por entonces, las tierras en poder del indio comenzaban poco más allá de la localidad bonaerense de Las Flores, punta de rieles en ese momento.
En el año 1878, Argentina logra el primer saldo comercial de su historia, por la exportación de granos y carnes a Europa. El país crecía vertiginosamente, mientras el pillaje de los malones era constante, alentado desde Chile, país con el que se mantenía una continua disputa por las tierras heredadas del antiguo virreinato.
El dominio efectivo de la Patagonia solo era ejercido en unos pocos reductos : Carmen de Patagones (Buenos Aires), Isla Pavón (Puerto Piedra Buena, Santa Cruz) y las colonias galesas del Chubut (Trelew, Dolavon y Gaimán).
Avellaneda, durante su presidencia, puso fin al problema del desierto. Su ministro de guerra, Julio Argentino Roca, trazó un plan de ocupación de la Patagonia, basado en una estrategia que incluía gran número de caballos, gran movilidad y el rifle americano Remington. La desproporción de fuerzas, y la sorpresa de las tribus indígenas ante la rapidez con que se movía el blanco, hicieron que durante la campaña de Roca, las tribus fueran cayendo una tras otra, sin que se produjeran grandes batallas.

 
Combates del Neuquén
 

Una vez conquistados definitivamente los territorios hasta la confluencia de los ríos Limay y Neuquén, Roca emprende el regreso a Buenos Aires, donde se postula como presidente, sucediendo a Avellaneda en 1880.
La campaña quedó al mando del General Conrado Villegas y del Coronel Napoleón Uriburu. Se construyó en la zona de Chos Malal el fortín de la cuarta división. Desobedeciendo las indicaciones de Roca, y contando con el fortín como base de operaciones, se hostiliza y organizan escaramuzas contra las tribus pobladoras de los territorios situados al sur del río Neuquén. Como consecuencia, las tribus mapuches se levantaron contra el gobierno nacional, comenzando las hostilidades en 1879, en Choique Mahuida, paraje en el que las tropas indígenas derrotadas prefirieron arrojarse a un precipicio antes que someterse. Luego de cruentas batallas y ataques a los Fortines , la resistencia mapuche finaliza en 1883, con el sometimiento de los caciques Purrán, Reuque Curá, Namumcurá y Shaihueque.
Roca, sabiendo del reclamo de los territorios patagónicos por parte del gobierno chileno, concentra sus esfuerzos en la colonización de nuevos territorios. Con una acertada política, basada en el establecimiento de Fortines, el tendido de líneas telegráficas, la inmigración y el reparto de tierras, logra en 1881 y 1893 llegar a los acuerdos que culminaron en el histórico abrazo del Estrecho de Magallanes, en 1902, entre los presidentes de Chile y Argentina. Posteriormente dicho acuerdo fue sometido a la mediación de Su Majestad Británica, con la brillante defensa realizada por Francisco Pascacio Moreno, incorporando definitivamente al territorio nacional millones de hectáreas.

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