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Bajamos del Cielo en Bicicleta














































































































 
La propuesta es bajar desde la zona de Yacanto por "Los Linderos" (Pegadito al Sur del Champaquí, con pocos metros menos) hasta Yacanto., para ello nos trasladarnos en Traffic, pasando por Embalse, Villa Rumipal, Villa del Dique, Santa Rosa y Yacanto hasta la cumbre y desde allí... adrenalina!
 

Fue así que el domingo 25 de noviembre, bien tempranito, se encargó de buscar a cada uno de los valientes ellos eran Luis, operador de radio e inquieto investigador de cavernas milenarias, Franco, un adolescente de espíritu competitivo pero colaborador, Mauricio, quien quería reinvidicar su anterior descenso que terminó en un gran golpe que lo dejó dos días en reposo, Claudia, co-equiper de Adrián, quien sería la encargada de servir de apoyo y guardia a los ciclistas desde la camioneta, Juan Manuel la mascota de la aventura con su triciclo y casco amarillo a la orden .

Yo me sumé cargando mi vieja Zenith gris y un gran desafío. Mis músculos estaban cargados de Buenos Aires: poca práctica en los pedales, la mente en el trabajo... pero la gran alegría de tener frente a mí una nueva experiencia.

Viajamos compartiendo mates y anécdotas de otros viajes. Juan Manuel, con sus dos añitos, nos ordenaba la conversación y nos regalaba sonrisas... El sol iba subiendo y prometía un día espectacular.

El "Puente de hierro" naranja ubicado para cruzar el Río Santa Rosa marcaba el portal de esta historia. El cuenta kilómetros nos avisaba que ya habíamos rodado 57 km desde Berrotarán y que nos encontrábamos disfrutando de Santa Rosa de Calamuchita. Este lugar se reconoce en la región por sus circuitos turísticos religiosos (Virgen Nuestra Señora del Rosario, Nuestra Señora del Valle, Gruta de Santa Mónica, Gruta Virgen de Lourdes, Gruta del sagrado Corazón y Virgen de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa , el Monasterio de los Monjes Benedictinos y el Museo de Arte Religioso), por su Algarrobo Histórico y por la mezcla equilibrada de cascadas, lagos, ríos y desniveles.

Nos escoltaron por la ruta, hosterías, parajes, casas de té y artesanías que marcaban el encanto del lugar. Cada tanto aparecía otro espacio dedicado a balneario, entre rocas y mucho verde. Es importante saber que el asfalto (Santa Rosa-Yacanto) no está en excelentes condiciones aunque haga muy poquito tiempo desde que fue hecho.

Nos sorprendió Yacanto con sus casitas entre pinos y otros añejos árboles. Yacanto está a 1290 metros sobre el nivel del mar. Es una puerta de entrada a la Sierra de los Comechingones y acceso directo a nuestro Cerro Champaquí por el Camino de los Linderos. Para realizar esta excursión suele acercarse a los turistas hasta el puesto de Tres Árboles en vehículo y se los acompaña a pie hasta la cumbre.

De allí la camioneta de desvió a la izquierda y comenzó a trepar. El segundo cambio rugía y nos preparaba mentalmente para el futuro descenso.

Entre los comentarios jugábamos a armar este relato... y no salía otra cosa que poesía... Descripciones románticas del encuentro de las celeste cielo que nos cubría con las aves que aparecían a montones, invenciones de formas en las rocas claroscuras que marcaban el camino, palabras que daban cuenta de perfumes de las hierbas cordobesas y de las caprichosas formas que las nubes dibujaban en los cerros.

El camino se encuentra en buen estado a pesar de las rocas sueltas, pero igualmente demanda del conductor muñecas diestras y sentidos muy atentos. Tiene curvas muy cerradas y hay que recordar que habrá una diferencia de altimetría de más de 1000 metros .

A nuestra derecha apareció el Champaquí y nos sirvió de guía hasta la cumbre. Admirábamos su redondeaba forma y recordábamos aquellos buenos momentos que el coloso nos regaló.

Cada tanto aparecían casas sencillas, el puesto de convocatoria para excursiones, caballos y vacas... Nos extrañó mucho la aparición de un cartel que, a cambio de primeros auxilios médicos o mecánicos, informaba la necesidad de abonar una "entrada" para acceder al circuito del Champaquí... ¡De no creer!

Fueron un poco más de 30 kms. y nos detuvimos en la bifurcación. A la izquierda el acceso a San Javier, que se divisaba difuso abajo y lucía uno de los valiosos microclimas de nuestro país.

Tomamos a la izquierda y siguieron 10 kms. más hasta que decidimos montar las bicis e iniciar la travesía.

Caminamos un poco por el lugar... calculábamos 15 minutos a pie hasta la cumbre de Los Linderos y la posibilidad de curiosear el estado de la laguna de la cumbre del Champaquí.

Es muy importante hacer el trayecto con casco, pero no todos contábamos con él. Acomodamos los rodados y los más decididos hicieron punta... Los muchachos de Berrotarán demostraban en cada tramo su dominio de la sierra en dos ruedas, pero yo me tuve que conformar con verlos alejarse, sin perder el encanto del paisaje y de la gloria que estaba viviendo. Por suerte estaba celosamente custodiada por la camioneta de los Bergonzi.

La primera parte del descenso (hasta la bifurcación) es una suma de ascensos y descensos. Los primeros llegaron a obligarme bajar de la bicicleta y marcarlos paso a paso. Para aquellos que nunca se animaron a este tipo de experiencias los aliento a realizarlas... verán que nuestro espíritu y personalidad se caldea y se transforma. Por mi cabeza pasaron todo tipo de conexiones agridulces: cansancio, decepción, intenso desafío, orgullo, racionalidad agreste... hasta dolor. Pero nada que la acertada palabra de un intuitivo e inteligente compañero de viaje no pueda controlar. Vencido este episodio de crudeza, mi cuerpo se acomodó al esfuerzo y comenzó a sentir el placer de la velocidad.

Sólo nos deteníamos con la excusa de tomar fotografías, esperar la camioneta en su movimientos cuidadosos, descansar las muñecas y recargar líquidos. El frío se hacía sentir en mejillas y manos.

Los más osados de la expedición marcaban los atajos. Algunos terminaban en abruptos cortes que nos obligaban a matizar el ciclismo con algunas técnicas de escalada.

Por allí alguien calculó llegar a 60 km por hora en su velocímetro. El camino se mostró más sinuoso de lo esperado y la dificultad estaba en las pequeñas piedras sueltas y el fino polvillo que se levantaba.

En los últimos kilómetros del descenso tuvimos el privilegio de cruzar un bosque precioso. Aún presentaba los recuerdos de la última época de fuertes vientos regalándonos acomodados troncos por el suelo, algunos rojos, otros amarillos con un intenso perfume a madera.

Antes de ver el camino que nos regresaría a la ruta apareció el último desvío... Grandes rocas, flores rojas y turquesas, bados de agua cristalina y, al final, nuevamente Yacanto.

Luego del almuerzo algunos siguieron en bicicleta hasta Santa Rosa. Yo admiré el paisaje desde la camioneta y reviví las emociones del recorrido. Los 25 km que nos separaban hasta la orilla del Río Santa Rosa fueron buen momento para la reflexión.

Allí, las bicicletas dieron fin a su andar y el grupo regresó feliz a Berrotarán.

Celebré la felicidad del Encuentro: con la naturaleza, con buenas personas, conmigo misma. Cada viaje debe enriquecer nuestro interior y éste ha puesto a prueba mi autoestima. Como alguna vez leí por ahí: "Hay que tener el coraje de ser protagonista de nuestra vida. Porque si se cede el protagónico, no hay película." La mía sumó una gran escena... en el escenario más brillante: la provincia de Córdoba.

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