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Montain bike al arroyo Chacay desde Villa Llanquín






























































































































 
La margen derecha del Limay es una fuente inagotable de sorpresas para nuestra avidez de aventuras.
 

Algunas excursiones las hacemos de primera intención; otras nos infunden más respeto y hacemos algunos intentos previos, o simplemente vamos mejorando la performance al ir conociendo lo que nos falta recorrer en un posible regreso.
La margen derecha del Limay es una fuente inagotable de sorpresas para nuestra avidez de aventuras. Comenzamos recorriendo el camino que comienza en el puente de la ruta asfaltada, por la estancia San Ramón, y estirando los tiempos llegamos a Villa Llanquín, que constituye de por sí un hermoso paseo.
Luego se nos ocurrió entre otros, hacer la vuelta por el Chacay. De modo que un domingo fuimos directamente a la Villa , cruzamos el auto con la balsa, lo dejamos a buen recaudo, y nos lanzamos Limay abajo por un sendero que acompaña el río.
Algunos tramos son muy expuestos, ya que el talud que termina en el Limay tiene mucha pendiente, para ese entonces no tenía los pedales automáticos, y varias veces estuve a punto de perder el equilibrio buscando las punteras al retomar la marcha. Se me ocurre que sería aconsejable, para aquellos que aún no tienen mucha seguridad, hacer algunos tramos a pié; de todos modos : guantes y casco, siempre.
Tuve mi propia experiencia, como la tuvimos todos, en un descenso largo por una ladera que, afortunadamente, no tenía el río abajo, cerca del valle del Chacay. Quizás un poco por el cansancio que provoca la tensión de ver siempre las profundas y rápidas aguas abajo a la izquierda, el hecho es que habiendo quedado un poco atrás de mis compañeros, en la bajada me relajo un poco para descansar?¡Grave error! Mi velocidad aumentó demasiado como para intentar una frenada, de modo que vuelvo a tomar una posición más firme, me paro sobre los pedales justo en el momento en que una piedra más grande se desplaza bajo la rueda y me pone la bici a cuarenta y cinco grados respecto del sentido de marcha? No alcanzo a hacer nada, estoy cansado, mis músculos no me responden.
Hay si pesara quince kilos menos!- Alcanzo a pensar- La bicicleta desaparece debajo de mí, sólo quedo ligado a ella por una puntera, que será la que no me va a permitir adelantar la pierna para caer más o menos armado. Mis manos, por suerte con guantes, son las primeras que dan con las piedras del sendero, pero la fracción de tiempo es tan breve, que no consigo apoyarme en ellas, simplemente se deslizan y mi casco golpea contra una piedra; lo mismo sucede con mis anteojos, y luego con todo el cuerpo que se arrastra por la inercia unos cuantos metros en esa nada blanda cama que me preparó el Limay en millones de años, sólo para mí.
Afortunadamente, y luego de unos interminables segundos, consigo incorporarme al no sentir dolores agudos. Tengo alguna espina clavada, varias excoriaciones en las piernas y en los brazos, el casco rajado, escupo tierra, pero nada que signifique un impedimento para seguir pedaleando.
Mis amigos que me esperan abajo tuvieron que hacer un visible esfuerzo para no reírse mientras les contaba mi desventura, parece que desde abajo, la caída fue realmente cómica.
Cada tanto nos encontramos con casas de pobladores, algunos corrales, cercas, perros. En la desembocadura del Chacay hay también un campo muy verde con canales de riego.
Desde el Limay hasta el paso debajo del cerro Teta hay un desnivel de más o menos seiscientos cincuenta metros y dieciocho kilómetros de subida. El camino es un camino vecinal bastante bueno y hay varios pobladores.
También alguna corta bajada, pero lo que es realmente fascinante son las rocas a la manera de pequeños Valle Encantados que decoran casi todo el recorrido y que tienen cuevas con pictografías rupestres. Para verlas hay que pedir autorización, naturalmente, y no olvidar una linterna, porque son muy oscuras. Cuando volvemos a la luz, la primera impresión es alucinante, sobre el filo de roca que corona los cerros que nos rodean, alineados como ejércitos, hay filas de estoicos cipreses que haciendo caso omiso del viento, crecen sobre la piedra aprovechando las pequeñas fisuras que el hielo abre en ellas.
Todo el trayecto nos permite imaginar ciudades medievales, castillos, animales, y figuras humanas, en fin, el único límite será nuestra inventiva exacerbada por el esfuerzo y el cielo azul velozmente surcado por las nubes que se pierden hacia el Este.
Varias veces se cruza el arroyo que va disminuyendo su cauce, en cambio lo que va en aumento es la pendiente, hasta que se llega al paso.
Como es un día domingo de elecciones, encontramos en el camino a un paisano, ataviado para la ocasión, que iba a votar de a pié y sonriente; casi nos hace avergonzar por el sudor y el hambre que bien podrían estar sólo en nuestra imaginación. Pero no era así, y un poco antes del paso, en un lindo prado con un arroyito cristalino, nos detuvimos a comer y a tomar agua fresca.
A treinta kilómetros de nuestra partida, llegamos al paso, la vista es fenomenal, se ve hasta Bariloche. Nos sacamos unas fotos, pero el viento nos está enfriando, de manera que nos ponemos los rompe vientos y encaramos la bajada que imaginamos muy veloz.
Efectivamente, en nueve kilómetros descendemos hasta Villa Llanquín, es una volada fantástica por un camino en buen estado en general, y con algunos pequeños vados que tomamos a tutta birra.
Al llegar a la casa donde dejamos la camioneta, en la que un conocido policía retirado y su familia ofrecen su hospitalidad, nos tomamos unas gaseosas deliciosamente frías y hasta nos convidan tortas fritas que, simplemente, devoramos.
De la caída ni me acordaba, pero mi cara estaba extrañamente surcada por el sudor sobre la tierra y cuando me vi en los vidrios del auto, pensé que el mugriento que me estaba mirando se había pegado el gran susto de su vida.

 
Para Llegar a Villa Llanquín
 

Saliendo de Bariloche en vehículo por la ruta 237 (a Neuquen), a 38 Km . encontramos la balsa, el puente colgante y del otro lado del Limay a Villa Llanquín.
Se puede dejar el vehículo en la playa próximo a la pasarela.
Como ejemplo tomaremos un excursión realizada un día de elecciones.

Domingo 14 de mayo de 1995

Km 0.0 10 :35 hs. Comenzamos a pedalear cruzando la pasarela a las 10 :35 de un día de elecciones presidenciales. Doscientos metros luego de la pasarela, sale caminito a la izquierda, río abajo. En unos pocos centenares de metros se transforma en una huella que bordea permanentemente el río Limay, y luego de pasar por frente a las casas de algunos pobladores, llegamos al arroyo Chacay

Km 13.3Llegamos a la altura donde el Arroyo Chacay desemboca en el río Limay. Hay casas con corrales, prado grande y verde con riego que proviene del Chacay. Aquí se termina la huella y comienza caminito vecinal que remonta el arroyo Chacay. El camino es casi permanente en subida, saliendo de la cota 720 msnm, y llegando al paso a cota 1350 msnm. (son 17.6 Km . y 630 metros de desnivel), cruzando reiteradamente el arroyo, buscando sus nacientes.

Km 20.8Tranquera y puesto de Rodríguez.

Km 24.0Caserío grande , luego hay una bajada corta y pronunciada, se cruza el arroyo y 200 mts después encontramos otras casa y un cartel con indicación "A las Cuevas" que apunta a la izquierda. Hablar con poblador y pedir permisos e indicaciones. Unos pocos Km. más adelante y a la vera del camino hay otras cuevas.

Km 29.5 Poco antes de llegar al paso, hay un prado verde con arroyo cristalino. Descanso para el almuerzo. Poco más adelante se ve el puesto del poblador Burgus.

Km 30. Llegamos al Paso. Desde aquí se ve el Limay y apenas la punta este del lago Nahuel Huapi. El camino sigue todo en bajada por el "Cañadón Pobre" hasta la misma Villa Llanquín.

Km 38.. Llegamos a Villa Llanquín. Un buen dato: 50 mts antes de cruzar la pasarela y 50 mts río abajo, está la vivienda de la familia .de un policía retirado, donde venden bebidas ¡frías!
Regreso a Bariloche con Vehículo por la ruta 237.

 
Consejos útiles
 

Es una excursión que puede hacerse en cualquier época del año, excepto en invierno, por la arcilla del camino que remonta el Chacay, que hace casi imposible avanzar.
Elementos a llevar (además de los estándar):

  • Mucha Bebida (el Arroyo Chacay no es limpio), y pastillas potabilizadoras de agua.
  • Mucho repelente de insectos y pantalla solar
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