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Ascendemos el Lanín
Ascendemos el Lanín

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ascendemos el Lanín

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ascendemos el Lanín

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ascendemos el Lanín

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ascendemos el Lanín

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ascendemos el Lanín

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ascendemos el Lanín

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ascendemos el Lanín

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En una experiencia inolvidable ascendimos a uno de los macizos andinos más populares de la Patagonia : el volcán Lanín. Equipos, autorizaciones, tiempos y todo lo necesario para realizar esta excursión de alta montaña.

 

Para lograr nuestro objetivo de una manera acabada y responsable contratamos los servicios de un guía de montaña habilitado por el Parque Nacional Lanín, quien se encargó de disipar nuestros interrogantes y de explicarnos qué equipo necesitaríamos para realizar la ascensión.

"El Lanín es una alternativa exigente" -explica el guía-. "Demanda un buen esfuerzo físico, y un nivel de exposición medio, ya que combina pendientes de acarreo rocoso con ambientes irregulares". Lejos de intimidarnos, esas palabras nos incitaron a dejar las dudas atrás y a decidirnos a realizar el ascenso. Lo que no podemos negar es que para realizar este tipo de excursiones se debe poseer un buen estado físico o, en su defecto, realizar un entrenamiento previo.

Nos esperaban tres días de trekking , internados en la inmensidad del Parque Nacional Lanín, durmiendo dos noches en refugios de montaña, conviviendo y sintiendo todos juntos la aventura a cada paso que diéramos.

 
Los Preparativos
 

Quedamos en encontrarnos el día anterior para chequear los equipos que usaríamos en la travesía. Es importante que éstos sean de buena calidad, lo que significa que deben ser impermeables, abrigados, pero de tamaño reducido.
Lo que no puede faltar por razones obvias es un calzado cómodo para transitar en alta montaña. A esto debe sumarse la mochila, bolsa de dormir, cantimploras, grampones, piquetas, bastones, polainas, guantes, gorros, anteojos con protección de rayos ultravioletas, protector solar de alto factor y protector labial, ya que el viento y el sol combinados pueden producir serias quemaduras. El guía nos aconsejó llevar de dos a tres mudas de ropa. Si las remeras son sintéticas, mucho mejor, puesto que secan rápidamente la transpiración que despide el cuerpo durante el ascenso.
En cuanto a los alimentos, nuestro guía se encargaría de llevar todo lo necesario para abastecernos durante los días que pasaríamos en la montaña.

Todo O.K. La expectativa creció considerablemente, y con ella las ganas de ver el amanecer del día siguiente para ir a la base del volcán propiamente dicho. El último consejo fue que esa noche comiéramos carbohidratos, si eran pastas mejor, ya que nuestro organismo necesitaría calorías para poder lograr el objetivo del día siguiente: llegar al refugio de montaña. .

 
Primer día la aproximación al refugio de montaña
 
La camioneta nos pasa a buscar por el lugar donde estamos alojados. En Junin de los Andes y recorremos unos 60 km hasta el Paso Tromen, donde se encuentra la Seccional Río Turbio del Parque Nacional Lanín. A lo lejos, silenciosa e imponente, la blanca figura del volcán de 3.776 m .s.n.m. parece desafiarnos

 

Luego de una caminata llegamos al puesto del guardaparque ubicado a los 1.100 m .s.n.m. Nos registramos y nos designan el refugio. El guía brinda una concisa charla de seguridad y, a partir de ese momento, las decisiones pasan por él. Nos distribuimos el equipo técnico, distribuimos los alimentos en las mochilas y nos preparamos para comenzar la ascensión. Siempre presente, observamos la cumbre de nieves eternas del volcán. La imagen es imponente.

 

Era aproximadamente las 10:15 de la mañana cuando comienzamos la marcha. Con ritmo parejo comenzamos a transitar un bosque de ñires que al ganar altura va desapareciendo, dejándole su lugar a las lengas. Vamos hacia la base del Lanín. El tiempo de marcha es siempre el del más lento. Somos un grupo y, como tal, respetamos las decisiones del guía que conoce la montaña. La hidratación es constante, y, por ende, a medida que sentimos que nuestro organismo necesita líquido, debemos aportárselo. De ese modo no corremos el riesgo de deshidratarnos.

 

Durante el transcurso el guía nos cuenta que el Lanín tiene un lugar privilegiado en la cordillera de los Andes. Por ser dos mil metros más alto que todos los cerros circundantes, desde allí se logra observar la línea de los volcanes Quetrupillán, Villarrica, Llaima, Lonquimay, Choshuenco y Achen Ñiyeu, además de los conocidos cerros Tronador, Bayo y Chapelco.

Al rato de caminar hacemos una parada de ajuste. Antes de abandonar el bosque de lengas el guía aconseja chequear el calzado, el peso de la mochila, y el posicionamiento del abrigo a mano.

Continuamos la marcha aproximándonos al inicio de la senda de montaña. Aprendemos que entre los lagos que podremos apreciar al ir ganando altura se encuentran el Tromen, el Quillén, la laguna Huaca Mamuil y la naciente del río Malleo.

 

Comenzamos a transitar la senda Espina de pescado, a los 1.200 m .s.n.m., ganando considerable altura. El sector por el que transitamos es una morena glaciaria. Nuestro paso es lento, constante y seguro. A nuestras espaldas, la perspectiva se agranda a cada minuto y con ella, el asombro y la contemplación se adueñan del tiempo. No nos olvidamos de hidratarnos.

 

Es ahora la 1 de la tarde y decidimos almorzar. El guía tiene preparada una vianda liviana, de fácil digestión y de rápida asimilación de proteínas y calorías, ya que rápidamente debemos continuar la marcha. Siempre atentos, nuestro guía y su asistente nos preguntan cómo estamos, y si sentimos alguna molestia. El grupo se consolida y todos juntos nos dejamos fascinar por la vista que el Lanín nos tiene preparada. A lo lejos, las cristalinas aguas del lago Tromen nos demuestran la altura que fuimos ganando.

Continuamos la ascensión. En este sector, el terreno presenta mayor pendiente, por lo que los tiempos de marcha son más cortos y las paradas más largas. De este modo, eliminamos la fatiga del cuerpo.

 

En función del refugio asignado por el guardaparque nuestro guía decide tomar la ruta Directa para aproximarnos a él. Advertimos las sendas conocidas como Camino de mulas y La canaleta. La senda por la que transitamos presenta un grado de dificultad medio, por lo que debemos prestar atención a cada movimiento que realizamos. Siempre constantes, continuamos subiendo.

a las 3 y media de la tarde hay una nueva parada de ajuste. El cansancio en las extremidades inferiores es mayor y comienza a sentirse el peso de la mochila. Esto cambia nuestra forma de caminar, pues cambia nuestro centro de gravedad que, sumado a la pendiente, obliga a trabajar a grupos musculares que ocasionalmente utilizamos. Recordamos hidratarnos a cada instante y, entre parada y parada, ingerimos caramelos y barras energéticas para elevar los niveles de glucosa. La panorámica es indescriptible. Además del lago Tromen aparece a lo lejos una montaña conocida como el Colmillo del Diablo.

 

Al rato de caminar divisamos nuestro refugio, el R.I.M. 26 (Refugio de Infantería de Montaña) ubicado a los 2.450 m .s.n.m. Las ganas de llegar a él se intensifican y luego de unos minutos de descanso reanudamos la marcha.

Son las 5 de la tarde y acabamos de llegar al refugio, allí aprovechamos para cambiar nuestra ropa transpirada y aflojar o cambiar nuestro calzado. El guía nos explica que el lugar donde se encuentra el "baño" está ubicado a unos 50 m del R.I.M.

Acondicionamos el lugar ocupando sólo los espacios necesarios. Es aconsejable tomarse un tiempo para elongar. Estirar bien los músculos que más se utilizaron durante la jornada es un buen ejercicio para no sentir dolores o molestias al día siguiente. Acomodamos las bolsas de dormir y seleccionamos el equipo de ascensión que utilizaríamos al día siguiente.

Una vez acomodados, nuestro guía comienza a derretir nieve para preparar agua y poder cocinar. Voluntariosos, colaboramos con ese cometido, mientras otras personas se encargan de preparar una "picadita" que coronaría el momento. Luego de tomar algo caliente -sopa instantánea, té o café- descansamos unos instantes observando las tareas que realizan el asistente y el guía de montaña.

 

Comienza a atardecer. El anaranjado crepúsculo nos augura que el día siguiente presentará condiciones similares a las de hoy. La sombra del volcán nos permite observar su imponente silueta, que desde lo alto parece ser más grande aún.

Luego de una pequeña charla que nos instruye sobre cómo utilizar el equipo técnico (grampones y piquetas), nos disponemos a cenar. La comida, como era de esperarse, es a base de carbohidratos: ravioles con salsa de hongos. Es importante una buena cena, porque energiza y "alimenta el espíritu de la aventura" -dice el guía.

 

A eso de las 9 y media de la noche dejamos las linternas a mano y nos acomodamos en las bolsas de dormir. El silencio sólo es interrumpido por el viento que azota el techo del refugio de montaña. Todos nos dormimos, hasta el amanecer siguiente.

 

Hoy hacemos la cumbre

 

Sol las 4 de la mañana cuando nos despertamos, nos espera uno de los días más largos y agotadores. Comenzamos a levantarnos y a acomodar nuestras cosas. Mientras el ayudante de montaña prepara el desayuno, el guía evalúa si las condiciones climáticas nos permitirán intentar el ascenso hasta la cumbre.

 

Al rato desayunamos algo caliente, acompañado con galletitas, nueces, avellanas y pasas de uva, que aportan vitales calorías para consumir durante la jornada. Nos abrigamos, y nos ponemos protector solar en el rostro y crema de cacao en los labios. Cargamos la mochila con abrigo, comida y líquido, dejando las cosas que no utilizaremos en el refugio.es el momento de los ajustes finales.

Al las 5 de la mañana salinos y el hermoso amanecer nos regala un cielo rojizo que parece prenderse fuego , contemplamos la alborada y comenzamos a percibir el tibio calor de un sol distinto a otros. el sol del Lanín.

 

Comenzamos a ascender. Luego de unos pocos minutos, el guía nos indica que debemos ponernos los grampones para continuar. Una vez que están bien ajustados, continuamos la marcha en "travesía", es decir, subimos la pendiente realizando pequeños zigzag sobre la misma. Para caminar correctamente con esta parte del equipo mientras se sube, es necesario asentar primero la punta del grampón y terminar el movimiento del pie apoyando el talón, quedando de esta manera todas las puntas del mismo apoyadas en la nieve. Cuando se realizan paradas o cambios de travesía es importante quedar siempre frente a la montaña, disminuyendo de ese modo los posibles resbalones.

 

A eso de las 7 de la mañana llegamos al refugio C.A.J.A. (Club Andino Junín de los Andes) la postal es única e inolvidable. Desde este punto, ubicado a los 2.600 m .s.n.m. logramos observar a los volcanes Llaima, Quetrupillán, la laguna Huaca Mamuil, y las conformaciones pétreas conocidas como " La Peineta " y el "Colmillo del Diablo". Una alfombra de nubes grises abraza al resto de los cerros circundantes.

Luego de descansar nuestros sentidos unos instantes e hidratarnos, continuamos la marcha hasta el Plato de los 3.000 m .s.n.m. La pendiente se intensifica, el cansancio se apodera de nosotros, pero tranquilos y constantes nos vamos aproximando.

Son las 8:30 y llegamos al Plato de los de 3.000 metros . Pasamos un promontorio de roca que nos conduce a la Canaleta del silencio, desde donde observamos la soberbia cumbre como un testigo silencioso de nuestro paso. Transitamos por la canaleta que nos llevará directamente a la cima.

 

Continuamos por la Canaleta del silencio manteniendo el mismo ritmo de marcha. En este punto aparece el volcán Villarrica. Maravillados ante la nueva perspectiva recargamos nuestras fuerzas para llegar a la pre-cumbre.

En la pre-cumbre comenzamos a utilizar las piquetas. La ascensión continúa siendo en travesía. La ansiedad por llegar se intensifica. ¡Vamos que falta poco! -nos alienta el guía.

 

Hacemos cumbre a la 1 y 15 de la tarde y todos los sentidos quedan sujetos a la inmensidad del paisaje que nos rodea.

 

En la cima giramos 360º, observando los volcanes Villarrica y Mocho hacia el lado de Chile. Al sur vemos el cerro Tronador, el Puntiagudo y, en la lejanía, el volcán Osorno. Hacia el norte, una vez más, contemplamos el volcán Llaima y, más abajo, el cerro Peineta.

Desde la cima, los lagos Tromen, Huechulafquen y Paimún parecen ser apenas unos charcos de agua. Una tranquilidad y una armonía sin igual nos invaden cuando reaccionamos: estamos en lo alto de la Patagonia. Comienzan los festejos: descorchamos vino y champaña, deseando que los minutos sean eternos, que se congelen como el glaciar que estamos pisando.

 

"Esto es como la vida misma." -reflexiona pensativo nuestro guía- "Es como cuando uno se propone un objetivo y hace todo lo que está a su alcance para conquistarlo". Aquella frase inicial resuena en nuestro interior, pues era verdad: en aquel rincón remoto nos estábamos explorando a nosotros mismos.

Son las 2 de la tarde y luego de sacar fotos y de disfrutar de las distintas panorámicas, levantamos la basura que ocasionamos y nos preparamos para emprender el regreso al refugio.

A las 2 y cuarto comenzamos el descenso, la técnica para bajar con los grampones es similar a la de la ascensión, con la diferencia que primero se debe afianzar el talón y después el resto del pie. Extasiados por el momento fraternal que vivimos en la cima, fuimos descendiendo.

Las paradas de descanso las efectuamos en el Plato de los 3.000 metros , en el refugio C.A.J.A. y unos metros antes de llegar al R.I.M. 26, donde el guía y su ayudante nos enseñaron cómo trabar las piquetas en caso de algún resbalón -una explicación que nunca está de más y que nos puede servir para futuras ascensiones-.

 

Eran las 5 de la tarde y estábamos mucho más relajados cuando llegamos al refugio de montaña, donde repetimos la operativa del día anterior para disponernos a descansar hasta la mañana siguiente. Todos descansamos en nuestras bolsas de dormir.

 
Día de regreso
 

Son las 9 de la mañana y luego de desayunar, acomodamos las mochilas, levantamos la basura, ordenamos los equipos y emprendemos el descenso. Aprovechando la nieve, nuestro guía decide que descendamos por La Canaleta , utilizando los grampones y la técnica de descenso aprendida la tarde anterior.

En la intersección del Camino de mulas y La Canaleta nos sacamos los grampones y continuamos descendiendo por la Espina de pescado. En el camino, nos vamos hidratando.

Al mediodia abandonamos la senda y, con ella, la base del Lanín. Entramos en el bosque de lengas. Allí realizamos una parada de ajuste para acomodar los equipos. Una vez más, apreciamos la imagen del volcán. Nos resulta extraño pensar que unas horas atrás estuvimos parados en su cima. Con un gesto de respeto saludamos al volcán y nos internamos en el bosque.

A las 12 y media llegamos a la Seccional Río Turbio del P.N.L. en donde nuestro guía da aviso de nuestro retorno.

El transfer pasa a recogernos por el puesto del guardaparque para llevarnos nuevamente a Junin de los Andes. Contentos porque ninguno de los participantes tuvo mayores problemas al realizar la ascensión, somos felicitados por el guía de montaña y su ayudante por el éxito obtenido. Internamente sabemos que hemos homenajeado a la libertad de nuestro propio ser.

Nota: No siempre es posible llegar a la cumbre, debido a las posibles inclemencias del tiempo que, a esta altura, es el que determina el logro del objetivo, además de las cuestiones de seguridad o físicas que siempre son decididas por el guía.
Excepto para quienes cuenten con la indicación médica de no hacer esfuerzos, esta travesía es considerada apta para todo público, a partir de los 14 años. De todas formas, se recomienda realizar la ascención acompañado de un guía nacional de montaña habilitado por el Parque Nacional.

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