Es la capital de la provincia, ubicada al pie de la sierra de Velasco y en el borde de dos territorios contrastantes: las sierras, hacia el norte, y los extensos llanos, hacia el sur. Ambos paisajes, tan próximos como diferentes, dan a La Rioja su particular carácter.
Pertenece al grupo de ciudades más antiguas de nuestro país, fue fundada en 1591 por don Juan Ramírez de Velasco, conquistador español de muy noble linaje, quien le dio el nombre de su pueblo natal, La Rioja , en Castilla La Vieja.
El fundador gobernaba la vastísima provincia virreinal del Tucumán. Ansioso por poblarla y hallar riquezas, montó, con el hacendado Blas Ponce, la expedición «más importante y mejor avituallada» que quedó registrada en las crónicas comarcanas.
Después de dos meses de proezas, talando montes y bordeando desiertos, llegó la caravana a Yacampis, un pequeño oasis con agua de la quebrada, don-de había acequias y cultivos indígenas.
Elegido el lugar, en una protocolar ceremonia se realizó la fundación. La ciudad recibió un trazado cuadricular, con una plaza mayor en el centro, rodeada de las instituciones principales.
Hasta fines del siglo XIX fue el único centro urbano de la provincia y conservó los rasgos de una ciudad colonial, con antiguas familias de arrai gadas tradiciones y casonas con patios de na ranjos, perfumados por azahares.
El terremoto de 1894 derrumbó aquella Rioja y transformó su imagen, pero quedaron en pie historias, costumbres y un orgulloso sentimiento localista, que se mantiene vivo y se expresa cotidianamente en múltiples formas. |