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Una visita por el Pucara de Tilcara
Vista del Pucara de Tilcara

 

 

 

 

 

 

 

 

Monumento a Amborsetti

 

 

 

 

 

 

 

 

Vista del Pucara de Tilcara

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Vista general del  Pucara de Tilcara

 

 

 

 

 

 

 

 

Pucara de Tilcara

 

 

 

 

 

 

 

 

Pucara de Tilcara

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Museo arqueologico de Tilcara

 

 

 

 

 

 

 

 

Pucara de Tilcara

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Una parcialidad de indígenas omaguacas habitó estas tierras hace más de 900 años. Eran los Tilcara que montaron un pucará (fortaleza en idioma quechua ) de casi 8 hectareas en una posición estratégica , sobre un cerro a casi 80 metros del río Grande. La reconstrucción permite conocer los usos y costumbres de los antiguos pobledores

 

Tilcara

 

Desde la llegada de los españoles, y a partir de la construcción de la iglesia, se fue delineando el pueblo, asentado en la parte inferior de la cuenca del río Huasamayo. Este se origina en la falda de la sierra de Tilcara, a 2.900 metros , y en su tramo medio permite cultivos de regadío que aprovechan los bancales construidos en tiempos prehispánicos. Más abajo, el cauce se encajona al atravesar un paredón de montaña de rocas duras, lugar imponente que ha recibido el sugestivo nombre de Garganta del Diablo. Hasta allí se llega por un camino de cornisa desde donde se puede apreciar un largo tramo de la quebrada.

Tilcara se asentó sobre el último tramo del río Huasamayo, en cuyo centro se levanta un conoide torrenticio de tamaño verdaderamente colosal: 1,5 km de largo y 110 m de desnivel. Su ubicación es excepcional pues es el único pueblo de la quebrada que se encuentra en la banda oriental del río.

El nombre Tilcara recuerda a la parcialidad indígena que allí habitó y que levantó la fortaleza más importante del lugar. En 1593, Francisco de Argañaraz y Mujia, fundador de la ciudad de San Salvador de Jujuy, se adjudicó la encomienda de Tilcara y ésta pasó a manos de sus descendientes. Al mismo tiempo que los herederos de Argañaraz se sucedían como señores de la encomienda, la institución del cacicazgo perduró en los herederos de Viltipoco, caudillo indígena que había encabezado a los omaguacas en su enfrentamiento, en 1594, con el conquistador Argañaraz. Caciques de apellido Viltipoco, Chapor y Vilti gobernaron la tribu por lo menos hasta fines del siglo XVII. El pueblo prosperó durante el siglo XVIII. En 1773 se dividió en dos el curato de Humahuaca y el nuevo curato, que comprendía desde Huacalera hasta León, tuvo su sede en Tumbaya. En 1777 se resolvió que el párroco quedara en Tilcara y pusiese al ayudante en Tumbaya. En 1860 Tilcara fue designada oficialmente como sede del curato.

Desde principios de este siglo el pueblo se transformó en un centro veraniego de importancia para los jujeños y, más tarde, en centro turístico que atrajo a diversas gentes provenientes de todo el país. También comenzaron en el Pucará las investigaciones y las excavaciones que han continuado hasta nuestros días. Debido a ello, ambos hechos culturales -el turismo y la investigación científica- han provocado que. en la actualidad, la composición étnica y cultural de la población tilcareña sea muy variada, incluyendo coyas del altiplano, descendientes de los omaguacas, clase media de Jujuy, investigadores del Instituto de Antropología de Buenos Aires y artesanos y viajeros de diversas partes del país o del extranjero.

 

Fiestas de Tilcara

 

El Enero Tilcareño, del 15 al 31, es al mismo tiempo veraniego, social y deportivo. Durante el carnaval, toda la quebrada se moviliza.

Semana Santa es algo especial en Tilcara, con sus imágenes religiosas elaboradas con flores y hojas. Más impactante aún es el descenso de la Virgen de Copacabana, que viene del santuario de Punta Corral flanqueada por sus custodios vestidos como soldados romanos y a hombros de miles de fieles descalzos, en marchas que superan las ocho horas.

 

Que conocer en una visita

 

En automóvil, por la calle de entrada a 500 m de la plaza llegará, subiendo unos tramos de escaleras, a un lugar desde donde tendrá una vista general del poblado, de la quebrada y, al fondo, asomando hacia el sudoeste, del nevado del Chañi.

Retornando a la esquina de la plaza, doble a la izquierda por Rivadavia y continúe hasta cruzar el río Huasamayo. En unos 350 m llegará al Pucara de Tilcara.

 

Pucara de Tilcara.

 

Según la etimología, pucará es un sitio fortificado, habitualmente en lugares elevados.

Al llegar, encontrará el Jardín Botánico de Altura. muestrario en vivo, ordenado y bien diseñado. de árboles y arbustos de la zona, cada uno con sus nombres vulgares y científicos.

Al lado de la entrada existe una cafetería que permite reponer fuerzas al volver, además de contar con mapas y folletos. Se puede subir hasta la cima en automóvil pero se recomienda dejar el vehículo abajo y seguir a pie el recorrido propuesto para descubrir paulatinamente las sorpresas que ofrece el lugar.

Recorriendo el sendero, por donde también se accedía en tiempos prehispánicos, se pasa por una de las áreas reconstruidas entre 1950 y 1955 por el doctor Eduardo Casanova, de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, propietario de las tierras del Pucará desde 1948, cuando le fueron donadas por. ley de la provincia de Jujuy. Ingresando al llamado Barrio de La Entrada se aprecian los recintos sin techar en forma de patios y las habitaciones que se aglomeran siguiendo las curvas del terreno, dejando espacios libres a la manera de calles o senderos.

El espectáculo conmueve por la grandiosidad del marco geográfico, la complejidad y el mimetismo de la arquitectura y el silencio de la ciudad muerta. Las habitaciones y los espacios a cielo abierto se cierran con muros construidos con piedras irregulares.

Sobre ellos había tablas de cardón o cañas que sostenían la cubierta de torta de barro, a una sola agua. La Casa 1 muestra el esquema distributivo de estas viviendas: por una abertura en la pared baja se accede a un patio y desde él, al interior de una habitación techada atravesando otra estrecha abertura en el muro. En el patio se observa el pozo de una sepultura redonda que, cuando se construyó, estaba tapada por dos grandes

piedras y con tierra encima. Un poco más arriba la Casa 2, siguiendo el mismo esquema, tiene un gran patio; la habitación se subdivide por un tabique. La más grande, más interesante y mejor construida es la Casa 3: dominando el ingreso al Pucará, se eleva sobre una muralla de contención. Se entra bajando a un gran patio de casi 20 m x 10 m que, a cada lado tiene, dos grandes habitaciones. En el lado este del patio hay otra pequeña habitación con su piso a nivel más bajo.

Volviendo al sendero de entrada, se avanza en dirección a la llamada Iglesia, ascendiendo 200 m en zigzag hasta los 2.510 metros Se llega al conjunto conocido como La Iglesia

 

La Iglesia

 

Es notable por su disposición arquitectónica. Según la leyenda, en las noches de luna llena una campana de oro que estaba allí enterrada resonaba con gran fuerza. El conjunto excede los 200 m2 y se compone de un primer patio al que se comunican un corral de llamas y una habitación. Un muro bajo, con una puerta, permite el acceso al lugar más interesante, el segundo patio. A la derecha se encuentra la habitación y de su puerta sale un sendero de lajas de 2,35 m que lleva hasta lo que parece ser un altar construido con delicadeza. Sobre la pared sur, de casi 3 m de altura y 90 cm de espesor, se encontraron enterrados dos esqueletos de adultos sin ajuar.

Más hacia el centro hay un segundo altar adosado a un recinto techado donde se halló un aríbalo incaico y, a su lado, una pequeña cámara de las que se usaban para colocar cráneos-trofeo, aunque sólo se encontraron en ella dos platos con asas en forma de pájaros.

En 1930, Salvador Debenedetti sospechó que este singular conjunto debió de servir para actividades ceremoniales que sé desarrollarían en el segundo patio, mientras los que acudían a presenciarlas permanecían en el primer patio. Varios datos apuntan a concluir que este presunto santuario se construyó en el período de importante influencia incaica: la ortogonalidad rigurosa de las dos habitaciones y del segundo patio, el nicho en el rincón sudoeste de la pared sur y el aríbalo en el recinto adosado al mismo muro. Aceptando esta hipótesis, Casanova, en 1968, considerando la exacta orientación este-oeste del eje que va de la puerta de la habitación al altar a través del sendero de lajas, arriesgó otra hipótesis: se trataría de un templo cuyos dos altares estarían dedicados al Sol y a la Luna.

Desde la Iglesia sigue un sendero por la cumbre que permite admirar un magnífico panorama hacia el norte. Este sendero lleva al Barrio del Alto donde, además de un conjunto de viviendas, se encuentra el estacionamiento de vehículos al lado del monumento dedicado a los arqueólogos Juan Ambrosetti y Salvador Debenedetti, levantado en 1935, según un proyecto del entonces presidente de la Academia Nacional de Bellas Artes, arquitecto Martín Noel. Este elogiable homenaje junto al estacionamiento ha perturbado científica y visualmente al pucará.

Bajando desde este conjunto hacia el sudoeste,a 180 m se pasa por los corrales de llamas, ubicados cerca del río. Dando toda la vuelta al cerro por su base llegará a la Necrópolis , con más de cien sepulcros, la mayor parte de ellos cilíndricos, de un diámetro que va desde 70 cm a 2 m . En ellos se encontraron uno o más esqueletos envueltos en telas y sujetos en posición de cuclillas por medio de sogas con hebillas de madera. Un poco más adelante, se termina la visita llegando nuevamente al Barrio de La Entrada.

Vuelva en automóvil hasta la Plaza Coronel Alvarez Prado, llamada así en homenaje al notable guerrero de la independencia, nacido en Maimará en 1785 y activo en todas las batallas de la quebrada hasta su muerte en 1836. La plaza, llamada también plaza Grande, es otro ejemplo típicamente quebradeño de plaza-jardín, verdadero oasis verde entre calles sin árboles. Deje allí el auto, ingrese sobre la vereda sur de la plaza al Museo Arqueologico (explicado en Museo Arqueológico de Tilcara)

 

Saliendo al primer patio se encuentran grandes piezas pétreas, entre ellas tres menhires hallados en el Pucará de Rinconada.

Adyacente al Museo Arqueológico está el Museo Soto Avendaño

 

Museo Soto Avendaño

 

Es museo depende de la Dirección de Cultura de la provincia; y está alojado en la casa natal del coronel Manuel Alvarez Prado, en el se exhiben una muestra de las obras del escultor Soto Avendaño, nacido en 1886 en Olavarria.

Fue discípulo de Correa Morales, luego, entre 1928 y 1961, profesor de la Escuela Superior de Bellas Artes de Buenos Aires y autor del Monumento a la Independencia emplazado en Humahuaca

Se exponen también objetos que pertenecieron al coronel Alvarez Prado.

Sobre la misma calle Belgrano encontrará en la vereda de la plaza puestos provisorios de venta de artesanías, principalmente cerámicas y tejidos.

En la misma vereda de los museos hay dos negocios donde también puede comprar cerámica, metalistería y tejidos artesanales de buena calidad.

En la calle Rivadavia, a mitad de la cuadra, se llega al Museo Regional de Pintura José A. Terry . (ver paseo Museo Regional de Pintura José A. Terry)

 

Salga del museo y cruce por el pasaje peatonal que une las dos plazas: llegará a la plaza Chica, ambiente arbolado de no más de un cuarto de manzana de superficie que, al tener una esquina ciega y menos animación permanente, es más recoleto. Ahí está la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario (MHN)

 

Iglesia de Nuestra Señora del Rosario (MHN)

 

Como todas las iglesias de pueblos de encomienda, soportó muchas vicisitudes en su construcción y reconstrucción. La historia más reciente señala que tanto en 1865 como en 1894 se realizaron arreglos y que, en 1941, se la restauró manteniendo la fachada de 1894, con doble torre y un parapeto central coronado por balaustradas que tapan los dos planos inclinados del techo de la nave. El interior, muy largo, culmina en un retablo de mampostería. Si bien no es de gran valor histórico-arquitectónico, son valiosas sus seis Escenas de la Vida de la Virgen , pinturas de la escuela cusqueña recientemente restauradas.
Junto al baptisterio está el sepulcro del coronel Manuel Alvarez Prado.

Al salir de la iglesia continúe hacia el este hasta la calle Sorpresa, que ofrece la atmósfera más antigua del pueblo de fines del siglo XIX..

Retorne a la plaza Grande. Desde Tilcara pueden efectuarse algunas excursiones a pie por los alrededores, para lo cual es conveniente conectarse con el «Centro de Guías» de la Dirección Municipal de Turismo.

Es recomendable realizar el paseo a la Garganta del Diablo, caminata de unas 2 horas en total, durante las que puede disfrutar de magníficas vistas de la quebrada y los cerros cercanos.

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