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El fin jesuita

 

 

 

 

 

 

 

A inicios de la década de 1760 fueron expulsados de Francia, Portugal y los Países Bajos.

En 1767, Carlos Ill ordena que la Compañía de Jesús sea expulsada de todas las colonias de la Corona. Las máximas autoridades territoriales (virreyes, capitanes generales, gobernadores y

presidentes) recibieron una Real Orden confiden cial y secreta en la que se ordenaba que en cada territorio, en un mismo día, y en todos los lugares donde hubiese miembros de la Orden , se presentaran fuerzas militares, redujeran a sacerdotes y hermanos y los trasladaran a un puerto de embar que donde, como prisioneros, esperaran algún barco con destino a Europa.

No se excluyó de esta erradicación ni a los ancianos que habían entregado la vida a su apostolado, ni a los enfermos. Se dice que cuando llegaban las fuerzas, los je suitas los esperaban con las maletas preparadas.

 

Los efectos de la expulsión

 

El efecto de la expulsión tuvo diversas conse cuencias: en lo social, se perdió el ascendiente de las clases altas, donde la Orden actuaba como educadora, orientadora y confesora.

En lo religioso, los jesuitas fueron reemplazados por los franciscanos que, desde sus diferentes «colegios» (división territorial de esa Orden) tuvieron que enviar contingentes que reemplazaron -malamente en un principio- las diferentes labores evangelizado ras y educadoras de los jesuitas.

En lo económico, el efecto inmediato fue desastroso, pues se disol vió, en un instante y por falta de dirección, toda la infraestructura agroindustrial montada por la Orden , pero tuvo, a mediano plazo, el efecto del ascenso de una nueva clase socioeconómica.

Todas las propiedades jesuíticas de carácter no religioso ni educativo pasaron, por Real disposición, a poder de la Corona y fueron administradas por la expresamente creada Junta de Temporalidades, que debió traspasarlas a particu lares, al más breve plazo y por pública licitación.

Los principales adquirentes de estos bienes fueron comerciantes y navegantes, una clase social emergente en la Colonia de mediados del siglo XVIII. Avalados por estas nuevas propiedades y por sus poderosos patrimonios, fueron los que compraron títulos nobiliarios a la Corona , crearon los Mayorazgos e instituyeron la aristocracia que orientó el país hasta fines de siglo XIX.

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