Separado de la costa, en la confluencia de los ríos Paraná y Uruguay se extiende un vasto sector cuya morfología conoció una lenta evolución en los últimos siglos y todavía se encuentra en formación. Es de origen aluvional y avanza sobre el río de la Plata a razón de 50 cm por año, como consecuencia de la enorme cantidad de material sedimentario -unos noventa millones de toneladas anuales- que recibe el Paraná de sus afluentes Pilcomayo y Bermejo. Estos nacen en los Andes salteños y bolivianos, desde donde se produce el arrastre.
El sistema de islas del delta, separadas por una intrincada red de riachos y canales, se extiende desde las costas de Buenos Aires hasta las de la provincia de Entre Ríos. El caudal se modifica permanentemente. En algunos sectores es notoria la influencia que ha tenido la labor humana, con la construcción de canales artificiales, obras de tablestacado, dragado de los ríos, desecado y forestación de islas.
La lenta formación de islas comienza con la aparición de juncales, una densa biomasa acuática liderada por un junco de la variedad Scyrpus californiana, una planta que crece en aguas barrosas y poco profundas. El rápido crecimiento de tallos y rizomas -llega hasta 300 tallos por m2-fomenta la sedimentación. Le siguen otras plantas acuáticas, como camalotes de flor azul, «cola de zorro» y repollitos de agua. Al acumularse mayor material sedimentario, se forma paulatinamente el «albardán» o borde, el cual definirá el perímetro de la futura isla. Queda en el centro una laguna que se va drenando progresivamente, incorporándose otras especies de plantas; la vegetación terrestre es la última en asentarse. En las islas de estado más avanzado de evolución aparecen los bosques de sauces, ceibos y, en menor cantidad, alisos. |