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Fauna
La pescadel Dorado en Entre Ríos
 
Dorados en Entre Ríos
 
Serpiente Yarara
 
 
Surubi
 
El hornero y su nido
 
Yacaré
 

Las características del clima, la abundante vegetación y la existencia de numerosos cursos de agua que presenta la provincia de Entre Ríos, contribuyen a la existencia de una fauna silvestre muy rica y variada.

En el centro de la provincia existen animales muy característicos, vizcachas, martinetas, mulitas, zorros, garzas, tucu-tucus, tortugas de variados tipos, liebres, perdices y gallaretas son algunos de los más destacados.

Ya en las zonas, este y oeste de Entre Ríos, conviven carpinchos, nutrias, y lobitos de río. Entre las aves están los cardenales, jilgueros y loros, patos, gallaretas, garzas y pirinchos. Los peces que más abundan son:

  • Pejerrey de río (Basilichthys bonariensis): se captura desde el otoño hasta la primavera.
    Sábalo (Ptochilodus platensis): de carne abundante y algo grasa.
  • Palometa amarilla (Serrasalmus aureus): semejante a la piraña Manduví (Ageneiosus valencionnensis): de tamaño reducido, puede pesar hasta un kilo.
  • Manduvá (Ageneiosus brevifilis): es similar al manduví.
  • Taratira (Hoplias malabaricus): pez carnívoro que llega a pesar 5 kilogramos. Durante el invierno se entierra en el barro.
  • Manguruyú (Paulicea luetkeni): puede llegar a medir 2 metros y pesar 100 kilogramos.
  • Surubí atigrado (Pseudoplatystoma fasciatum): de carne grasa, puede llegar a pesar 100 kilogramos.
  • Surubí manchado (Pseudoplatystoma coruscans): similar al surubí atigrado.
  • Patí (Luciopimelodus pati): similar al bagre aunque sin espinas en las aletas, se captura en primavera.
  • Dorado (Salminus maxillosus): los mayores ejemplares se encuentran en el río Paraná, llegando a medir un metro y pesar 20 kilogramos.
  • Pacú (Colossoma mitrei): llega a pesar hasta 15 kilogramos.

Entre los reptiles y tortugas, se pueden encontrar yacarés, sapos, ranas, escuerzos, lagartijas, lagartos verdes.

Las especies más comunes de serpientes y culebras son la Yarará gris o urutú que habita el litoral, la mesopotamia y el centro del país, de veneno muy poderoso puede medir un metro de largo; la Serpiente de la Cruz, que llega a medir hasta dos metros de largo, con cabeza achatada con una cruz blanca, agresiva, irritable, es común encontrarla dentro de las viviendas. La yarará falsa o culebra ñata, se la puede encontrar en todo el país. La serpiente de Coral, cuyo veneno es muy poderoso, no es agresiva y el tamaño de sus colmillos no le permite atacar fácilmente al hombre, alcanza poco más de un metro y se caracteriza por su color negro con anillos rojos y amarillos. Existen también las falsas serpientes de coral, en apariencia similares a las serpientes de coral pero totalmente inofensivas. La Mussurana, de color azulado, es devoradora de yararás.

 
El hornero
 
Es el pájaro más querido por la gente de campo. Construye su nido semejante en su forma al horno criollo, con dos habitaciones, utilizando barro y ramas, en lo alto de los árboles o postes. El hornero ubica siempre la entrada del nido orientada de cara a los cálidos vientos del norte, protegiéndolo del frío y húmedo pampero. La pareja de horneros es monógama y estable.
 
Leyenda del Hornero
 
Cuenta la leyenda que el hornero era un bravo cazador que vivía en un apartado lugar, solo con su padre. Amaba el joven a una muchacha cantora que conociera en una excursión, pero llegado a la edad juvenil tuvo que someterse a la prueba triple de virilidad que era obligatorio en su Tribu. El triunfador obtendría a la hija del Cacique como premio. Para ello debía vencer en dos carreras, una a pié y otra nadando, luego someterse a una prueba de ayuno, que consistía en estar encerrado, inmóvil entre cueros y sin tomar más que líquido durante nueve días. Cuenta la tradición que el bravo cazador triunfó en todas las pruebas, pero se demoraron en ir a sacarlo del saco de cuero. Cuando lo hicieron comprobaron que se achicaba hasta convertirse en un pequeño pájaro de plumas apagadas. Y desde su lugar de encierro voló hasta la cima de un lapacho, donde lanzó su primer y melodioso canto, renunciando de este modo a la hija del cacique. Con el tiempo aquella muchacha también se convirtió en ave y voló para hacerle compañía.
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