Ubicada entre las lomadas se encuentra Diamante, llamada también la ciudad blanca por la coloración de su suelo arcilloso y de arenas silíceas.
La región fue parte de la merced de tierras de Hernando Arias de Saavedra, Hernandarias, primer Gobernador criollo del Río de La Plata y yerno de Juan de Garay. Al comienzo del siglo XIX, en la época de las luchas por la Independencia, el Di rectorio mandó colocar en Punta Gorda una batería para impedir las correrías por el Paraná de los españoles afincados en Montevideo.
En 1832, el gobernador Pascual Echagüe, con el propósito de formar una colonia militar, trasladó a este lugar a un grupo de familias guaraníes y charrúas que se habían sublevado en el territorio de la actual República Oriental del Uruguay. En febrero de 1836, el mismo gobernador mandó fundar el pueblo El Diamante, teniendo como patrono a San Francisco Xavier, delimitando la planta urbana sobre las riberas del río.
En 1848, el general Justo José de Urquiza habilitó aquí un puerto para la importación y exportación, incentivando la agricultura y la ganadería y promoviendo la inmigración.
El mismo Urquiza, en 1851, cruzó el río Paraná desde Punta Gorda, iniciando el avance hacia Buenos Aires que terminó con la derrota de Juan Manuel de Rosas en la batalla de Caseros, por eso en 1942 se declararó a Punta Gorda Sitio Histórico Nacional.
Gracias a la inmigración y la explotación agrícola, a principios del siglo XX el puerto de Diamante alcanzó niveles internacionales y la ciudad desarrolló un singular perfil urbano por las irregularidades del terreno, en altura sobre el río Paraná.
Considerada un paraíso de la pesca, es elegida por los grandes pescadores deportivos, ya que en las aguas del río Paraná se pueden encontrar excelentes ejemplares de sábalos, bogas, dorados, pejerreyes, surubíes, patíes, bagres, armados, anguilas y moncholos. |