Pequeña y paradisíaca población de fuertes reminiscencias alpinas, desarrollada en una extensión de 500 ha de relieve irregular, árido y desola do, transformado por la labor que desde 1934 han desarrollado el Dr. Helmut Cabjolsky y los hermanos Behrend.
El resultado es un microambiente de condiciones climáticas excelentes, donde cada estación imprime sus propios atractivos.
El otoño se destaca por los tonos dorados y rojizos, el invierno por las frecuentes nevadas, la primavera con el florecimiento de frutales, retamas y digita les, y el verano es seco, con un paisaje muy verde y abundantes frutos silvestres como zarzamoras y grosellas. Es un paraíso para los amantes de la fotografía.
Los fotoclubes organizan visitas y concursos, particularmente durante el otoño.
En el inicio los Behrend instalaron un vivero y construyeron una casa de veraneo, que ampliaron y habilitaron como hostería, hoy hotel La Cumbrecita.
El lugar atrajo a familias de distinta procedencia y se comenzó el loteo, trazándose caminos internos, mejorando el camino de acceso, forestando, instalando las redes de agua, electricidad y otros servicios.
Los habitantes son celosos defensores de su villa, por lo que piden a los visitantes que no corten flores ni plantas, eviten ruidos que alejen los pájaros, mantengan la limpieza, que sean cuidadosos con el fuego y que, si ingresan con vehículo, conduzcan a velocidad mínima. |