Caza  en Argentina
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Panorama de la Caza

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Entre las escasas leyendas de los grupos indígenas "onahaus", "yaganes" y "alacalufes" figura una referida a la aparición de animales silvestres en la Isla Grande. Según ella los primeros que pasaron por el istmo que la unía al continente fueron los guanacos. Después, y según sus huellas, cruzaron los zorros. El puma, que se guía siempre por su sobrino el zorro, estaba distraído comiendo precisamente uno de los guanacos que, al quedar rezagado, cayó en sus fauces. Cuando quiso cruzar el istmo había desaparecido y en su lugar estaba la primera angostura del Estrecho de Magallanes. Por eso no hay pumas en la Tierra del Fuego, abundan más los guanacos y el puma se pasea por la orilla opuesta, se relame pensando en tanta carne fresca pero no se anima a cruzar porque es, también lo quiere la leyenda, "como todo haragán, mal nadador". Cabe aquí consignar que los indígenas canoeros se pasaban la vida a bordo de sus esquifes. Los varones se dedicaban a remar y conducir las canoas, siempre sentados en el centro del tronco ahuecado. En la adultez demostraban ser pésimos caminadores y, aunque parezca extraño, no sabían nadar. Las mujeres en cambio aprendían a nadar desde muy chicas y se encargaban de buscar mejillones, cholgas y centollas en los bajíos de los fiordos. También varaban las canoas para permitir, al quedar éstas en seco, que los varones desembarcaran.

Como malos andarines eran también pésimos cazadores pero buenos pescadores.

Los "onashaus" en cambio eran corpulentos, muy bien desarrollados y muy buenos arqueros. Podían en algunos casos acertar de un flechazo a un guanaco en plena carrera. Acechaban también a las avutardas y los patos, en los lagos y arroyos, y les disparaban aun cuando ya habían alzado el vuelo.

De estas leyendas y datos obtenidos directamente de los últimos representantes de esas razas extinguidas, se obtiene que la fauna silvestre no fue nunca muy abundante ni variada. Al extenderse, la población ona desplazó a las tribus canoeras y aprendió de ellas la utilización de algunos frutos de mar.

En la actualidad, la caza deportiva en esta futura provincia está limitada a algunos ejemplares de guanaco, que pueden cazarse, dentro de rigurosas normas de conservación, mediante un permiso previo al otorgado por el dueño o encargado del establecimiento donde se encuentre la recua de guanacos. Como presa por el valor de su piel y como apoyo a las tareas de protección a las ovejas, se cazan tanto el zorro gris como el colorado. Le sigue la caza de la avutarda, patos silvestres, conejos, castores y ratas almizcleras.

Al respecto debe señalarse que el conejo, incorporado a la isla al parecer por algún poblador poco avisado de la capacidad de reproducción de este roedor, fue atacado en distintas formas por los agricultores que vieron invadidos sus campos por verdaderas oleadas de conejos. Entre las medidas adoptadas figuró la introducción de familias de zorros, colorados y grises. No dio buen resultado pero significó a su vez un peligro para las majadas de ovejas. Por esa causa se lo persiguió (y por el precio de su piel). Finalmente los conejos fueron vencidos por la difusión de la mixomatosis, enfermedad que ataca a esos roedores especialmente y que en pocos meses los diezmó hasta reducirlos a niveles perfectamente soportables. La rata almizclera y el castor figuran además entre las especies también incorporadas subrepticiamente. La rata es también regulada por los cazadores de pieles ya que tiene valor como piel muy abrigada (integró, como ejemplo, el equipo de sacos y gabanes de las tropas estadounidenses que ocuparon las islas Aleutianas en la Segunda Guerra Mundial). Como hecho curioso cabe citar que en varias oportunidades se iniciaron intentos de incorporación de especies de gran valor cinegético, como el ciervo colorado, que fue trasladado a la Isla de los Estados sin que consiguiera aclimatarse debido, según los técnicos, al exagerado índice de humedad de esas islas. Más recientemente se iniciaron intentos de incubación y aclimatación de faisanes de las variedades más comunes en los cotos de caza europeos. La zona elegida, correspondiente a estancias de la precordillera, cuenta con sembradíos y bosques de ladera, ideales como refugio para esa famosa gallinácea.

Resta referirnos a cierta disminución observada en las agrupaciones de avutardas, especialmente la llamada "avutarda blanca" o "gris". Se atribuye esa disminución a la acción combinada de los agricultores y de los zorros incorporados para la lucha contra los conejos.

La actividad cinegética se cumple, tal como ocurre en el testo del país, con exclusión de las áreas de parques nacionales, en las cuales está prohibido cazar cualquier tipo de animal silvestre. Por esa causa todas las cacerías que se realizan se cumplen en los valles y laderas de la región cordillerana, así como en las serranías de la península Mitre.

En los últimos tiempos y como consecuencia de la disminución de los conejos silvestres se ha comenzado a utilizar el perro de rastreo, de pequeña alzada, encargado de provocar por su sola presencia la huida de las cuevas hacia los lugares donde se encuentran apostados los cazadores, tal como se realiza en el hemisferio norte. Con respecto al castor y la rata almizclera, la cacería se realiza en los bosques de 'Aire de las zonas anegadizas, donde estos tremendos` constructores de diques han. llegado a alterar los sistemas hídricos de determinadas zonas.

   
Temporada de caza
Zorro gris (Dusicyon griseus) Del 15 de mayo hasta el 30 de septiembre
Castor (Castor canadensis) Del 15 de mayo hasta el 30 de septiembre
Rata almizclera (Ondatra zibethica) Del 15 de mayo hasta el 30 de septiembre
Conejo de Castilla (Orytolagus cuniculus) Todo el año.
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