Pocas son las regiones del país que hayan permanecido tan alejadas de la promoción intensiva de los deportes al aire libre como San Luis. Dividida como con un tiralíneas en dos zonas muy bien definidas, en esta vasta sucesión de sierras de mediana altura donde se multiplican los diques, represas y desiertos interminables que aún hoy carecen incluso de simples sendas vecinales y siguen llamándose "travesías", en su sentido más peyorativo de zona inhóspita, de arena y jarillal, con algunos pozos de agua y constantes columnas de polvo impalpable. Esta doble condición corresponde, en ese orden, al norte y al sur de esta provincia que integra con las de Mendoza y San Juan la región del Cuyo, voz indígena incásica "Suyu" o "Suyo" = "lugar" (hoy llamada región de las sierras pampeanas). De las tres, fue siempre considerada la "hermana pobre" hasta que la señalada utilización de regímenes higrométricos elevados (más de 700 mm . anuales en la zona serrana) se derivó a la construcción de diques, con lo cual se logró un aumento forestal y un mejoramiento pluviométrico con la creación de microclimas. Todo ello al extremo de alentar ambiciosos planes de expansión de riego hacia el sur, la "zona del desierto". La caza en San Luis también estuvo abandonada. La zona serrana ofrece muy buenas posibilidades en cuanto a la perdiz chica y la perdiz montaraz o mollera, única de vuelo tan quebrado como la perdiz europea, que pone a prueba al más versado de los tiradores. El terreno irregular, la sucesión de desfiladeros de pizarra con mitológicos vaciados de animales antediluvianos en la roca blanda (de allí es la famosa "araña de cinco kilos" de Merlo), el bosque achaparrado ("arrastrado"), los cauces secos y las vertientes imprevistas integran un marco valorizado por una temperatura media de 18 a 20'C durante el día, con eventuales nevadas en julio y agosto y con piletones naturales en los arroyos de la vertiente oeste de la Sierra Grande. Como consecuencia de nuevas previsiones en materia de caza, se implantaron reglamentos bien estrictos y rigurosos, que incluimos en este informe. Podrán parecer exiguos, pero están orientados a reponer en alguna forma los ejemplares que anteriormente fueron puestos al borde de la desaparición. Esta provincia, por otra parte, tiene en el sur, precisamente en la zona desértica, un enorme coto de caza mayor con pumas, jabalíes europeos y, últimamente, y según comprobaciones de cazadores avezados, también puntas de piaras de ciervo colorado desplazadas de la zona central de la provincia de La Pampa. Digamos para ubicar al aficionado menos informado que la cacería en la zona serrana le exigirá un permanente subir y bajar grandes rocas, internarse por estrechos desfiladeros y atravesar macizos arbóreos donde abundan los matorrales espinosos. La caza "en su propia salsa", sin concesiones, pero con una infraestructura día a día más desarrollada. No ocurre lo mismo en el sur. La compensación está en la posibilidad de algún buen trofeo, especialmente de puma o jabalí. Allí las partidas de caza están especialmente destinadas a colaborar en la lucha contra especies dañinas, como son considerados ambos animales silvestres. En el norte, en cambio, además de las perdices, la posibilidad mayor está a cargo de piaras de pecaríes, generalmente "collarejos" o de collar, que dan lugar a muy interesantes batidas con perros. |