Caza  en Argentina
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Cacería en La Pampa

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Dos son las grandes posibilidades cinegéticas de esta amplia región que ofrece cotos a poco más de 450 km . de Buenos Aires; a saber, la caza menor y la caza mayor.

Por su jerarquía indudable comenzaremos por la caza mayor. El ciervo que se caza en los valles y bosques pampeanos es un verdadero "regreso al origen", puesto que el "Cervus elaphus" fue siempre un animal de llanura boscosa y recién cuando la caza se hizo intensiva se transformó por puro instinto de conservación y se hizo animal de montaña, como ocurrió con el gauro asiático y algunos búfalos, todos ellos de llanura. En la actualidad el ciervo pampeano compite muchas veces con ventaja con su colega de la cordillera a patagónica sur. Según la posibilidad que tenga de ingerir sales benéficas, el ciervo pampeano presentará una respetable cornamenta con perlado, estructura, peso y grosor poco comunes. Cuando la estancia o cazadero está bien administrada en el aspecto cinegético se llega a tener un cálculo aproximado del número de buenos trofeos por año. Como se trata de zonas más fácilmente visitables, los peones y encargados que realizan las diarias recorridas van ubicando distintas piaras y luego confeccionan o memorizan informes que son de gran utilidad para el dueño y para el cazador. De esa forma existen actualmente cazaderos donde se conoce el número de trofeos reales, con errores u omisiones de escasa importancia. De allí que año tras año sea mayor el número de aficionados que concurren.

El ciervo es aquí cazado también al acecho nocturno. Gracias a la perseverancia de las autoridades y de los clubes de caza, muy especialmente el Mapu Vey Pudu de Santa Rosa, se logró erradicar de muchas zonas la mala práctica de cazar con reflectores, la cual no solamente es antideportiva y un grave desconocimiento de los principios del verdadero cazador sino que facilita la acción masiva y depredadora de quienes no vacilan en emplear el destructor sistema de recorrida de campos desde los vehículos, desde los cuales también se llega a tirar sobre los animales (ciervos, jabalíes, zorros) sin ninguna posibilidad de huida por el encandilamiento.

Pero existe una gran posibilidad de caza al rececho, especialmente cuando el monte es lo suficientemente ralo como para ser recorrido a pie. En zonas de campos más trabajados, como la mencionada de Naicó o Quehué, luego de dos o tres salidas con el guía y especialmente en la recorrida de la mañana no resultará difícil al cazador avezado recorrer solo el monte que es, a nuestro juicio, la mejor forma de cazar (en esa zona al menos). En el atardecer, en cambio, será siempre conveniente el uso del guía. Al respecto suele ocurrir que dos cazadores contraten al mismo guía y lo utilicen alternativamente.

El jabalí puede también ser cazado al rececho, cuando regresa de sus correrías por sembrados cercanos. Este suido recorre generalmente las mismas picadas y se dirige en la misma forma a su encame diurno. En esa forma y utilizando el viento a favor, regla de oro de la cacería, puede el deportista darse el gusto de un buen disparo sin mira telescópica en pleno claro del bosque. Una de las fórmulas esenciales es, en esa región central de la provincia, seguir desde adentro del monte el perímetro de rozado o contrafuego que marca la presencia de los alambrados divisorios de los potreros.

Antes de finalizar con la caza mayor, debemos incluir al puma (Felis con color), elemento de variante en estas excursiones. Para ello será fundamental hablar con los lugareños que señalarán la zona de actuación de ese gran felino, denunciada por la habitual aparición de osamentas de ovejas o chivos sacrificados por la hambruna permanente de éste, a su vez, gran cazador.

El puma es generalmente muy desconfiado y abandona sus precauciones, sólo ante la falta de comida nada habitual o en la época del celo, que en los felinos, grandes y chicos, es prácticamente imprevisible.

En La Pampa , el uso de jaurías de perros es muy indicado en la caza del puma si existen grandes trechos desprovistos de árboles y chaparral, con lo cual se permitirá seguir la jauría a caballo. Cuando se produce el desencame de la fiera, las decisiones deben ser adoptadas al momento y toda dilación pone en peligro la vida de los canes.

El puma en esos casos casi siempre elige un árbol y se refugia en la parte más alta de su copa. Es el fin para él, si llega a tiempo el cazador. Si el monte es muy tupido, el animal no vacilará en saltar de rama en rama hasta desorientar a toda la jauría.

Es ese el momento equivocado de los lugareños, cuando afirman (y con razón) que "lo bajaron con un tiro de .22". Claro que no relatarán qué ocurrió cada vez que el tiro no fue certero y qué destino tuvieron muchos valientes componentes de la jauría perruna que se acercaron demasiado al herido luchador.

Para completar este resumen, digamos que el guanaco y el zorro colorado integran junto con el ñandú, este cuadro de situación. Y vale aquí una explicación: tanto el guanaco como el ñandú o "avestruz" están protegidos en forma especial, si bien es imposible evitar que los lugareños o los mismos propietarios de los campos realicen por su cuenta cacerías destinadas. a equilibrar el número de habitantes de esa especie en su campo. No debemos olvidar que ambas son fuertes competidoras de la hacienda vacuna y lanar; al respecto, vale la pena considerar los informes y estadísticas sobre la cantidad de pasto valioso ingerido por día por cada ejemplar. Con el zorro ocurre también algo similar, pero esto va referido al daño que, junto con el puma (tío y sobrino, según la leyenda indígena), ocasionan o pueden ocasionar en casos extremos de escasez de alimentos, en las majadas. Lo cierto es que al zorro se lo persigue con trampas (y se pone muy especial cuidado en cobrar entera su piel). La experiencia indica que los cazadores de ciervos y jabalíes dejan de lado a todo otro animal silvestre. Podrán pasar manadas enteras de zorros y recuas interminables de guanacos o de avestruces y el cazador ni siquiera encarará su arma, sabedor de que un disparo puede significar el fracaso de todo un acecho de horas y horas bajo la helada pampeana.

La caza menor en La Pampa, por esa misma causa, está un tanto soslayada. Sin embargo, así como es un coto inmenso de ciervo y jabalí, esta provincia permite realizar cacerías muy importantes de especies como la perdiz chica, la grande o " colocada", - mal llamada martineta -, la copetona o martineta propiamente dicha y la montaraz, mollera o perdiz de monte, intermedia entre la chica y la colorada, de plumaje gris oscuro, exquisita carne y vuelo quebrado, por lo tanto un verdadero trofeo en caza menor. A este cuadro debemos agregar las liebres europeas, plaga durante muchos años en la zona, hoy un tanto disminuida y en algunos lugares sencillamente extinguida como consecuencia de la caza comercial intensiva; la mara o liebre patagónica, cuya caza está muy restringida ya que ha disminuido en número aunque no se la somete a la caza comercial; la vizcacha, cuya cacería se realiza de noche y que permite el uso de linternas o reflectores porque de otra forma es imposible ubicarla para el disparo. Finalmente, la gran variedad de palomas, entre las cuales se destacan dos: la montera, de tamaño mediano y de muy buscada carne y la "turca" (Columba picazuró), verdadero gigante entre las palomas silvestres, que supera en envergadura (distancia entre puntas de ala) a la paloma mensajera y a la doméstica. Esta paloma, por ausencia de alguno de sus principales enemigos naturales, se ha expandido por gran parte del territorio nacional y en La Pampa integra muy nutridas bandadas. Está comprobada su gran voracidad en los rastrojos y por lo tanto los agricultores gestionan siempre la realización de cacerías intensivas en sus campos, siempre más beneficiosas y con menor riesgo residual que el envenenamiento con plaguicidas.

Completamos el bosquejo con los conejos de los palos. Este roedor autóctono es bastante más pequeño que el conejo común. De carrera corta y menor agilidad, es muy difícil de cazar, sin embargo, porque siempre merodea entre la hierba corta que crece bajo las ramas y troncos caídos en pleno bosque. Es uno de los alimentos preferidos de los pequeños mamíferos carniceros (gato, zorro, hurón, comadreja y también de los mayores como el puma) y por esa causa su número se mantiene bajo. Por otra parte, no justifica una cacería organizada específicamente en su busca.

La división de la provincia en dos sectores, uno húmedo y de actividad agrícola y otro seco y de preeminencia ganadera sirve también para establecer la actividad a desarrollar desde el punto de vista cinegético. Por ejemplo, en la zona con grandes sembradíos siempre se podrá actuar con perros de muestra en busca de perdices y martinetas. También nos encontraremos con liebres y en menor cantidad, con vizcachas.

En la zona seca, en cambio, donde el caminante tropezará, sin posibilidad de evitarlos, con tupidos jarillales que ofrecerán bonitos tejidos de espinas con forma de garfios, el desplazamiento tendrá otras direcciones y deberá seguir picadas y huellas, humanas a veces, vacunas o de los mismos ciervos otras, ya que el jabalí es muy capaz de pasar con las ramas a ras del piso.

De esta dicotomía sacamos a relucir una conclusión que puede ser tomada como advertencia: la caza menor al este, la caza mayor en el centro y el oeste.

De ninguna manera debe colegirse que no se puede practicar el tiro menor en la zona seca. Pero debemos sí señalar y poner especial énfasis en las dificultades que deberá sortear no solamente el cazador sino muy especialmente el perro en esa maraña de ramas secas y tupidos matorrales rastreros. Al respecto consignemos que extraviarse en esos andurriales no es nada agradable. Tiene, sí, La Pampa una ventaja con respecto al extravío en los bosques cordilleranos del sur. La mayoría de los campos pertenecen a estancias y, por más extensos que sean los cuadros, siempre se llegará a un alambrado. También existen morros de piedra, relictos de antiquísimos sistemas orográficos de cuando " la Tierra era joven". En esos morros podremos orientarnos a cielo abierto, que es una gran ventaja. Un solo elemento puede conspirar contra la seguridad del cazador: la niebla. Con ella no corresponde salir a caminar. Una espera en la cabaña-refugio de caza nunca estará demás y nos evitará malos momentos y eventuales heridas en medio del bosque.

 

Cotos y campos de caza

 

Colú Lauquén . Propiedad de María Emilia Ferraro. Aproximadamente a 45 km. al sudeste de Santa Rosa, ciudad capital de La Pampa, en un agreste e imponente escenario de bosques vírgenes de caldenes y algarrobos. Sobre el valle de Chapaleó, se encuentra ubicado el casco de la vieja estancia de los Ferraro, llamada Colú Lauquén. De allí se bifurcan las 20.000 ha. que forman todo el perímetro para la caza del ciervo, jabalí, pumas y otros animales que representan ejemplares codiciados de la fauna argentina.

Victoria : existen 10 campos disponibles para la actividad cinegética. El intermediario de los mismos es el Club de Caza y Tiro de Victoria "Portón del Oeste.

Rancul: existen los siguientes campos donde puede practicarse la caza: Brandazza. Alberto Garey. Establecimiento "El Cayastá", "Las Delicias", "Los Barreales", "El 19", "El Ñancú", "San Marcelo". " La Caldenada ".

Solicitar información ala Municipalidad de Rancul.

 

Periodo de caza y limite de piezas

 

Ciervo colorado : un ejemplar macho con *un mínimo de once (11) puntas, desde el 10 de marzo hasta el 10 de junio. Dentro de las 72 horas de cobrada la pieza, se la deberá declarar en la comisaría más cercana al lugar de caza, donde se procederá a precintarla y asimismo el cazador entregará el maxilar inferior "carretilla" con restos de carne que denoten su reciente captura. Las dependencias policiales habilitadas para tales fines son: Santa Rosa (seccional ira.), Toay, Quehué, General Acha, Carro Quemado, Doblás, Padre Buodo, Rancul y Bernasconi. La temporada quedará cerrada al denunciarse el centenar de trofeos declarados.

Jabalí europeo : sin límite de piezas durante todo el año.

Puma : sin límite de piezas desde el 1 ° de marzo hasta el 31 de septiembre. Perdiz chica: diez (10) los días sábados, domingos y feriados, desde el 1 ° de junio hasta el 2 de agosto.

Perdiz de monte : seis (6) los días sábados, domingos y feriados, desde el 1 ° de junio hasta el 2 de agosto.

Caza de especies perjudiciales : se habilita la caza de liebre europea, vizcacha, piche, peludo, paloma, cotorra, libremente, sin permiso de caza y sin límite de piezas, excepto la liebre europea, que se limita a cinco (5) por día y cazador, cuando no se realice comercialmente dentro de su temporada. En el caso del piche y el peludo, se veda su caza durante enero, febrero y diciembre.

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