La conformación del suelo correntino hace que se mantengan en la actualidad numerosas reservas naturales que corresponden a otras tantas zonas anegadizas, apéndices de la gran depresión del Iberá, suerte de cuenca formada por el antiquísimo cauce del Paraná, alterado, como muchos otros, al producirse el plegamiento del Geosinclinal Andino o cordillera de los Andes. En ese cataclismo, el curso fue desviado al elevarse una parte de la zona correspondiente a la costa norte. Las aguas tomaron entonces rumbo oeste clavado y luego, al encontrarse con el Paraguay, torcieron hacia el sur. Quedó el "documento" de la laguna Iberá. Llamarla laguna es un despropósito, si bien su escasa profundidad media ( 2 m .) lo justifica. De todas maneras en una avioneta se puede sobrevolar durante horas sin llegar a cubrir toda la extensión. Semejante herencia geológica debe, como no podía ser de otra forma, transformarse en una reserva de fauna y flora pocas veces vista. Así lo entendieron las autoridades provinciales y las nacionales que colaboraron, hace poco más de dos años, a crear esa reserva en forma oficial. En toda la extensión de bañados, aguas libres, cauces y canales se suceden los albardones y las islas flotantes. En ellas se guarece una importante fauna compuesta, en sus especies mayores, por ciervos de los pantanos (Blastoceros dichotomus), carpinchos, gatos monteses, algún yaguareté, aguará guazú o lobo de .crin, yacarés que llegan a superar los tres metros de longitud y una cantidad de aves, especialmente zancudas y anseriformes (patos) como para ocupar varios tomos de una biblioteca de ciencias naturales. Especies cada día más raras, como el lobito de río y el gato pajero o de los pajonales se encuentran, junto con nutrias de muy buen tamaño, en las distintas islas desperdigadas en miles de kilómetros cuadrados. Por su conformación, el Iberá es único en el mundo y existe la intención de declararlo santuario mundial de fauna y flora. Con esa intención se ha tratado de evitar el aporte de especies exóticas, ya que los santuarios, por su condición de tales, no deben sufrir ninguna alteración por la mano del hombre en fauna, flora y gea. A partir de la enorme depresión y hacia los bordes levantados que corresponden a las márgenes de los dos ríos principales, Uruguay y Paraná, se suceden las cuchillas, con matorrales y árboles retorcidos como el tala, el algarrobo y el espinillo. Corresponden a una formación bien extraña, ya que se agregan palmeras del tipo de las existentes en la franja ecuatorial africana y arbustos de zonas semidesérticas como el garabato ola rosa silvestre que, junto con las cortaderas integran un sistema de defensa natural al que no se le atreven sino mastodontes del tipo del tapir, que busca y encuentra allí su mejor defensa, si bien en este caso evita las excursiones hacia el interior por el peligro de los guadales y pantanos, que no soportarían su peso. Decimos que en las zonas más altas cambia la vegetación, y también la fauna. Es la zona de los tinamiformes. Perdices chicas y la colorada o perdiz grande pululan cerca de los sembrados y encuentran lugares apropiados para su vertiginosa tarea reproductiva. Lamentablemente la segunda de esas especies ha sido perseguida en otras épocas y en consecuencia su caza es muy restringida. Como ocurre con la mayoría de las provincias, con excepción de Buenos Aires, esa prohibición se deja sin efecto en algunas temporadas, permitiéndose la captura de dos o tres ejemplares por día y por cazador en períodos de no más de tres días consecutivos de caza. En Corrientes, especialmente en la zona norte, se emplean perros de menor velocidad que en las praderas húmedas de más al sur. Dan muy buenos resultados los bretones y los cocker spaniels. De todas maneras debemos señalar que, como ocurre en el resto del país, el pointer sigue a la cabeza de los perros de muestra y tal se evidencia en las frecuentes pruebas de caza de clubes de criadores, especialmente el Pointer Club Argentino, entidad que ha promocionado como pocas la cinofilia de caza, al extremo de alentar y apoyar práctica y espiritualmente el nacimiento de otras entidades similares en todo el país, pero referidas a otras razas, como el bretón, el setter y el kurzhaar. Cuando se realizan cacerías en la llanura ondulada correntina los aficionados son aconsejados en el sentido de marchar con precaución en los matorrales muy tupidos. Aun en la época invernal, si el día es suficientemente templado es posible tropezar con alguna víbora ponzoñosa que puede ocasionar graves daños al perro y eventualmente al cazador. Esos encuentros no son de ninguna manera comunes, pero cabe la advertencia, como ocurre en tantas otras zonas del mundo donde existen reservas de caza. Párrafo aparte para los anseriformes. Junto con Entre Ríos, Formosa y Santa Fe, Corrientes ofrece muy buenas posibilidades de cacerías masivas de patos de diversas especies, como el picazo, el cuchara, el sirirí, el silbón y muchos otros. La cacería se realiza especialmente en la zona de los arrozales, como Goya y Esquina. Pero también se efectúan muy fructíferas batidas en la zona de los esteros, donde las nutridas bandadas hallan seguro refugio. Para este tipo de caza, si bien no resulta muy ortodoxo, se emplea el sistema de "cobradores a pie". Generalmente se trata de muchachitos de la zona que en esa forma agregan un aporte más al presupuesto familiar, por medio de las propinas. La caza de patos es por sí sola un motivo de atracción, ya que la de tinamiformes no está tan desarrollada como en otras provincias litoraleñas. Otra caza que llama la atención es la de la pacaá o polla de agua, zancuda de exquisita carne y tiro difícil por encontrarse siempre al borde de los montes y no echarse ante la acción del perro. Dos roedores importantes desde el punto de vista deportivo y también culinario cierran este bosquejo hecho a modo de presentación de la zona: la liebre y la vizcacha. La primera, Lepus europaeus, fue introducida por varios "nostálgicos" a fines del siglo pasado y se multiplicó asombrosamente. Se supone que a la Mesopotamia llegó por medio de algunos introductores anónimos, ya que la liebre, por sí sola, no hubiera podido superar la valla de los grandes ríos. Las pasturas y matorrales facilitaron su aclimatación y su propagación fabulosa. La vizcacha es autóctona y habita en las crestas de las lomas donde ubica sus colonias subterráneas. Provoca daños en plantíos por su costumbre de alimentarse de raíces, especialmente de plantas liosas, como hortalizas y sembradíos. En toda la Mesopotamia su caza intensiva disminuido bastante el número de ejemplares. En épocas de inundación, junto con el carpincho, constituye una de las principales fuentes de carnes para la población su cuero se industrializa y eso también conspira contra su permanencia en zona. La liebre se caza a pie, si bien está difundida la antideportiva costumbre hacerlo desde vehículos, con reflectores en horas nocturnas y con rifle de calibre 22. Es un tiro muy deportivo y en la actualidad existen aficionados interesados en adiestrar "seguggi", perros de rastro de origen italiano que conducen a la liebre hasta la zona de tiro del cazador, una vez sorprendida por la jauría y desencamada Se trata de una suerte de tiro al acecho que, precisamente en las colinas correntinas y entrerrianas, se efectuó ya con éxito si bien en esas oportunidades no se utilizaron perros de raza bien definida. De todas maneras se está organizando la importación de dichos canes, lo cual constituirá a breve plazo un aporte indudable a la cinegética "de espera" o "en acecho" tan buscada por la "tercera edad". |