La caza menor en la provincia está representada por las perdices chicas (Nohura maculosa), que habita en toda la provincia, una subespecie en la zona llana y otra en la serrana; perdiz montaraz o montera o mollera (Nothoprocta cinerascens); patos permitidos (picazo o crestón maicero, pico cuchara, colorado, capuchino, gargantilla, overo, silbón canela, viuda, sirirí o pampa, de collar, cabeza negra y cutirí), habitan las zonas de bañados, especialmente los ríos Tercero, Cuarto y Quinto, la liebre europea, la vizcacha; las palomas (manchada y dorada) y los loros. Está absolutamente prohibida la captura de aves canoras y su venta. Por temporadas existen especies protegidas por la veda. En la última se prohibió la caza de perdices copetona o martineta (Eudromia elegans); perdiz grande o colorada (Rynchotus rufescens); pecarí de collar, corzuela roja y parda, jabalí europeo. De acuerdo con los estudios que la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Recursos Renovables hace cada año, se autoriza o no su caza. Las actividades cinegéticas están permitidas únicamente los sábados, domingos y feriados permanentes, nacionales o provinciales, durante el período de caza que, en casi todas las especies, se inicia el 1 ° de mayo y dura hasta fines de julio (vizcachas, liebres y palomas, fines de agosto). Como zona más propicia para la caza, menor y mayor, debemos indicar la de las Sierras Grandes, al oeste de la provincia. Es la zona de las grandes posibilidades con respecto al gran félido que se defiende del avance demográfico experimentado por la provincia en el fondo de las quebradas, en las cumbres más altas y desde allí desciende sobre los rebaños, especialmente en pleno invierno. Su caza está permitida en general, pero se encuentra protegido en las zonas de parques provinciales y reservas, en las cuales, muy acertadamente, también está prohibida toda caza. En Córdoba la búsqueda del gran felino se hace con jaurías. Es indispensable trabar relación con los lugareños, usar sus jaurías y sus conocimientos. Es decir, emplearlos como guías. El campesino es de natural afable y voluntarioso, por lo tanto es un complemento valiosísimo para el cazador. La jauría descubre, "levanta" y empaca a la fiera. El cazador deberá aproximarse en el menor tiempo posible y abatir al animal, siempre encaramado en un árbol o, en su defecto, en algún pedrusco bien alto. Las entidades de caza deportiva anualmente realizan presentaciones y publican artículos ilustrativos sobre la caza de este hermoso felino, como un aporte turístico y no como una plaga merecedora del simple e irrecuperable exterminio.
Las cantidades permitidas por día y por cazador son: |