Dicen de esta provincia que "en caza y pesca lo tiene todo". Lo dicen desde la segunda mitad de la década del '60 y vale incluir la historia. Allá por 1956 el entonces general Julio Argentino Lagos, destacado en la guarnición de Cuyo, comenzó a interesarse en la repoblación de amplias regiones de los Andes sureños. Para ello llegó, no sabemos si en misión especial, a los lagos La Plata y Fontana, en la mitad justo de la provincia del Chubut, y muy cerca del entonces pueblito de Alto Río Senguer. El viaje tuvo sus consecuencias impensadas. Lagos comprobó la existencia de veranadas realmente vírgenes, laderas muy bien cubiertas de los vientos del Pacífico, mesetas y bosque "colgado" de lengas enormes y muy sanos ñires, amén de renovales de maitén, roblecillo. En fin, un lugar ideal... pero vacío de toda fauna mayor, como no fuera algún puma con su "sobrino", el zorro colorado. De allí surgió la idea de llevar dos planteles de ciervo rojo, de los que había ya profusamente en el Neuquén y La Pampa. Y llegaron los ciervos, que no alcanzaban a diez en total y que fueron encerrados en corrales ubicados muy cerca de la que luego sería la "Hostería del Ciervo Rojo. Los promotores de la idea no llegaron a ver sus frutos, como ocurre tantas veces. Cierta vez hablábamos con otro precursor y promotor de la vida al aire libre, caña o fusil en mano, Roberto Zapico Antuña. Nos habló de sus experiencias en el lago La Plata (habían pasado casi 15 años de la introducción del plantel de Lagos). Nos dijo de las cuernas caídas halladas por algunos arrieros de la zona. Lo cierto es que se organizó la primera excursión de exploración, promovida y solventada, como otras tantas, por el diario " La Prensa ", de Buenos Aires. La base fue primero Alto Río Senguer, adonde llegamos con el aporte invalorable de la entonces Dirección Nacional de Parques Nacionales, que nos facilitó una camioneta (el auto nuestro no pasaba los badenes de una mísera huella junto al río Senguer). Así llegamos con el cazador deportivo (varios primeros premios en ciervo rojo) Juan Cairoli. Debimos reconstruir un puente y emparejar el camino. En la hostería, flamante entonces, de los Mucio hicimos la segunda base y salimos a caballo con un guía cordillera arriba, hasta el límite con Chile. Para resumir, encontramos huellas de ciervo y excremento fresco en varios limpiones, bañaderos, algún trozo de cuerna caída... Y ya al término de la marcha, bastante cerca de la hostería, un bramido y un hermoso 12 puntas que se atravesó por nuestro rumbo y siguió lo más tranquilo. La finalidad estaba cumplida y la frase de Cairoli fue terminante: "ahora Chubut tiene de todo...". Digamos también que las experiencias de caza menor e intermedia (vizcachas, guanaco) igualmente fue comprobada y aún hoy se practica. En cuanto a la caza menor propiamente dicha, lo más buscado era hasta hace diez años la martineta, "Eudromia elegans". Los perros bonaerenses que llevan los turistas deben primero aclimatarse. Pero cuando se trata de veteranos no tardan en ubicar las bandadas y allí es la de correr, "cortar el rumbo" y disparar, todo al mismo tiempo. Las liebres se cazan con perro muy adiestrado, que deberá mantenerse "a la pierna" del amo hasta su orden "¡Traiga!". Hay quienes la practican con rifle .22. Muy deportiva y emocionante, pero además exigente. No recomendable para obesos o más allá de los 60, porque hay que recorrer a marcha rápida los churcales, correr en no pocas oportunidades, saltar zanjas y pequeños cañadones. En fin, cazar en el desierto. Sin límite de edad, en cambio, los patos y las avutardas. Se cazan cerca de los ríos. Uno muy especial es el Corintos, al sur de Trevelín. Las bandadas, en formación cerrada, se lanzan sobre los alfalfares y otros cuadros cerealeros. Es el momento de "dar una manto" a los sacrificados pobladores. El tirador se embosca en matorrales cercanos al río. Por alguna razón siguen el curso de las aguas. Allí es, precisamente, donde caen cuando son alcanzados por los disparos. En Esquel hay criadores de labrador retriever, el perro máximo para cobrar anátidos, especialmente en el agua. Son oriundos de la península del Labrador, en Canadá. Esta es una de las sorpresas que le depara Chubut. Otra sorpresa. Provéase de un buen. 22, si puede, con mira telescópica. Hable con pobladores de Cholila, parque Los Alerces, Maitén. Pregunte por los visones. Sí, simplemente. No se haga problemas porque actualmente son una plaga. En Cholila había varios criaderos para industrializar esa piel. No se sabe por qué un día las jaulas aparecieron con las puertas abiertas y los visones dejaron una "tarjeta de agradecimiento". Dicen que alguno abrió las jaulas adrede por las dificultades que se les impusieron a los criadores. Esto es una guía, no una revista polémica. Nos interesa decir que los visones se restablecieron en su estado salvaje (nunca lo habían dejado, sólo que estaban presos). Ahora bien, el visón se alimenta casi exclusivamente de sangre y carne fres ca, es como el hurón pero diez veces más irascible. Sabe, además, defenderse muy bien. Pronto se vieron sus hazañas, ya que no vacila en sacrificar corderos recién nacidos, para lo cual comienza devorando el cordón umbilical. El visón debe cazarse con buenos perros o al acecho en "pasadas" habituales. Indefectiblemente, deberá usarse un guía. La llanura o estepa patagónica es para el zorro, el guanaco y el puma. También será imprescindible el guía. El arma, en nuestro caso, fue siempre el Máuser 7.65 con munición Norma de 180 grains. Para el zorro basta con .22 LR punta hueca. Para deleite de los aficionados a la caza menor al vuelo, digamos que, procedentes de San Martín de los Andes, llegaron a la zona de El Bolsón las primeras bandadas de codorniz o perdiz californiana. Esta gallinácea, negra o gris oscura, con copete y bandas blancas a ambos lados del pico en el macho y ocre "barreada" en la hembra, de exquisita carne y vuelo muy quebrado por entre los arbustos, fue introducida en la década del '30 por don Mauricio Larivíere en el lago Traful y desde allí se multiplicó hacia el sur. Hace años que sobrepasó la línea de Bariloche y sigue en demanda de nuevos hábitats. Se refugia en los árboles bajos y anida en el centro de macizos de rosa mosqueta, adonde ni siquiera se atreven los hurones. Hay varios santuarios que los chubutenses cuidan con lógico celo. Olvídese de las martinetas y ñandúes enanos de península Valdés. Eso es un santuario natural y la caza, menos la fotográfica, está alisolutamente prohibida. Para el caso de disponer de varios días "suyos"; asesórese en los comercios y clubes de la zona (damos listas) y verá que sobra espacio para recorrer. Para el tiro a gansos y patos optamos por la escopeta de repetición de calibre. 12 grande. Munición de 3 a 5 según la intensidad del viento. |