Caza  en Argentina
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Panorama de la Caza en Chaco

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La realización de numerosas competencias de tiro al vuelo, así como pruebas de campo para perros de distintas razas de caza y congresos y conferencias sobre conservacionismo y organización de entidades deportivas afines de carácter continental, han elevado el interés de los cazadores y en la actualidad, sin ser un centro especial de la actividad, la provincia del Chaco adquirió renombre y concentra la atención de muchos aficionados.

Las condiciones climáticas hacen recomendable desarrollar esa actividad a fines del otoño e invierno, ya que en el resto del año las temperaturas medias durante el día son demasiado elevadas para la realización de cacerías. En general la caza menor se centraliza sobre las distintas especies de tinámidos (perdices), liebres, conejos de los palos, vizcachas y algunas especies de las llamadas pavas de monte, del grupo de los faisánidos americanos.

Debemos señalar que la caza mayor, salvo el caso de especies protegidas cuya caza no solo está prohibida sino también severamente penada, como en el caso del yaguareté, el gato montés o el tapir, queda relegada al pecarí (labiado o de collar) y al grupo de las corzuelas, de escaso o ningún valor como trofeo, ya que el ciervo de los pantanos o guazuncho también está protegido. No ocurre lo mismo con el puma, que en algunos departamentos está considerado como animal dañino o plaga.

La caza menor es abundante en la parte más húmeda, es decir, en la mitad oriental de la provincia. En esa zona se han realizado en los últimos años concursos de muestra y aporte de perros de raza, especialmente pointers, setters y epagneul-bretón. En todos los casos se comprobó la abundancia de perdices chicas, perdices de monte y, en algunas zonas, perdices grandes o coloradas. En la zona oeste, o de la selva o monte xerófilo abundan las vizcachas y los conejos de los palos, roedor este último que es común a todas las formaciones boscosas del centro del país, pero que está sujeto o regulado por los grandes depredadores, desde el puma hasta el gato montés, el hurón y la comadreja.

Los aficionados chaqueños realizan generalmente sus excursiones de caza menor en los meses de junio, julio y agosto, considerados los más indicados por la persistencia de las bajas temperaturas y el raleo de los pajonales. Además, en esa forma aprovechan la etapa de sueño invernal de las víboras venenosas como a yarará y la cascabel.

Con respecto a las cantidades, señalemos que el Chaco, como muchas otras provincias, procede a habilitar las distintas especies de perdices por temporada y de acuerdo con las características de cada una. La provincia se divide en sectores y las especies más protegidas, como las perdices coloradas o las de monte (molleras o monteras) cuentan con temporadas de prohibición absoluta.

La caza de patos silvestres se realiza con intención reguladora, como ocurre en Formosa, Corrientes y Santa Fe, ya que constituyen un factor desequilibrante en sembradíos de distinto tipo, como el caso del arroz. Se destaca el pato picazo, verdadero gigante de los anseriformes, que en algunas zonas está también prohibido.

De toda la caza menor, se destaca en esta zona la de los anseriformes (charatas, pavas de monte) que se efectúa muchas veces como un "rececho con la vista hacia arriba", esto para diferenciar la actitud del cazador, que generalmente recorre la zona prefijada con la vista fija en el piso, para tratar de ubicar las huellas de sus posibles presas. La caza de estas gallináceas no está promocionada en modo alguno debido a que se considera solamente una forma de alimentar a la excursión y no una actividad deportiva ciento por ciento. Sin embargo, hemos asistido a ese tipo de verdadero rastreo de la zona en busca de la silueta alargada de alguno de esos volátiles. Generalmente la gallinácea observa, en contraposición con el cazador, hacia abajo, que es el sitio de donde puede provenir el peligro. El disparo debe hacerse entonces en forma rápida. Muchos de los cazadores eligen el tiro con rifles de calibre .22.

El otro ejemplar que caracteriza la zona es el pato picazo. Curiosamente, un animal de casi 4 kg . es sin embargo muy poco apreciado por su carne que, al parecer, no goza de los favores de los gourmets. El picazo es veloz en el vuelo pero cuando inicia el aterrizaje es, como todas las aves voluminosas, bastante lento. Es el momento de encarar el arma y disparar. Como tiene gran resistencia, los cazadores rara vez emplean munición de menor diámetro que la número 5. Creemos que los números aconsejables son el 1 y el 2 en cartuchos EXTRA para calibre.12 grande. La firma ORBEA Argentina produce cartuchos especiales para ese tipo de cacería.

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