Caza  en Argentina
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Panorama de la Caza

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Una de las más prolongadas temporadas de caza es la de la provincia de Catamarca, vasta región del noroeste que se encuentra enclavada en la zona más alta de la cordillera y precordillera, si bien no contiene al pico más elevado, el Aconcagua, que pertenece a Mendoza.

Desde el 1 ° de mayo hasta el 31 de diciembre de cada año se practica la caza deportiva del puma o león americano, vizcachas, liebres, martinetas y perdices chicas.

 

Caza en montaña

 

Una de las características más importantes en cuanto a la caza en esta zona es su práctica en zonas de montaña, donde se impone la búsqueda del guaipo o perdiz colorada andina. Cabe aquí señalar que esa caza está permitida simplemente porque se practica muy poco y en algunas zonas solamente por un sector muy limitado de los lugareños, tal como ocurre con el mismo ejemplar en todas las provincias del noroeste. La caza de esta perdiz, que es uno de los más grandes de los inambúes o tinamiformes de esta parte del continente, se realizó desde tiempo inmemorial como una suerte de regalo en la mesa de los señores, dentro de la organización de las tribus calchaquíes y las desinencias del vasto imperio incásico. Ave de vuelo muy rápido y de gran poder de mimetización, la colorada andina acostumbra a quebrar su volido apenas lo inicia y poner rocas y arbustos entre ella y el peligro, por esa causa, el tiro deberá hacerse muy rápidamente y tipo "estocada", casi sin apuntar. Para este tipo de caza resulta ideal el perro de talla mediana y, según las experiencias de los cazadores, el bretón y el viszla son los que más se adaptan. Aclaremos que la cacería, al menos en la sierra catamarqueña, exige un viaje prolongado a caballo y que el perro, con su escasa talla, podrá ser alzado sobre la montura por el dueño para no fatigarlo demasiado.

Tanto esa caza como la del puma, se efectúa con jaurías de perros mestizos. Estos están a la espera de quien cante sus olvidadas glorias de luchadores, sin otro linaje que su fabuloso valor ni más gloria que sus huesos blanqueados junto a los de sus ocasionales rivales, después de batallar horas sin otro testigo que el gaucho y su pingo. El puma provoca aún considerables daños en las majadas y las recuas de chivos. Por ello los lugareños se prestan fácilmente a servir de guías. Cada cacería de puma es una epopeya. Basta decir que muchas veces lleva días de rastreo y marcha a caballo y a pie. El puma andino es quizás el de mayor corpulencia de su especie y corresponde a la onca vermelha del matto brasileño, famosa por su bravura y su gran capacidad de lucha. En la montaña el sistema es, luego de descubierto, obligarlo a subir a algún árbol corpulento perseguido por la jauría que evitará de todas formas la lucha franca.

Una variante poco empleada es el rececho a caballo y a pie, con un baqueano y un buen equipo individual de campamento. Generalmente se rastrea, y en esto reside el encanto de esta caza, la marcha y costumbres de los grandes felinos, casi siempre con relación a determinadas aguadas. Una vez establecida la presencia del "lión", se tratará de obtener un cabrito vivo para usarlo como cebo. El resto espera, paciencia y resistencia. Muchas veces es posible alcanzar a la fiera antes que dé el zarpazo sobre la víctima.

La otra variedad interesante es el cóndor. A despecho de leyendas, poemas y una natural inclinación favorable, el cóndor también es dañino a su manera, especializándose en desbarrancar vacunos y yeguarizas jóvenes, a los cuales persigue a aletazos hasta el borde de los precipicios. Producido el "accidente", el cóndor, junto con los demás buitres de su clan, se posará junto a la víctima y una vez muerta dejará su es­queleto mondo y lirondo. Su caza está totalmente prohibida.

 

Cantidad de Piezas

Animal

Por día

Por temporada

Puma

1

2

Vizcacha

3

30

Liebres

2

30

Martinetas

3

30

Perdices

2

20

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