Turismo en Catamarca , Argentina
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Máscar de Belén

 

 

 

Casa de los  diaguitas

 

 

 

Iglesia de San Francisco

 

 

 

GrutaVirgen del Valle
 

Existen dos interpretaciones sobre el significado de la palabra Catamarca, según Samuel Quevedo proviene del quechua: cata "ladera" marca "fortaleza de frontera", mientras que el padre Miguel Angel Mossi sostiene que el nombre es de origen aymará: catan "pequeño" y marca "pueblo".

Cualquiera de las dos interpretaciones revela su pasado indígena. Al iniciarse la conquista española numerosas tribus poblaron los valles, quebradas y serranías de la provincia. Éstas se distribuían en Santa María, habitada por los quilmes, los tolombones, los yokaviles, los ingamanas y los acalianes; en Belen donde vivían los huafines, faimafiles, culampajaos y los quilmes; en Andalgala, se ubicaban los andalgalas, tucumangastas, aconquijas, mallis, huachaschis y huasanes; en Poman, los pomanes, colrenos, belichas, mutquines, sijanes y saujiles; y en Tinogasta, habitaban los abaucanes, pituiles, huatungastas, mayurucas y fiambalaos. En su conjunto formaban la parcialidad calchaquí, que antropológicamente formaron parte de la nación diaguita, vinculada estrechamente con la cultura incaica. Los primeros habitantes de la región encontraron en ella un paisaje distinto del actual, con grandes bosques de algarrobos que junto con otras especies como el chañar cubrían los valles; un clima benigno y la presencia de animales que servían tanto de alimento como de abrigo (corzuelas, venados, guanacos). Los diaguitas eran agricultores, conocían el riego artificial, para ello construían acequias y represas de piedra. Cultivaban papas, zapallo, porotos y especialmente maíz. Pese a ser todos agricultores, los que se asentaban en los llanos se destacaron como recolectores y cazadores, mientras que los que habitaban en la montaña hicieron del pastoreo la principal actividad. Desarrollaron una excelente alfarería, que utilizaron para la preparación de alimentos, adornos y urnas funerarias. También trabajaron en piedra, madera, hueso y metales como el cobre y en menor medida el oro y la plata.

Sus viviendas las construían en piedra o de quincha y ramada, según lo que les ofrecía el hábitat que albergaban: montañas, valles o llanos. La lengua que utilizaban para comunicarse era el cacán o cacano, sumamente difícil por su fonética gutural. En los comienzos del siglo XVIII, los aborígenes hablaban el idioma impuesto por los misioneros, el quichua, dejando totalmente de lado la lengua primitiva. Los conquistadores descubrieron la región a mediados del siglo XVI, cuando el capitán Diego de Almagro iba en búsqueda de una vía de acceso a Chile. La primera fundación fue llevada a cabo por Juan Pérez de Zurita, quien en 1558, estableció el primer asentamiento llamándolo Londres, en homenaje a la esposa de Felipe II, María Tudor, inglesa, proveniente de Londres.

Arrasada por los indios en 1607 la ciudad fue reconstruida poco después, con el mismo nombre. Dos décadas más tarde, los diaguitas la redujeron nuevamente a escombros. El caserío se reconstruyó y nuevamente volvió a ser arrasado en 1633. En 1683, para dar cumplimiento a un decreto de Carlos II, el gobernador de Tucumán Don Fernando de Mendoza y Mate de Luna llegó al valle para fundar un nuevo asentamiento. Luego de elegir el lugar indicado, libre de las crecientes del río del Valle y del río Paclín, levantó la actual capital llamándola San Fernando del Valle de Catamarca.

La población evolucionó rápidamente, convirtiéndose en el epicentro de la vida económica y social del noroeste argentino. Los indígenas fueron sumados a la vida económica de la colonia, básicamente a través del aprovechamiento de su dominio sobre los tejidos y la comercialización de éstos. Catamarca no se mantuvo al margen de los cambios que se sucedieron en el país a partir de 1810. Tampoco a la anarquía que reinaba en 1820, dando lugar al caudillo tucumano, Bernabé Aráoz, a que fundara una nación independiente que llamó República de Tucumán, abarcando en sus territorios la provincia de Catamarca, Tucumán y Santiago del Estero.

Salta y Santiago le declararon la guerra. Aráoz a través del coronel al mando de su ejército, Alejandro Heredia, envió al coronel Apolinario Saravia a invadir Catamarca, intimando al Cabildo a aceptar a Nicolás Avellaneda y Tula como gobernador intendente. No obstante ser nombrado, en 1821, el propio intendente proclamó la autonomía catamarqueña. Sin embargo, su gobierno no duró mucho, el mismo año un golpe de estado lo derrocó, pero al poco tiempo volvió a recuperar el poder, para luego renunciar en 1822, delegando el mando a Eusebio Gregorio Ruzo. Recién en 1853, se sancionó la constitución nacional, al mismo tiempo que surgió una figura muy importante en el proceso político catamarqueño: Fray Mamerto Esquiú, conocido como el "orador de la Constitución". Gracias a su accionar y al apoyo del primer mandatario, por aquel entonces Octaviano Navarro, Catamarca tuvo su primera imprenta, un periódico y un hospital.

La economía fue creciendo, junto a la agricultura de subsistencia se difundieron los cultivos de viñedos que con el tiempo fue sustituyendo al algodón, que hasta entonces era el cultivo tradicional que por su abundancia y excelente calidad llegó a ser la más importante producción, tanto que se exportaba al Perú. Tal fue su importancia al principio que llegó a servir como moneda en el trato comercial. La ganadería intensificó el intercambio comercial con Chile, donde se enviaba ganado vacuno; y con Bolivia, destino del ganado lanar, caballar y mular. Su rica orografía, que atesora inmensos y variados yacimientos de oro, plata, cobre, manganeso, estaño, ónix, mármol, capillitas, wolframio, piedra pómez, caliza y distintos mármoles, permitió que la explotación minera se desarrollara desde épocas precoloniales.

En 1888, se inauguró la primera red ferroviaria. Al poco tiempo se creó el Banco de la Provincia y se instaló una sede del Banco Hipotecario Nacional. Pese a que la estabilización económica cada vez se consolidaba más, el encadenamiento de ésta al centralismo porteño condicionó el destino de Catamarca. Los planes de desarrollo se vieron frustrados gracias a una política comercial que desvinculó a la Provincia de Chile, Bolivia y Perú, mercados tradicionales desde la época de la colonia; sumados a la implantación de tarifas abusivas por parte del ferrocarril y a la vinculación estrecha impuesta con el puerto de Buenos Aires. Tal es así, que el trazado férreo se dirigía a la ciudad portuaria, y sirvió luego para el trazado viario. Todos estos motivos y la ausencia de una infraestructura adecuada produjeron el gradual desplazamiento de su población.
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