Turismo en Catamarca , Argentina
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Campesino con el ganado

 

 

 

Construcción de los diaguitas

 

 

 

Turismo aventura en Antofagasta de la Sierra

 

 

 

Restos de casas diaguitas

 

 

 
Mercado artesanal
 

Catamarca no posee grandes centros urbanos, si no que la mayoría de las poblaciones son pequeños conglomerados unidos por una red caminera, que puede ser tanto nacional como provincial. Sin embargo, existen caseríos e inclusive viviendas aisladas en zonas muy retiradas de difícil acceso, a las que sólo se pueden llegar a caballo o en mulas. Excepto los centros urbanos, las viviendas son pobres, muchas de ellas construidas con paredes de adobe o ladrillos con techos de paja, barro o chapas de cinc.

El pasado indígena y las costumbres españolas se reflejan en la cultura de Catamarca, en sus tejidos, artesanías y en las grandes obras de sus escritores y artistas. Los primitivos habitantes de la región se encontraron con un territorio que ofrecía abundancia en sus bosques y en su fauna autóctona, lo que les permitió sobrevivir como recolectores y cazadores. Estos grupos pertenecieron al período precerámico, 12.000 a 7.000 años atrás; dejaron restos de sus actividades como puntas de proyectil, raspadores para pelar cuero, y resderas para desprender la carne, entre otros. Los elementos más interesantes pertenecen la cultura Ayampitin. En las áreas más altas y desprovistas de bosques con climas rigurosos, la Puna y el alto andino, se domesticaron los primeros camélidos con la finalidad de producir carnes. Estos grupos cazaban guanacos y vicuñas para utilizar la carne, el cuero y la grasa, comenzando a manejarse gradualmente con criterio pastoril. Por domesticación del guanaco aparecen las llamas, mientras que la vicuña no se domesticó. Alrededor del 3.000 a.C. se produjeron los primeros asentamientos estables y sedentarios en el territorio, entrando de lleno en el período agro-alfarero.

Por el siglo VI dc llegaron los grupos de la altiplanicie relacionados con el imperio Tihuanaco, con fuertes conocimientos de cultivos y regadíos, a este período se lo denomina cultura de la aguada. Más adelante, en el siglo IX, llegaron nuevas influencias amazónicas con grupos que cultivan el suelo en forma muy avanzada, se intensifican la recolección de algarrobo con la que producen alcohol y otros productos, también se producen grandes rebaños de llamas para obtener lana. De allí surgen las culturas de Santa María, Belen y Hualfin. Al ingresar los Incas al territorio, se unifican los grupos y pasan a ser parte de la administración imperial. Por ende, se constituyen extensas redes de caminos, ciudades y fortalezas; se crean centros ceramistas; logrando incrementar la minería y la metalurgia de bronce. Los españoles la encontraron en plena expansión al producirse la conquista. En la segunda mitad del siglo XIX se dieron la condiciones para que la provincia pudiese desarrollar su cultura. La actividad periodística fue la pionera. El primer diario de la provincia, El Ambato, fue iniciado por Eusebio Rouzo. Lo sucedió Ramón Bravo con el Centinela del Norte, en 1861; José Reydó con La Ley, en 1897; Manuel Ponferrada con El Día, en 1912 y Luis Alberto Ahumada con El Progreso, en el año 1924.

La literatura amplió sus horizontes en 1875, a partir de que Federico Espeche publicara La Provincia de Catamarca. Le siguen obras como la del escritor uruguayo Samuel Lafone Quevedo: Londres y Catamarca; Soria con Fechas Catamarqueñas, Libros capitulares y Curso elemental de la historia de Catamarca; Quiroga con Calchaquí y Folklore calchaquí. A Juan Alfonso Carrizo se le debe la recopilación en cinco volúmenes de canciones del norte argentino, uno de ellos está dedicado a Catamarca. Como novelista se destaca Carlos B. Quiroga, autor de La raza sufrida. Entre las obras costumbristas sobresale Los mirasoles y La montaña de las brujas de Julio Sánchez Gardel. Son numerosos los poetas catamarqueños, en representación de ellos cabe mencionar a Luis Franco con La Flauta de caña y Los trabajos y los días; y a Juan Oscar Ponferrada con El Carnaval del diablo. Ezequiel Soria, el poeta y sainetero, uno de los fundadores del teatro nacional, llevó a cabo la renovación de la música provincial al introducir la zarzuela y los cuadros musicales. En este siglo se destacan figuras como Pedro Ignacio Acuña, Manuel Acosta Villafañe, Polo Jiménez (autor de la zamba Paisaje de Catamarca) y Arturo Sosa Mercado.

 
Leyendas y Mitos Populares
 

La provincia de Catamarca es conocida por las leyendas y misterios que provienen de las antiguas civilizaciones indígenas, de las que se rescatan:

El Sachayoj
Se trata de una superstición conocida en el departamento de La Paz, dicen que cuando se desencadena una tormenta es el Sachayoj, el dueño del monte y de las colmenas, que trata de impedir que roben su tesoro de miel.

El Duende
A la personificación del diablo, también se lo llama Sombrerudo o Huamanpailita. Lo describen bajito, con un enorme sombrero, con una mano de hierro y la otra de lana, con la primera pega y con la otra acaricia. A la hora de la siesta, sobre todo en épocas estivales, suele sorprender a los muchachos robando frutas. Cuando los tiene cerca los asusta o los castiga con la mano de lana, que al pegar, duele más que la de hierro. También, es conocido por ser muy enamoradizo; cuando sale de noche es señal que anda presumiendo con alguna muchacha.

La Madre del Agua
Una leyenda dice que era una bellísima mujer, su cuerpo era transparente como si fuera una nube, que se hacía visible en las quebradas y en los lugares inaccesibles de las cumbres acompañada de una corzuela en la cual cabalgaba por los cerros. Un día la mujer se elevó por los aires dejando a la corzuela sola, un cazador la descubre y le da caza atravesándole el corazón con una flecha. Ésta herida, se estrella entre las rocas. La mujer, la madre del agua, lloró inconsolablemente día y noche. Sus ojos se convirtieron en fuentes, de donde nacieron los ríos, su hermosa cabellera en torrentes que lavaron la sangre de la corzuela, y su cuerpo se transformó lentamente en un cristalino manantial.

Madre del Remanso
Para evitar que los niños tiren piedras en los pozos de agua, se les cuenta que un fantasma maléfico vive en el fondo de los remansos y que se enfurece cuando lo molestan. Otros dicen que es una mujer muy bella, que continuamente peina su cabellera, mirándose en el reflejo del agua. Cuando alguien intenta bañarse en el remanso, lo sumerge para siempre.

Las Salamancas de Catamarca
Se afirma que en la zona norte hay un hueco profundo con una puerta de entrada. Sólo desnudo es posible atravesarla. Un cuervo negro es el que guía al visitante, siempre y cuando éste cumpla con algunos requisitos, como beber sangre de chancho salvaje y orina de sapo. A los pocos pasos, una enorme serpiente se le enrosca de los pies a la cabeza. Si el visitante ha presumido de hereje, pero no ha renegado realmente de su fe, el colmillo de la serpiente lo enviará de inmediato al mundo de los muertos. Si ha renegado verdaderamente, la serpiente se desenroscará. Más adelante le espera un recinto lleno de hombres y mujeres que bailan al compás de una música agradable y atrayente. Más allá se abren inmensos patios llenos de bellísimas flores, pájaros multicolores y tentaciones imposibles de resistir. En otros lados existen otras salamancas, dónde es posible aprender el arte de las brujas. En su interior, después de pasar duras pruebas, como trepar a un árbol sacudido por la peor de las tormentas o montar a un chivo enloquecido, las aprendices comienzan sus estudios. También el maligno puede instigar a las brujas a arrojarse a un pozo, en cuyas aguas deben nadar días y noches, mientras desde lo alto, éste intenta hundirlas con una rama pelada de un álamo. La noche en que la luna llena se instala en lo alto del cielo y coincide justo con la boca del pozo es, sin duda, la noche definitiva. Las aspirantes a brujas que aún se mantienen a flote, ya son brujas como el Diablo manda, y salen del pozo para realizar la mayor cantidad de maldades posibles.

La montaña del Alma Diaguita
Se dice que en los faldeos del Volcán Ojos del Salado hay una gran mina de oro que explotaban los Incas. Al producirse la opresión española se levantaron los diaguitas, con el consecuente exterminio de éstos. En represalia el coloso de los Andes se enfurece y se agita cuando se atreven a tocarlo, convirtiéndose en el guardián de los espíritus de los Incas y los Diaguitas. Mientras éstos aguardan la hora de la emancipación de la raza andina. Aquellos que se atrevieron a recuperar pepitas de oro del lugar, sucumbieron perseguidos por el viento blanco y la tormenta de nieve.

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