A 120 kilómetros de Río Grande, el histórico casco de la estancia Cabo San Pablo, junto con una vivienda de huéspedes con capacidad para seis personas, se constituyen en la base de una propuesta contundente: alejarte del mundo dejándote envolver por el absoluto y emblemático silencio austral.
Un detalle: en la casa no se permite fumar. Un consejo: armarse de paciencia o dejarse crecer las uñas. La convivencia y el aire austral agradecidos.
Al final de todos los caminos posibles, la estancia San Pablo te ofrece escaparte todo un día hasta los campos de veranada de Boquerón, pegaditos a las aguas del imponente lago Fagnano (el sexto más grande de Sudamérica), ideales para la pesca deportiva, y repleto de albatros, petreles y cauquenes.
El área es inaccesible de mayo a octubre, por eso los animales son llevados a pastorear en verano, pero apenas el riguroso clima se bate en retirada, los acantilados de Cabo San Pablo son el punto de partida para emprender una visita imperdible a los bosques de Boquerón, en cercanías del Parque Nacional Tierra del Fuego.
Las playas de canto rodado, bañadas por el agua entre azul y verdosa del lago, y el silencio empujado al abismo por el viento del oeste, te acompañarán en la senda. Una casa sencilla, de típica arquitectura fueguina de chapa y madera coloreada, será el refugio ideal para planificar una salida a caballo o un trekking por los alrededores.
Los ocres y la soledad tallada a fuerza de pioneros, te hablarán de naufragios, el dañino accionar de los castores y la permanente adversidad de los confines del mundo en una geografía que no es para cualquiera. El regreso será envuelto en el aroma crepitante de un corderito patagónico al asador, ideal para volver a conectarse con los placeres terrenales después de la ensoñación producida por el abrumador paisaje circundante. |