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Paseamos en sulky en Mar de las Pampas

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Mar de las Pampas es, sin exagerar, el lugar donde reconciliarse con uno mismo y hallar la tranquilidad deseada, o sucumbir en el intento, pero rodeado de un bosque abierto, playas vírgenes y silencios profundos.

 

Como apostamos a lo primero y nos fue bastante bien, luego de encontrarnos en total armonía con el medio ambiente y de haber "bajado las revoluciones urbanas", nos dispusimos a "vivir" a la villa balnearia desde todas las perspectivas posibles.

Así, en la rotonda de entrada a Mar de las Pampas, conocimos a Hugo, encargado de organizar paseos en sulky a través del encantador bosque de la localidad. Como la propuesta nos pareció divertida, nos dispusimos a disfrutar de esa experiencia.

Hugo es una de esas tantas personas que, al conocer las bondades de Mar de las Pampas, casi sin pensarlo dejó la vorágine de la capital, para pasar sus días rodeado por el agreste paisaje de la costa.

 

"Cuando llegué acá no había casi nadie y, pensando qué propuesta turística podía ofrecer para que toda una familia disfrutara de esta belleza, se me ocurrieron los paseos en sulky y las cabalgatas" -asegura, mientras comienza a poner los aperos al sulky que nos llevará a las entrañas del encantador y fresco bosque.

Salimos de inmediato, riendas en mano. Una pequeña charla para aprender a conducir el carruaje fue suficiente para disponernos a la aventura. Vamos con el "Mimoso", un leal caballo de carga que se salvó de ir al matadero gracias a la intervención redentora de don Hugo. "Este es el que más fuerte tira" -afirma, aludiendo a que aquella decisión fue la más acertada.

 

Silencio. Si hay algo que se respeta en esta clase de paseos son los tiempos de silencios y de conversación. El baqueano sabe que muchas veces las personas sólo desean "dar la vueltita", y que más allá de disparar la mirada curiosa hacia todos los sectores, uno se está poniendo en comunión con el entorno.

Los árboles que nos rodean testimonian los esfuerzos -y los logros- por domar las arenas. Mar de las Pampas es un emblema que aglomera la pasión por la naturaleza, y sus habitantes día a día hacen lo mejor posible para mantenerlo así.

 

Las callejuelas se abren en todas las direcciones, el paso cansino del animal, las eternas sombras de los pinos y álamos, el sonido que provocan las piñas al caer sobre el suelo, más el graznido de las aves que acompañan nuestro paso, son algunas de las sensaciones que queremos conservar para siempre. A lo lejos, estruendoso, el mar nos llama, nos invita a contemplarlo. Pero como las finas ruedas del carruaje pueden encajarse, decidimos volver al puesto de partida, para buscar un caballo y así poder llegarnos hasta la playa.

 

A caballo

 

Como sabemos montar, no es mucho lo que nos explican. Las cómodas sillas nos auguran un cómodo paseo. Acomodamos los estribos a la altura deseada y a todo galope salimos con el zaino rumbo a los inciertos médanos.

Con nosotros viene Oscar, el ayudante de Hugo que, además de acompañar a los turistas, se encarga de bañar y dar de comer a los equinos.

"Yo amo a estos animales. Son leales, fuertes y hasta entienden el estado de ánimo de las personas que los montan" -nos dice, otorgándoles algo de misticismo, mientras su áspera mano acaricia la cara de su caballo, demostrando con ese sublime gesto que hombre y animal pueden ser uno solo.

A diferencia de Hugo, Oscar es un hombre de pocas palabras, nos deja andar por donde queremos y para lo único que nos llama la atención es para que no "fajemos al percherón".

Pasamos un senderito, subimos un médano interminable y, ya en la cima, majestuoso y eterno, el mar nos recibe con una fría ráfaga de viento que nos envuelve, haciéndonos tiritar y suspirar al mismo tiempo.

 

Las blancas y espumosas crestas de las olas y el plomizo cielo que se acerca desde el horizonte nos indican que mañana va a llover. Contentos entonces por haber elegido este día para recorrer las aristas de Mar de las Pampas, emprendemos el regreso al puesto de salida donde, agradecidos, nos despedimos de Hugo y Oscar por las experiencias compartidas.

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