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Una visita a la Estancia Rincón en El Calafate

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En plena estepa y a la vera del río, siempre acompañada por el viento austral como casi todas las estancias santacruceñas, Rincón abre sus puertas para dar a conocer su paisaje y su historia.

 

Jorge quería mostrar a sus amigos italianos la belleza de su país. Hacía veinte años que no volvía a la Argentina y, en ese momento, no sospechaba que el reencuentro iba a ser tan significativo para su futuro. Viajar a El Calafate y conocer el glaciar Perito Moreno fue definitivo.

Casi sin querer, ya planeaba su regreso y soñaba con un lugar como Estancia Rincón. Su concreción se llevó a cabo el pasado mes de noviembre de 2003, cuando este emprendimiento turístico abrió sus puertas a los viajeros.

Cerca de las seis de la tarde me pasó a buscar por el hotel Sabrina, guía del safari fotográfico de la estancia. Rincón se asienta sobre un antiguo casco ubicado a 60 kilómetros del centro de El Calafate, en la costa del río Santa Cruz, único desagüe del lago Argentino hacia el océano.

Por la particular composición de sus aguas, en mayor parte producto del deshielo de los glaciares, el lago reluce su tonalidad turquesa.

En una plácida tarde soleada, tomamos la ruta provincial Nº 11, en dirección a la ciudad de Río Gallegos y, después de transitar la mítica ruta nacional Nº 40, seguimos camino por la provincial Nº 5. Algunos choiques con sus crías parecían seguir nuestra marcha, para perderse después en el valle. Del mismo modo lo harían manadas de guanacos salvajes y liebres patagónicas.

Antes de cruzar el puente del río Santa Cruz, divisamos Charles Fur, un pequeño caserío donde funcionaban una comisaría, un observatorio y la pulpería, visitada por los puesteros de la zona cuando bajaban al casco en busca de provisiones.

Recorrimos unos kilómetros más y llegamos a la estancia. Allí, los cuatro guías a cargo de las actividades habían dispuesto todo para una grata recepción. No llegamos para los mates, acompañados de tortas caseras, que recibieron gustosos los visitantes de la mano de Mariano en La Matera. Este lugar, estratégicamente ubicado a orillas del río, bajo el reparo de los árboles y alrededor de un fogón, fue el elegido para degustar unos auténticos "amargos" y charlar sobre uno de los emblemas de la tradición gauchesca argentina.

 

Tradición ganadera

 

Tiempo atrás, esta estancia formaba parte de Anita, el emprendimiento productivo más grande de Santa Cruz que, por ser de campos bajos, era utilizado para la invernada de carneros.

En el galpón de esquila nos recibió Quique, con una interesante charla sobre la producción ovina en las estancias santacruceñas y los métodos de esquila utilizados en la Argentina. Nos enteramos que los mejores esquiladores provienen de la provincia de Corrientes y forman grupos o comparsas que van pasando estancia por estancia mostrando sus destrezas.

En Estancia Rincón, además de la oveja, el verdadero protagonista, es don Carlos. Una vez puesto en marcha el sistema de esquila, procedió con presteza a despojar de cuatro a cinco kilos de lana por oveja. La lana luego es seleccionada, separado el vellón para comercializar y el resto es llevado a un lavadero para extraer la lanolina, sustancia utilizada en cosmética.

En la actualidad, esta estancia posee cerca de mil ovejas, que la convierten en un emprendimiento productivo menor.

La demostración terminó con algunos invitados extras. Un grupo de seis chulengos, la cría de los guanacos, adoptados por la estancia, aparecieron para reclamar su ración de leche y mimos que todos les brindamos entusiasmados.

 

Recorriendo la estancia
 

La tardecita es una buena hora para recorrer la estancia y disfrutar de las múltiples propuestas de este agreste paisaje natural. La estepa crea pequeñas lagunas y estuarios que invitan a los pescadores a probar suerte con las truchas del lugar.

Aguzando la observación, las plantas y animales propios del ambiente patagónico, se convierten en el objetivo ideal de los safaris fotográficos, los que también se destacan por los excelentes miradores de los lagos.

Opción indiscutible para experimentar la vida de campo son las cabalgatas. En Rincón, además de 42 hermosos ejemplares equinos, se puede elegir entre cuatro clases de montura diferentes que, sumadas a las botas provistas por la estancia, garantizan un relajado paseo.

Pero esta vez, elegí conocer las tierras de Rincón desde el vértigo de los cuatriciclos.

Después de prepararnos con cascos y pecheras para protección, salimos nuevamente con Quique, guía de los paseos en four trax , a perseguir los últimos reflejos de sol.

Curva y contracurva, avanzamos entre pequeños médanos de arena donde nos cruzamos con varias liebres y pequeños suris.

Camino a la laguna, donde los aficionados a la pesca pueden despuntar el vicio, observamos una manada de guanacos y distintas aves que anidan en la zona.

Ganamos velocidad bordeando los espejos de agua. El viento frío de la estepa nos acompañaba, haciendo de la travesía una verdadera experiencia patagónica. Las grandes extensiones que se abrían al cielo azul rosado y que jugaban con los singulares tonos celestes del río, invitaban a detenerse para contemplar el paisaje. Se respiraba la sensación de libertad.

Vadeamos algunas lagunas, pero por no embarrarme -difícil no hacerlo en este deporte- pasé muy despacio, y fue inevitable empantanarme. Por suerte, Quique pudo sortear mejor que yo el inconveniente y salir rápido del barro para hacer algunas demostraciones en la playa.

 
Cálido hogar
 

Desde lejos divisamos las luces del casco. Apresuramos la vuelta porque sabíamos lo que nos esperaba. El humeante aroma del cordero se dejaba sentir desde la entrada. La atmósfera no puede ser más acogedora: luz diáfana, mesas bien dispuestas, cada una en su estilo. Artesanías y cuadros completan la decoración del restaurante.

Al frente de él, está Irene quien, después de 27 largos años de cocina europea, decidió volver a la Argentina , para instalarse definitivamente en la Patagonia. "Todavía me cuesta acostumbrarme a los sabores" -confiesa; circunstancia que aprovecha para sorprender a los visitantes italianos con un buen pan genovés, trayendo reminiscencias de su tierra y combinándolas con nuevos gustos, bien patagónicos. No está sola: con su joven ayudante Celeste intercambian experiencias gastronómicas y clases de idiomas. Cuando le pregunté a Irene qué había encontrado en estas tierras, no demoró su respuesta ni un segundo. "Paz" -me contestó feliz. Y tiene razón.

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