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Visita al Bosque y Parque Cultural
El museo

 

 

 

 

 

 

 

 

Vista interior del Museo del Bosque

 

 

 

 

 

 

 

 

Vista interior del Museo del bosque

 

 

 

 

 

 

 

 

El Bosque de Villa Gesell

 

 

 

 

 

 

 

 

Villa Gesel ingreso al bosque

 

 

 

 

 

 

 

 

El bosque de Villa Gesell

 

 

 

 

 

 

 

 

Casa de Carlos Gesell

 

 

 

 

 

 

 

 

Interior de la casa de Carlos Gesell

 

 

 

 

 

 

 

 

Taller del bosque

 

 

 

 

 

 

 

 

Centro apícola de Villa Gesell
 
Visita por el fabulosos bosque creado por Carlos Gesell en de donde salió la forestación que hoy tiene Villa Gesell.
Es un recorrido de 2 horas en donde se verá el bosque y sus especiesm la casa de Carlos Gesell, el museo histórico municipal, los antiguos talleres y el centro de apicultura
 

El bosque de Gesell son catorce hectáreas donde los médanos y su primera vegetación han quedado intocados. El paseo entre sus lomadas y barrancas presenta continuamente cambios de paisaje que nos asombran. Como en todo bosque, la mejor manera de verlo es perderse en él. Nos encontramos desde el bosque de altos pinos que no permiten que crezca vegetación en el suelo, en los cuales la arena mezclada con las hojas muertas de tantos años y tímidamente crecen pasto o yuyos aquí o allá , hasta los macizos de álamos jóvenes que crecen tan juntos que forman paredes entre las que se recortan pequeños senderos laberínticos.

También se pueden encontrar dos puentes, uno de quebracho y otro de ramas caídas del mismo bosque, que salvan lugares usados como reservorios de desborde de agua de lluvia. En estas pequeñas lagunas aparece una flora acuática, particularmente deslumbrante durante la primavera que las transforma en un plano de verde joven donde el sol se filtra entre los árboles formando un tapiz sutil, y en donde se escucha en el atardecer de un día lluvioso el croar metálico de las ranas. En una de ellas se puede ver una misteriosa escultura, una mujer desolada por el abandono, en medio de una isla. Se trata de Ariadna en Naxos , del escultor geselino (y también arquitecto) Pablo Carrau.

En los sitios donde los pinos se mezclan con los álamos, los sauces y los eucaliptos, el piso se forma con plantas que crecen con notable regularidad. Así podemos ver mantos de hiedra, que no conformes con ocupar todo el suelo envuelven todos los accidentes que encuentran: ramas, árboles caído, pozos, e incluso troncos enhiestos y hasta árboles enteros. También se ven grandes mantos de vincas, planta vivaz de hojas lustrosas y flores pentagonales de un violáceo acelestado, y también, aquí y allá, pequeños mantos blancos de ajos silvestre, cuyos tallos hay quienes usan en sus ensaladas.

En todo este paisaje siempre renovado y asombroso, hay cuatro lugares que por sus características tenemos que señalar en forma diferenciada: el Vivero , el Museo o casa histórica, el chalet de don Carlos y el conjunto que forman los antiguos talleres de la Empresa Gesell.

 
El Vivero
 

El Vivero fue el laboratorio donde Gesell experimentó con las semillas traídas de Europa y Estados Unidos, realizando pruebas que numerosas veces lo llevaron al fracaso pero que le fueron dando el camino del acierto. Podemos decir que el arboretum de don Carlos es la ciudad toda, pero en este rincón del bosque se ve representado en su forma más pura. Con respecto a la forestación, Villa Gesell tampoco es como otras ciudades. Porque si bien predominan los pinos marítimos, eucaliptos y cipreses como en otros balnearios, aquí encontraremos una mayor cantidad de especies arbóreas. Esta diferencia es notoria en la ciudad y en los jardines.
El visitante podrá adquirir en el Museo Municipal una guía de árboles y arbustos que le será de gran utilidad para recorrer e interpretar mejor el circuito señalizado con pequeños carteles que indican el nombre vulgar y científico de cada especie vegetal. Es posible encontrar ejemplares raros y de gran valor paisajístico, como las sequoias (sequoia supervirens) comunes en los Parques Nacionales estadounidenses Yosemi y Yellou Stone. Las Sequoias tiene como ciclo de vida normal 3000 años y desarrollan una altura hasta de 80 m., y un tronco que para ser rodeado son necesarios diez hombres o más agarrados de las manos en corro. Los ejemplares que usted puede observar en el arboretum, no tienen más de 50 años, y un caminante desprevenido podría confundirla con cualquier otra conífera más común y corriente. También hay otros árboles dignos de especial mención, el fresno (fraxinus americano), la casuarina (casuarina cunninghamiana) la encina (quercus ilex), el alcornoque (quercus suber), quien se encarga de brindarle buenos corchos a los vinos que maduran en la madera de familia quercus: como el roble, del cual hay varias especies en el bosque. Y no faltan higueras y olivos y una variada cantidad de frutales.
Aunque no siempre los árboles tienen que ser de una especie rara o de lento crecimiento para que nos conmovamos, porque son de por sí bellos. Están los pinos marítimos que le cambiaron el paisaje de la costa atlántica argentina . Y los arbustos que adormecieron al arenal danzante, el tamarisco (tamarix gallica) y la acacia trinervis (acacia longifolia)

 
El museo
 

Pocos años después de la muerte de don Carlos, ocurrida el 6 de junio de 1979, la idea de hacer un museo que reflejara su vida nació en la mente de algunos geselinos que veían en esto un justo reconocimiento a tanta pasión y trabajo puesto por don Carlos en esta su más grande creación. Sin embargo esta idea no se llevó a cabo hasta 1991.
La construcción tiene cuatro puertas, de las cuales cada una da a sendos puntos cardinales, para que fuera posible salir por alguna de las que no había tapado la arena acumulada por el viento. Desde la década del 50, cuando se construyó la casa en la que el fundador viviera hasta su muerte, el edificio donde hoy está el Museo funcionó como sede de la Administración Gesell. Allí debían ir los entusiastas que deseaban un lote en el paraíso que alguna vez había sido desierto.

El Museo y Archivo Histórico Municipal da testimonio de la vida de Carlos Gesell a través de sus cartas, documentos, fotografías y los dibujos y planos de inventos que su mente inquieta nunca dejaba de crear. También es posible descubrir la biografía y la obra de Silvio Gesell, el padre del fundador, uno de los economistas alemanes más destacados de su tiempo, ministro de economía durante la época de la República de Weimar. Pero convengamos en que los estudios y actividades relacionados con la economía son apenas un aspecto de la vida de Don Silvio, porque fue un trota mundos. Pero eso forma parte de una historia sobre la que podrán interiorizarse visitando el museo.

 
La casa de Carlos Gesell
 

Para llegar hasta allí hay que tomar un camino que nace a la derecha del Museo, flanqueado por éste y un viejo molino de agua que recibió aquellos vientos lejanos. La casa está en la cresta del médano, y tiene una vista admirable del mar desde el balcón de la planta alta, ya que el médano costanero con su vegetación de tamariscos y pitas ha crecido desde entonces.
La Casa fue construida en 1950, y allí Gesell tenía su despacho. En las décadas del 60 y 70, pasar por la callesita que da al frente de la construcción y ver a Don Carlos, estaba incorporado al circuito turístico. Era como ver a un mito viviente. Muchas veces saludaba sonriendo a los turistas, y otras se lo veía absorto y concentrado entre sus papeles en el escritorio.
Dicen quienes lo conocieron, que Gesell era aficionado a coleccionar monedas preciosas, y que acostumbraba a esconder mexicanos de oro en lugares que solo él conocía, dentro de las paredes, detrás del revestimiento y debajo del piso... Alguien ha referido la existencia de un pequeño cuarto repleto de billetes de diferentes épocas y nacionalidades. De haber llegado a existir este tesoro oculto, difícilmente quede algo porque la Casa fue saqueada largamente durante la década del ochenta, antes de que por medio de la expropiación, la Provincia de Buenos Aires tomara posesión de ella y el bosque circundante, y los cediera a la Municipalidad local, para que los administre. En aquellos años en que el lugar quedo desprotegido se perdió un tesoro de existencia comprobada: muchos de los libros (en castellano, alemán, francés e inglés) y gran parte de la correspondencia personal de Gesell Carlos.

En el año 1995 la casa fue convertido en un centro cultural anexo al museo. Allí funciona en ocasiones una Feria Artesanal del Regalo, una biblioteca y videoteca, y además, se desarrollan espectáculos diversos y exposiciones de artes plásticas. Sería oportuno que usted pregunte allí cuáles son las actividades que se pueden disfrutar y sus horarios.
Es interesante señalar algunos detalles en los cuales se ve cómo el afán inventivo de don Carlos lo hacía intervenir directamente en todos los proyectos que encaraba. La construcción con clara reminiscencia centro-europea ocupa toda la planta baja con espaciosos salones que abren con grandes ventanas al mar, pero son todas de vidrio fijo. Don Carlos previó con su experiencia el problema del viento silbando por las ranuras y lo resolvió de una manera totalmente pragmática. Dejó también tubos internos para la distribución del aire caliente que aun hoy pudieron ser utilizadas para su restauración.
Otro detalle de la construcción es el color que tiene la carpintería del techo. Siempre fue bordó un tanto amarronado y esto no es casual, porque es un color muy alemán o alpino, que contrasta con el tradicional verde inglés que encontramos en muchos lugares de la Argentina .
Si seguimos por la calle que pasa frente a la Casa llegamos a otra construcción donde estaban los garages, completamente cubierta de viña virgen o enamorada del muro, actualmente depósito abandonado pero que ya está estipulado darle un destino adecuado, probablemente centro de documentación.

 
El taller del bosque
 
Con este nombre se acondicionó mínimamente el viejo galpón y comenzaron dos actividades: un taller de arte plástica cuyo objeto es incluir obras de arte en lugares específicos de la ciudad, (haciendo de obra de arte y paisaje una sola cosa), y un taller que se denominó de «Urbanismo interactivo», donde año tras año se realizan charlas sobre la ciudad cuyos disertantes son habitantes de la misma.
A través de sus vidrieras se pueden espiar las obras producidas para dos proyectos: el pórtico de la Iglesia de Santiago, y el Laberinto. Aquí baste decir que todas estas obras salen de aquí porque quieren vincularse a ese contenido fundacional del bosque. En cuanto al Urbanismo, ya produjo un primer libro, recapitulación de lo disertado y discutido, llamado La Novela de Villa Gesell.
En cuanto al viejo tinglado, vale la pena acercarse a ver con qué economía de medios y qué sabiduría se construyeron estos primeros edificios, y qué criterio pragmático de eficacia y escala establecía don Carlos en sus trabajos, con escuadrías mínimas, asimilado a los árboles del bosque.
Cerramos la descripción de este lugar con una extraña construcción en forma de rampa que, al perder su función inicial como «fosa a ras del piso» para arreglar vehículos y lavar colectivos, y ser cubierta en parte por la hiedra y la madreselva, se ha transformado en un objeto misterioso, entre otras cosas por su ubicación al sesgo dentro del patio cuadrado. En el Taller en el Bosque se empezó a realizar un estudio para vincular en forma orgánica y con funciones propias a lo que se espera de este lugar en esta nueva instancia.
 
El centro Apícola
 

Si cuando pasamos la tranquera que nos conduce al Vivero nos dirigimos a las construcciones que quedan en su misma dirección, nos encontramos con el grupo de construcciones que formaban el lugar de trabajo de la Empresa Gesell, y nos asombra pensar que con tan poco se pudo hacer y mantener una ciudad entera. En total son siete construcciones que se conservan con muy pocas variantes tal como fueron construidas, algunas todavía en estado ruinoso. Dos son viviendas, ocupadas por el cuidador y por el centro Apícola  Entre ambas está la pequeña construcción que contenía el grupo electrógeno.
El Centro Apícola ocupa también una segunda construcción donde tiene la exposición y venta de sus productos. La importancia de esta industria artesanal es muy grande, más por su calidad que por su cantidad, y reúne a pequeños productores en una cooperativa. Quienes se acerquen pueden interiorizarse del proceso de elaboración y de las características tan particulares que tiene la miel de esta zona, que bien puede ubicarse entre las mejores del mundo. Este local está unido a otra construcción donde estaban los antiguos galpones-talleres para el mantenimiento y reparación de máquinas viales y camiones. Estos boxes están comenzando a reciclarse. El frente de esta construcción está limitando lo que era el patio de maniobras, un gran playón rectangular flanqueado por otras dos construcciones: a la izquierda, un gran tinglado de madera y chapa, actualmente en pie aunque muy deteriorado, que sirve todavía para el estacionamiento de grandes vehículos, y una construcción que servía como taller mecánico, la cual aun conserva su fosa con sus escaleras de acceso. Y este lugar es el único que -aunque cambiando radicalmente su finalidad- conservó su nombre: es el Taller en el Bosque , y está funcionando allí desde 1996.

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