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Navegando por el Paraná hasta las cataratas del Iguazú

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
Una experiencia inolvidable, aguas arriba por el río Paraná. Una moderna embarcación traslada a los expedicionarios hacia lo más exuberante de la selva misionera. Las refrescantes aguas de las cataratas del Iguazú cautivan los sentidos.

Desde la ciudad de Posadas se puede vivir una expedición inolvidable, a bordo de una moderna embarcación, aguas arriba por el río Paraná, hasta las majestuosas cataratas del Iguazú.

Para realizar esta excursión hay que contactarse con la gente de Paraná Gypsy, que ha sabido adaptar la embarcación homónima, bajo los estándares óptimos de seguridad, para disfrutar al máximo de la experiencia.

Este flamante barco de veintiún metros de eslora, con triple cubierta y doble casco, posee cuatro camarotes con baño privado y los interiores lucen un hermoso decorado en madera de cedro. Una importante pasarela recorre la embarcación desde la proa hasta la popa, ofreciendo suficiente espacio para disfrutar los diversos paisajes. En la segunda cubierta, hay un cómodo living comedor con amplios ventanales, una galería y las dependencias de la tripulación.

 
Comienza la aventura
 

El viaje comienza en un pequeño puerto de Candelaria, justo al norte de Posadas, ciudad capital de la provincia de Misiones. Durante aproximadamente tres horas, se navega hacia el norte hasta llegar a San Ignacio. Luego de anclar se pasa la noche en la isla Pindoi, cerca del pueblo de Corpus.

Las comidas en el Paraná Gypsy son simples pero sabrosas. Satisfacen ampliamente al paladar más exigente, ya que son preparadas por el chef de a bordo, que conversa con los pasajeros sobre el menú diario.

A la mañana siguiente, luego de desayunar, se explora la reserva selvática de Teyu Cuaré. En un vehículo propio, equipado con aire acondicionado, se logra disfrutar las vistas que ofrece el peñón Reina Victoria.

Llegado el mediodía, se almuerza en una parrilla local, famosa por la carne y los vinos argentinos. Por la tarde se visitan las ruinas de San Ignacio y Santa Ana. Un guía naturalista acompaña a los expedicionarios en todas las visitas por tierra.

Al atardecer se alcanza el Gypsy en Oro Verde. Se cena a bordo.

 
A todo terreno por la selva
 

Durante el desayuno del tercer día se navega hacia el pueblo de Montecarlo. La vegetación tropical agreste crece en ambas márgenes a lo largo de todo el río. En esta zona existen 450 especies de aves en la zona, incluyendo tucanes, loros, picaflores, águilas reales, las más grandes de todas las águilas. Este día se cambia el barco por vehículos 4 x 4 para ir a explorar el corazón de la selva misionera.

De vuelta a bordo del Gypsy, en el brazo Piray Miní, se cena disfrutando del inconfundible coro de aves al atardecer.

Durante toda la travesía, los pasajeros tienen a su disposición un bote con motor fuera de borda, de cinco metros de eslora, para pescar, explorar pequeños arroyos agrestes, practicar deportes acuáticos o simplemente ir y venir a los pueblos ubicados a lo largo del recorrido.

En la mañana del cuarto día, los viajeros tienen la libertad de conocer el pintoresco pueblo de Montecarlo o visitar las minas de piedra semipreciosas de Wanda, ubicadas en las cercanías.

 
El esplendor de las cataratas
 

Al quinto día se obtiene la primera sensación de cascadas, al experimentar el estruendo de las cataratas de Yacú. Después del almuerzo se navega hasta Puerto Iguazú. Este tramo es muy pintoresco, con docenas de saltos de agua de todas las magnitudes que pueden observarse a medida que se navega.

Al llegar al destino, los expedicionarios son alojados en el reconocido Sheraton International Hotel Iguazú, obteniendo maravillosas vistas a las cataratas del Iguazú, y allí disfrutan el resto de la estadía.

A la mañana siguiente se transita por Puerto Macuco. Los viajeros se suben a bordo de un bote Avon y navegan aguas arriba hasta una de las entradas de las cataratas del Iguazú. Aquí todo converge. Es común ver aves y mariposas de colores increíbles, coatíes, coloridas iguanas y monos caí. Kilómetros de pasarelas que serpentean por entre la selva del lado argentino permiten apreciar las vistas espectaculares que ofrece Iguazú. Por la tarde, se regresa al hotel para tomar una ducha refrescante seguida de la cena de despedida, dando por culminada la fabulosa expedición.

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