Una leve y caliente brisa nos alentó para que apresuráramos el paso, y así poder llegar cuanto antes al Balneario Municipal Norte. Esta particular zona ofrece servicios de bar, proveeduría, sanitarios, solarium y sectores arbolados para disfrutar al máximo de las bondades del riacho, sin costo alguno.
Allí conocimos a Guillermo Giusto (53), quien realiza una excursión guiada por las aguas del río Gualeguaychú en catamarán, bordeando el majestuoso paisaje costero. Allí se tiene la oportunidad de realizar avistaje de aves y animales silvestres que merodean la zona, simplemente disfrutando del paseo en absoluto relax .
Nos interesó la propuesta de cambiar la perspectiva y, sin dudarlo, decidimos abordar El Entrerriano , dejándonos llevar por don Guillermo por el misterioso litoral.
Partimos con dirección sur y pronto atravesamos el puente de hierro y remaches Claudio Méndez Casariego, primero en la región con esas características.
No tardamos mucho en ponernos "en sintonía" con el lugar. La navegación recién comenzaba y, con ella, todas las expectativas por dejarnos deslumbrar por los encantos gualeguaychenses.
Nuestro guía nos cuenta que "Gualeguaychú" deriva de la lengua guaraní, cuyo significado es "aguas tranquilas", siendo adoptado bajo esta forma por los españoles colonizadores, ante la imposibilidad de nombrarlo como lo hacían los naturales de estas tierras. Otras versiones sostienen que en realidad quiere decir "río del jaguar grande".
A la derecha de la embarcación apreciamos el Parque de la Ciudad Saturnino Unzue. En sus 116 hectáreas alberga una laguna, el museo arqueológico Prof. Manuel Almeida, clubes privados, restaurantes y áreas de recreación. Se divide en zona sur o Parque Chico y zona norte o Parque Grande, el cual se caracteriza por su vegetación autóctona.
La naturaleza se brindó pródiga en las tierras que lo conforman. La exuberante vegetación del parque, compuesta principalmente por eucaliptos, lo convierte en un paraje ideal para escaparse del bullicio de la ciudad.
Más adelante pasamos frente al camping La Delfina, llamado así en homenaje a quien fuera la mujer de Francisco Ramírez, "el supremo" caudillo de Entre Ríos. Además de ser su amante y señora combatía junto a él en los campos de batalla.
Guillermo nos explicó que el río no posee índices de contaminación, y nos invitó a sentarnos sobre el borde del catamarán para que refrescáramos nuestros pies con las templadas aguas. ¡Maravilloso! La agradable sensación de mojarnos y el típico "chapoteo" hicieron que nos deleitáramos con la simple experiencia, haciéndonos reconocer que a veces, las simples cosas de la vida pueden ser tan encantadoras como ninguna otra.
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