Las instalaciones están preparadas para recibir un gran flujo de saltadores, tanto profesionales como amateurs. Para estos últimos existe el Tandem o salto en pareja con un instructor (no temas, unido al experto por cuatro ganchos que soportan dos toneladas cada uno). Según Pino (nuestro hombre de confianza en la escuela), las probabilidades de que suceda algo desde que abandonas la tierra son de 1 en 100 mil. Justo cuando las medidas de seguridad podrían dejar de ser un inconveniente para tu instinto de preservación, te amenazan con que tu cuerpo caerá desde 3000 metros a una velocidad de 200 km por hora durante 30 segundos. Lee -un fanático inglés de 28 años que aprendió el deporte en Australia y a quien encontramos en Lobos recién arribado al país-, describió así la sensación de arrojarse a la atmósfera: "En mi teoría hay tres etapas; estás en la cola para saltar y el vacío comienza a succionar para afuera a los demás, uno por uno. Es tu turno y aparece la euforia: tus neuronas se preguntan por qué están pegadas al techo del cerebro mientras te invade un frío tremendo por la temperatura exterior. Sigue el silencio: el para-caídas se abre y llega una verdadera paz, los problemas desaparecen en serio ahí arriba. A la última fase la llamo groundrush y es el aterrizaje, que conforma una experiencia en sí mismo; sientes que el mundo se te va a estampar en la cara." Si a la hora de visitar un país nuevo en tu mapa cuenta más enfrentarte al límite de tus emociones que cenar a la luz de las velas, definitivamente debes practicar paracaidismo en Lobos. |